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Fiestas del Cristo de La Laguna | La ciudad celebra su día grande

El Cristo completa su renovación

Las obras en los edificios anexos al Santuario y el atrio concluyen y dejan restaurado el patrimonio del recinto

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Obras en el Santuario del Cristo de La Laguna Carsten W. Lauritsen

El entorno del Santuario del Cristo de La Laguna acoge hoy el día grande de la ciudad con las obras de sus edificios y de su atrio culminadas, lo que supone el cierre de un círculo que comenzó una década atrás y que deja los principales atributos patrimoniales del lugar en estado de revista. La Esclavitud del Cristo, gracias a la financiación del Gobierno de Canarias, ha logrado que la actuación sea una realidad en algo menos de dos años y pese a los contratiempos derivados de la covid. «Hemos ganado en espacio, en tranquilidad y en seguridad», celebran desde la conocida hermandad.

«La obra está terminada y lo que falta ahora es reamueblar, pequeños retoques, limpieza…; estamos en ese proceso”, explica Domingo Ferrera Martín, que desempeña en la Junta de Gobierno de la Esclavitud el cargo de mayordomo, durante un recorrido por las instalaciones. Ya desde el exterior, con las paredes de los edificios saneadas y pintadas – en tonos pastel amarillo, marrón y azul–, se percibe la mejora. Al otro lado, la reja junto a las instalaciones militares ha desaparecido. Por su parte, y ya dentro de las dependencias, se observan unos acabados cuidados.

Concretamente, las labores comenzaron en octubre de 2019 y estaban dirigidas a la mejora del conjunto histórico de los edificios anexos al templo, esto es, la denominada Casa de la Esclavitud, que es la construcción más próxima a la plaza del Cristo, y el Rectorado, que linda con el Santuario. En paralelo, también se previó actuar en la plazoleta situada entre los portales y la iglesia. La cofradía apunta que una de las líneas maestras para la obra fue la de evitar en los inmuebles los tabiques superfluos incorporados en la época en que residieron allí diez frailes franciscanos, logrando de esa manera espacios más diáfanos.

Todo ello se realiza sobre un espacio de honda historia. Y es que el antiguo convento franciscano –el primero de Tenerife– fue mandado a construir en 1506 por el adelantado Alonso Fernández de Lugo. Lo terminaron en 1580, a lo que le siguieron sucesivas ampliaciones. Una fecha clave es el 28 de julio de 1810, cuando sucumbió a un incendió del que solo se salvaron la espadaña, la Casa de la Esclavitud y la imagen del Cristo. A partir de ahí comenzó un nuevo camino hasta la actualidad.

Un buen ejemplo de las mejoras que ahora se han acometido es la sala de juntas de gobierno ubicada en la Casa de la Esclavitud. Hay maderas trabajadas, una mesa alargada, sillas en tonos azules y blancos, la posibilidad de iluminar con luz natural y un cuadro del Santísimo Cristo de La Laguna que preside la estancia. El suelo de hormigón que tenía fue demolido y renovado en madera. «Se han recuperado y saneado las carpinterías antiguas, la escalera, los pisos…», completa el mayordomo. Y amplía: «Aquí dentro ha habido una reforma integral. Se han rehabilitado las techumbres y artesonados de madera de tea de todos los edificios anexos al Santuario. Se han levantado, saneado e impermeabilizado los techos, y se han instalado unas placas aislantes térmicas».

La Casa de la Esclavitud está integrada por la referida sala de juntas, una zona de despachos, un hall de entrada y un aseo, mientras que en la parte baja se encuentran la tienda y un museo que abrirá sus puertas próximamente. «Se ha equipado todo con sistema de seguridad, antincendios, alarmas y electricidad», detalla. Por su parte, el otro inmueble, el Rectorado –que recibe su nombre porque allí se ubica la casa del rector y que formaba parte de la antigua zona conventual–, cuenta en la parte baja con el salón noble de la Esclavitud y con un pequeño depósito para guardar los enseres de esta hermandad.

Fondos regionales y propios

El Gobierno de Canarias aportó 1,8 millones de euros, mientras que el resto de los fondos necesarios para las obras corrieron a cargo de la Esclavitud. Señalan desde la cofradía que, inicialmente, tenían consignada una partida del Cabildo de Tenerife, pero que el ingreso no se materializó. «No pudimos hacer el proyecto de la plaza-atrio con la iluminación monumental, el pavimento de piedra molinera, una fuente nueva, el ajardinado…», puntualizan, antes de indicar que tuvieron que reajustar el presupuesto para que al menos se pudiese reurbanizar parcialmente la citada plazoleta. Tras las modificaciones ejecutaron una intervención para eliminar las barreras arquitectónicas y dejar el adoquinado a nivel. «Es lo que más han agradecido los fieles», expresan.

«Está ahora la plaza-atrio como se concibió en 1810», exponen tras la eliminación de la reja que bordeaba el jardín militar. «Hemos plantado césped, unos geranios y lo que hemos podido, y hemos adecentado la fachada del cuartel», comentan sobre un espacio que utilizan merced a una concesión que consiguieron del Ministerio de Defensa.

Los trabajos descritos van más allá de la obra en sí. Suponen concluir el más ambicioso plan de dejar renovado el Santuario y su entorno. Domingo Ferrera se sabe el proceso de memoria. Es la consecuencia de haber vivido en primera persona, como titular de la Mayordomía, todos los hitos que se han producido en este tiempo. El primero de esos pasos fue la restauración del Cristo de La Laguna, en 2011; en 2016 comenzó la rehabilitación del Santuario; le siguió la restauración del altar-tabernáculo del Crucificado Moreno, y lo último ha sido esta actuación sobre la Casa de la Esclavitud, el Rectorado y la plaza.

«Ahora tenemos una seguridad con la que antes no contábamos. Estamos adaptados a la normativa de seguridad, tenemos sistema contraincendios y hemos equipado todas las instalaciones con un dispositivo de alarmas de alta seguridad», manifiesta Ferrera, que ha estado vigilante de que la obra se ejecutase de la mejor manera posible durante los últimos casi dos años. Su experiencia en el Santuario del Cristo le permite conocer hasta los más pequeños detalles del recinto y ha ido alertando a la empresa constructora de posibles problemas antes de que estos se produjesen.

Asimismo, había una Comisión de Obra que, además de por el mayordomo, también estaba integrada por el esclavo mayor, Francisco José Doblas González de Aledo; el ex esclavo mayor Emilio La Roche; Javier Plasencia, un miembro de la Junta de Gobierno de profesión aparejador, y el esclavo Cristóbal Trujillo. «Cada semana teníamos una visita a la obra», explica Ferrera. Cabe indicar que los trabajos que ahora se pueden ver en la zona corresponden a la construcción del velatorio, que es un proyecto aparte.

Trabajos necesarios

«Estoy contentísimo», expresa el mayordomo cuando se le pregunta por el balance final, y añade que eran unos trabajos que eran necesarios «desde hacía muchísimo tiempo». No en vano, apunta que el actual esclavo mayor, cuando todavía era teniente esclavo –el número dos en el organigrama de la Esclavitud– en otra junta de gobierno, le dijo al máximo responsable de la época, Jorge Melón, que iba a intentar dar los primeros pasos para el proyecto. «Tenemos un pequeño museo, unos depósitos donde podemos guardar todos los enseres y contamos con edificio para años», destaca.

Doblas expresa que han sido dos años en los que desde la hermandad se han dejado en esta iniciativa «el tiempo y el esfuerzo», y muestra «el agradecimiento infinito a Fernando Clavijo, con el que la Esclavitud tendrá una deuda histórica» por haber apostado por la intervención. También resalta la labor de la directora general de Patrimonio Histórico del Gobierno de Canarias, Nona Perera, y del anterior director, Miguel Ángel Clavijo. Además, el esclavo mayor expresa su «reconocimiento personal y especial» al mayordomo, que lleva toda la vida vinculado a esta cofradía de La Laguna y realizando trabajos alejados de los focos. En concreto, Francisco Doblas subraya la «dedicación exclusiva» de Ferrera en los últimos dos años al seguimiento de estas obras que han contribuido a que los alrededores del Santuario puedan mostrar en la actualidad su mejor versión.

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