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Chano Rojas: un tejinero polifacético y con quince libros publicados

Las pasiones de este lagunero son la historia de Tejina y la recopilación de datos históricos

Chano Rojas, junto a algunos de los libros que ha publicado, en su casa.

Chano Rojas, junto a algunos de los libros que ha publicado, en su casa. / María Pisaca

La Laguna

«Yo una vez le dije a mi padre: ‘Cuando sea grande voy a ir a la universidad’. Me respondió que no podía porque, con lo que él ganaba, era imposible. Y con aquello que él me dijo parece que se me metió en la cabeza que yo tenía que trabajar». Sebastián Rojas (Tejina, 1943) acabó tomando, como tantos niños de su tiempo, el camino del empleo infantil. Hizo mosaicos, pintó, barrió… Pero en Chano, como es conocido, siempre se mantuvo un gusto por la cultura que lo ha llevado a la publicación de una quincena de libros y a embarcarse en numerosas iniciativas.

Chano Rojas es vecino del tejinero camino Diamante, padre de cinco hijos y popular en la Comarca Nordeste por tantos proyectos y colectivos en los que se ha involucrado. «He vivido toda la vida en Tejina. Nací en Tejina y me crié entre Tejina y Tegueste, porque mi padre era de Tegueste y mi madre, de Tejina», contextualiza. «He estado en las comisiones de fiestas, en las de Reyes, en un montón de directivas de la banda de música, en equipos de lucha como directivo y como luchador, en el fútbol como directivo y como futbolista, en el atletismo…», enumera.

Su primer libro

«Mi padre escribía y a mí se me pegaba lo que él hacía», rememora sobre su infancia y cómo germinó en él la pasión por los libros. Después, se aficionó también a investigar acontecimientos históricos. En 1985, y ya a la edad de 42 años, se animó a publicar su primera obra, el poemario Rosas y espinas. Según confiesa, por un momento dudó. «Hubo gente que me dijo: ‘¿Vas a hacer un libro tú que no fuiste a la escuela?’». Entonces, aprovechando que en esa época trabajaba en el Club Náutico de Bajamar y coincidía allí con el escritor Juan Manuel García Ramos, le contó la situación. «Él me dijo: ‘Si tú tienes pensado hacer un libro, haz un libro’».

Y fue así que no solo vio la luz su primer libro, sino que empezó ahí su sucesión de publicaciones. «Me embalé», reconoce. Salvo el poemario y un trabajo de carácter familiar, el resto giran en torno a Tejina. Algunos son de producción propia y otros, recopilaciones. Destaca la colección Tejina, memorias de su gente; los libros de la Calle Arriba, la Calle Abajo y El Pico, y otras obras sobre las fiestas. «Yo me enfoqué en recuperar la historia que estaba perdida», sintetiza sobre el eje central de su producción. También dirigió y colaboró en numerosos programas festivos y durante una época enviaba poemas para su publicación en una sección de este periódico.

Un disco

La inquietud cultural de Chano no se limitaba a los libros. Más peculiar, si cabe, fue una iniciativa que impulsó en su etapa como empleado del Club Náutico de Bajamar. «Cuando se cumplió el XXV aniversario se me metió en la cabeza hacer un disco con la historia del Club», recuerda. «Hice la historia, hablé con los hermanos Rodríguez de Milán e hicimos unas coplas», explica.

La llegada de los ordenadores lo cambió todo. Admite que al principio no fue fácil. «Te mentiría si no te dijese que el ratón se me iba para allá, la mano se me cansaba, me dolía el brazo… Sin embargo, ahora me meto ahí como si nada», indica. Su actividad digital es constante. Tal es así que ha llevado a ‘podcast’ la faceta radiofónica que durante años ha desarrollado en Radio Tejina y administra tres cuentas en Facebook. Sorprendido, muestra el impacto de sus publicaciones.

Caminando a La Laguna

Sus 82 años le permiten hablar con perspectiva. De una forma particular, relata con viveza cuando con seis años acompañaba caminando desde Tejina hasta el centro histórico a su padre, que trabajaba como operario de albañilería en la Universidad de La Laguna. Era 1949 y no les quedaba otro remedio porque a esa hora de la mañana no había servicio de guagua. Tardaban alrededor de una hora y aquellos trayectos le dejaron recuerdos para siempre.

Una de las grandes anécdotas de aquellos días –y de su vida– se produjo por tomar como referencia horaria la luz de la cuadra de un vecino. «Mi padre se asomaba y, si veía la luz encendida, sabía que eran las seis y salíamos hacia arriba», apunta. Y eso hicieron aquel día, otro día de tantos. Pero había algo que no les acababa de cuadrar: el cielo parecía distinto, el ambiente no era el mismo... Cuando se dieron cuenta, estaban en la plaza de la Catedral y eran... ¡las dos de la madrugada! Lo acabaron de entender cuando volvieron a su casa tras la jornada laboral y su vecino ganadero les contó que había pasado la noche en vela porque una vaca se puso de parto.

Portero por accidente

Entre los siete y los doce años fue al colegio, donde aprendió las reglas básicas. El deporte también formó parte de su vida. Afirma que fue luchador, atleta y portero de fútbol. «Yo jugaba en un equipo aficionado de empresas que se llamaba el Concretera», relata. Por aquel tiempo se produjo un enfrentamiento entre los dos porteros del Unión Tejina, el principal equipo de la zona, y tuvieron que prescindir de uno de ellos. «Tenían que fichar a un amateur y me llamaron», explica.

Aquella aventura le dejó otra vivencia imposible de olvidar. Todo iba bien para él mientras estuvo en el banquillo. «¡Hasta cobraba igual que el portero titular!», celebra todavía. El problema vino en un partido en que se lesionó su compañero. Chano no quiere ni acordarse de aquella escena. «El público gritaba: ‘¡Cáaaaambialo! ¡¿Para qué quieres al suplente?!’. Y el entrenador no me quería poner porque sabía que se podía venir el mundo abajo», recuerda entre risas. Al final tuvo que saltar campo, disputó nueve minutos y no encajó ningún gol.

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