Gente con historia
Davide Battaglia, el genovés que pinta la historia de Tenerife con luz atlántica
El artista abrió su estudio en 2016 en la calle Núñez de La Peña y ahora desarrolla su labor junto a la Cruz de Piedra

Davide Battaglia, en su estudio, el pasado jueves. / Arturo Jiménez
Davide Battaglia nació en Génova, se apasionó por la pintura y acabó trabajando en cruceros como responsable audiovisual. Una escala en Tenerife en 2012 cambió su vida. Su regreso a los pinceles se produjo en La Laguna, donde se instaló en 2016 y se ha forjado un nombre como pintor histórico.
«Aggiungi Tenerife ai posti dove devo portarti». Era diciembre de 2012 y el crucero en el que Davide Battaglia trabajaba como responsable audiovisual hizo escala en la Isla. Se trataba de la última parada europea antes de zarpar hacia Sudamérica. Él y un colega de la tripulación decidieron alquilar unas bicicletas y poner rumbo a Las Teresitas. Le echaron valor y se dieron un baño a las ocho de la mañana. Davide se fotografió, subió la imagen a Facebook y etiquetó a su novia junto a una frase que pretendía ser cariñosa y que acabó resultando premonitoria. Es la del inicio de este reportaje, que en español significa: «Añade Tenerife a los lugares a los que necesito llevarte».
Pasado el tiempo, no solo la traería a la Isla, sino que aquí construyeron su historia común. Davide Battaglia (Génova, 1982) dejó los barcos en 2015 y se sumergió por entero en su verdadera pasión: la pintura. «Yo dibujaba un montón y miraba a mi padre, que era un buen pintor autodidacta», recuerda sobre su infancia. Pasó por otras aficiones, como el fútbol –«mi equipo no es el Genoa, sino la Sampdoria», aclara– o la música, donde tocó en una banda de rock y en otra de rap. «Pero al final todas esas facetas las dejaba para dedicarme a la pintura», apunta. «La única trayectoria paralela a la pintura, y que tiene que ver con mi descubrimiento de Tenerife, fue el cine y el audiovisual», agrega.
Etapa formativa
Battaglia se graduó en la Academia Ligustica de Bellas Artes, en Génova. Ya en esa etapa formativa fue adquiriendo un recorrido de exposiciones. Eran los comienzos. En la actualidad, Génova, Milán, Venecia, París, Hamburgo, Barcelona, Santa Cruz de Tenerife y Lisboa forman parte de la lista de ciudades europeas en las que ha mostrado su obra. El hecho de que su especialización en la Academia fuese en Cine y Audiovisual lo llevó profesionalmente a ese terreno, en el que trabajó en varias producciones como pintor de escenario, director de arte y dibujante de guion gráfico. Es el caso de Io, Don Giovanni, de Carlos Saura.
La rama audiovisual es también la que explica que acabase a bordo de un crucero. «Pensamos en estos barcos y lo menos que sabemos es que ahí hay un ‘broadcast center’ o centro de retransmisión», detalla. Su trabajo se denominaba ‘director de televisión’ y consistía en mantener la señal satelital de diversos países para que los pasajeros tuviesen al menos un canal en su idioma, así como producir contenido propio (los espectáculos, la charla del capitán, los vídeos de seguridad…). Aquello le permitió conocer mundo y visitar lugares tan genuinos como Salvador de Bahía, Buenos Aires y Estambul.
Regreso a Tenerife
«Me fui por dos razones: quería casarme con mi chica y ella me dijo que no me iba a esperar más, y porque veía que, aunque el trabajo tenía su parte satisfactoria, estaba dejando la pintura», precisa. Tenerife volvió a aparecer en su vida en una cena con su hermana y su cuñado. «Dije que quería dejar el barco y dedicarme a la pintura. Mi cuñado propuso venir a Canarias porque él tenía un amigo en Fuerteventura. Al final optamos por Tenerife. En esas vacaciones subimos a La Laguna y me enamoré de la ciudad», rememora.
Corría 2015 y la vieja Aguere le transmitió una sensación de «sitio cultural con gran historia». Davide percibió que era un lugar donde podía atreverse a abrir un negocio en el que trabajar como artista y poner en marcha una escuela de arte. En abril de 2016, su pareja y él se trasladaron definitivamente desde Génova a la Isla, y en agosto del mismo año inició la andadura de EB-Estudio Battaglia en la céntrica calle Núñez de la Peña.
'Souvenirs'
El artista se marcó dos líneas principales de trabajo: hacer retratos al natural y vender pequeños ‘souvenirs’, que solían ser piedras pintadas con paisajes. «Al final, gracias a Dios, dejé tanto una cosa como la otra, porque pintar al natural es algo que me estresa muchísimo, porque a mí me gusta hacer esbozos y estudios anatómicos previos, y los ‘souvenirs’ eran básicamente un tema comercial», reconoce. La pandemia fue clave para darle la vuelta a la situación. Pintó al óleo a Nuestra Señora de la O para la parroquia de Nuestra Señora de Buen Paso, en Icod de los Vinos. La repercusión de la obra se debió a que su comienzo y conclusión coincidieron con el confinamiento y fue renombrada popularmente como ‘Virgen de la Pandemia’.
También por aquellos días el periodista Jorge Berástegui se topó con él durante sus crónicas de la desescalada y contribuyó a su proyección. Battaglia era cada vez más conocido en La Laguna. «Del casco histórico me gusta todo», indica. «Lo que más me gusta, y que siempre me ha gustado de los centros históricos peatonales, es esa atmósfera cuando las tiendas abren, los primeros ruidos de la mañana, los repartidores que llegan con el furgón y empiezan a darle movimiento, ese momento en el que la ciudad despierta…», describe con mirada de artista.
Encargos destacados
Poco a poco los encargos se fueron encadenando, algunos destacados. Se encuentran entre ellos el cartel de la Semana Santa de La Laguna 2025 o la representación del Milagro de la Virgen de Las Mercedes al historiador Juan Núñez de la Peña (1649), recientemente presentada. Mención aparte merece el Desembarco de la Expedición Balmis en Tenerife (1803), que realizó para la Real Sociedad Económica de Amigos del País. «Es, sin duda, la pintura más grande, más complicada y que más me absorbió en mi vida», afirma. Unos bocetos colgados en su estudio corroboran que cada una de las 250 pequeñas figuras que aparecen en la obra esconden un minucioso trabajo previo.
Cuando se le pregunta por influencias menciona a los dibujantes de cómic europeo que leyó en su infancia, al pintor y grabador italiano Andrea Mantegna, a Sorolla, a Picasso… «Me gusta que me etiqueten como pintor histórico», señala. Y es que buena parte de su producción actual está centrada en ese campo. Son obras cuidadas y con mucha investigación de fondo. Desde 2024 las elabora en un estudio ubicado en la zona de la Cruz de Piedra, donde también imparte clase a más de 50 alumnos. «Diría que soy un pintor figurativo que viene del hiperrealismo, pero que dentro de él busca cierta abstracción», plantea sobre su estilo más personal. «Todo el mundo dice que ha cambiado un poco la luz de mis trabajos», expresa. «Posiblemente sea un efecto de la luz de la Isla», considera un pintor que se crió a orillas del Mediterráneo y que ahora desarrolla su labor junto al Atlántico.
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