Nombramiento | Honores militares para el Cristo de La Laguna

Los artilleros ‘reclutan’ al Cristo de La Laguna como su protector especial

El arzobispo castrense de España entrega el reconocimiento que dictó en abril y que revalida la 'Promesa de los Artilleros' por regresar los militares sin bajas de las misiones

Humberto Gonar

Humberto Gonar

El Regimiento de Artillería de Campaña número 93 de Tenerife (RACA 93) dio cumplimiento a primera hora de la tarde de esta tarde al decreto dictado el pasado 11 de abril por el arzobispo castrense de España, Juan Antonio Aznárez Cobo, que reserva para el Cristo de La Laguna los honores como especial protector. Esta iniciativa surgió de la petición del coronel del Regimiento con la finalidad de ratificar el vínculo histórico y la devoción por el Santísimo Cristo de La Laguna que tiene el RACA 93, regimiento ubicado en San Cristóbal de La Laguna.

Esta unidad es heredera del antiguo Batallón de Artillería a Pie de Canarias, que desde el 9 de junio de 1882, ocupa en calidad de Acuartelamiento el desamortizado convento de San Francisco (excepto la capilla del Santísimo Cristo) y desde esa fecha mantiene una estrecha vinculación con Esclavitud del Cristo de La Laguna.

El estrecho vínculo entre los artilleros y la imagen se remonta a 1921, cuando una Batería Expedicionaria de Montaña de esta Unidad, participó en operaciones en el Protectorado de Marruecos. Partieron el 14 de septiembre, en plenas fiestas en honor al Cristo de La Laguna, lo cual no quedó en una mera coincidencia.

Tras 393 días de operaciones y participación en 17 combates, los 183 hombres que salieron del Santuario del Cristo de La Laguna regresaban a Tenerife el 17 de octubre de 1922, sin haber sufrido baja alguna, gracias a la intercesión del Cristo a quien se habían encomendado y cuya estampa portaron durante la campaña. Y este agradecimiento, que se tradujo en la llamada Promesa de los artilleros, se reiteró este domingo, 103 años después y se revalidó con el reconocimiento como especial protector del Regimiento de Artillería de Campaña número 93.

Desde las once de la mañana, el cerramiento con vallas recubiertas con la bandera de España por todo el perímetro parecían haber estirado la plaza del Cristo –de San Francisco, como reivindicó a posteriori el maestro de ceremonia durante el acto–. Una imagen propia para recibir a una de las multitudinarias trail, o San Silvestre... de esos actos deportivos cada vez más frecuentes en La Laguna.

Una hora antes del inicio previsto de la eucaristía, amenazaba agua. Y muchos militares con gafas de sol. En la plaza, el periodista José Carlos Marrero y un puñado de militares, entre ellos algún mando con sable incorporado que parecía supervisar que todo estuviera a punto. Solo faltaba que no lloviera para evitar aguar la fiesta. Y así se lo pidió al Cristo de La Laguna el obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, al presentar al arzobispo castrense de España, Juan Antonio Aznárez Cobo, que presidió la función religiosa. Antes, Bernardo Álvarez imploró la fuerza y el poder del Cristo para que garantizada el buen tiempo. Dicho y hecho.

En los prolegómenos ante el Santuario, donde se habilitaron las sillas para seguir al aire libre la misa, uno de los esclavos no perdió la oportunidad para hacerle un traje fino a sus compañeros en la conversación con su hija y yerno... «Ahora ahí están sentados veinte, verás tú que cuando salga la procesión salen debajo de las piedras», decía en referencia al resto de compañeros de la esclavitud. «Perro viejo muerde cachorro", dijo, mientras su hija cuestionaba «los zapatos de aguja de la esposa de un sargento primero para pasar por estos adoquines»...

La eucaristía, amenazada por la lluvia, dio paso a una exhibición de protocolo militar

A las doce, la hora convenida, se activó el playback del Himno Nacional, que sonó sin banda en la plaza, mientras se demoró el inicio de la misa por la llegada de uno de los mandos de la guardia civil. Cuando ya estaban todos, presentaciones a cargo del obispo de Tenerife para seguir el arzobispo castrense, que en su homilía demostró haber escuchado las últimas recomendaciones del Papa... Doce minutos –y no ocho– bastaron para lanzar su mensaje: «Cristo no ha venido a juzgarte, sino a salvarte» y hacer presente a la Virgen de Candelaria, en su adaptación de las Bodas de Caná, cuando dijo «haced lo que Él os diga». El arzobispo castrense acabó su plática con vivas con sordinas. «Que viva elCristo, viva la fe y la esperanza».

Al término de la eucaristía, llegó la parte más militar de la ceremonia, con el traslado del Cristo hasta la plaza de San Francisco para sorpresa de los incrédulos que, con el incesante chipichipi, pensaron que no iba a salir. «¡Lo sacan!, ¡qué cojones!», dijo la esposa de otro de los mandos militares, mientras el fotógrafo Toni Cedrés explicaba que después de la restauración de la imagen «está preparada, no pasa nada».

Cada metro de procesión del Cristo a la plaza era como un año que pasaba que traía el recuerdo en blanco y negro de campañas militares en la plaza del Cristo por el boato de la ornamentación religiosa y el meticuloso movimiento de los militares. Verlos tomar la plaza era un espectáculo.

Delante del Cristo, el arzobispo castrense de España con sotana, capa y fajín; detrás, el prelado nivariense, revestido convenientemente, con mitra y báculo; al lado, Víctor Manuel Álvarez, el párroco del Santuario, también de gala. Y cuando se colocaron las autoridades religiosas, luego la plana mayor militar, con el general jefe de la Zona Militar de Canarias a la cabeza, y las autoridades civiles, con los militares formados, con banda de música incorporada.

Honores para la bandera de España con sables en alto. «Artilleros, ¡viva España!». A partir de ahí se recordó los hechos históricos que avalan la designación del Cristo como protector especial de los artilleros, con reconocimiento incluido a «nuestros hermanos de la Esclavitud», o el recuerdo a los artilleros veteranos y a los fallecidos, en uno de los momentos más emotivos cuando se procedió a colocar una corona de laureles al monumento portátil habilitado en la plaza con una cruz y dos cañones pequeños en recuerdo a los caídos por la patria...

Tras la entrega del decreto del arzobispo al mando militar, más honores y más música, que por momento parecía escucharse a x2, como ponen el Whatsapp. Salva de fusilería antes de dar paso a que los artilleros recitaran su compromiso y luego cantaran su himno sin que faltara «¡viva España!», «¡viva el rey!» y un tercer «¡viva el Santísimo Cristo de La Laguna», que ponía fin a una exhibición de protocolo militar para honrar al protector especial, protagonista de la Promesa de los artilleros, 103 años después. ¡Rompan filas!