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Medio ambiente

La Gomera recrudece su batalla contra las plantas invasoras en sus barrancos

El plan prioriza erradicar la caña común en Hermigua, Vallehermoso y Valle Gran Rey para reducir el riesgo de incendios y favorecer el regreso de la flora autóctona

Trabajos de eliminación de la caña común en los barrancos de La Gomera. | E. D.

Trabajos de eliminación de la caña común en los barrancos de La Gomera. | E. D.

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Daniel Millet

Daniel Millet

Santa Cruz de Tenerife

La batalla contra las especies vegetales invasoras se acentúa en tres de los principales barrancos de La Gomera, con la caña común o caña brava como principal objetivo. La continuación del proyecto de restauración ecológica prevé intervenir en sectores estratégicos de Hermigua, Valle Gran Rey y Vallehermoso para reducir la presencia de esta planta, controlar otras especies introducidas y recuperar progresivamente la vegetación propia de estos cauces. No se trata solo de cortar cañas: la actuación persigue recuperar la funcionalidad ecológica e hidráulica de unos espacios profundamente transformados.

El documento, que acaba de salir a informacion pública en el Boletín Oficial de la provincia (BOP), fija un presupuesto de ejecución material de 1,5 millones de euros y un plazo de 12 meses. Los trabajos se desarrollarán en cauces de difícil tránsito, con fuertes desniveles y vegetación tupida, y combinarán maquinaria y labores manuales. Ya se ha trabajado en ellos en anteriores años pero la dificultad del desafío obliga a prolongarlo. El plan incluye la erradicación y control del cañaveral, el astillado de los restos y la extracción mecánica de los rizomas, la red subterránea que permite a la planta rebrotar.

El problema alcanza una dimensión especialmente relevante en estos cauces. La caña común, cuyo nombre científico es Arundo donax, llega a ocupar más del 95% de la superficie del cauce en algunos sectores, a pesar de campañas anteriores para su erradicación. Su expansión ha desplazado a otras plantas y creado masas continuas de gran densidad y altura. La memoria la sitúa entre las cien especies más invasoras del mundo.

Uno de los principales riesgos es el fuego. La caña presenta una elevada inflamabilidad y puede favorecer la generación y propagación de incendios al formar grandes acumulaciones de combustible vegetal. El proyecto plantea sustituir esos cañaverales por una vegetación más diversa y menos inflamable, creando una barrera verde y reduciendo la continuidad de la masa susceptible de arder.

El segundo frente es el agua. La elevada densidad del cañaveral genera un gran volumen de biomasa y puede contribuir a obstrucciones y taponamientos cuando se producen lluvias intensas. La actuación busca mejorar la capacidad de desagüe mediante la reducción de ese biovolumen y recuperar la sección de los cauces con la eliminación de los rizomas. También pretende reducir la vulnerabilidad frente a procesos fluviotorrenciales.

La caña compite además con la vegetación autóctona por el espacio y los recursos. La memoria estima que cada metro cuadrado de cañaveral puede consumir unos 20 litros de agua al día por su elevada evapotranspiración. Reducir esa demanda es otro de los objetivos de la intervención.

‘Replantea La Gomera’

El proyecto da continuidad a los trabajos desarrollados durante los últimos años mediante Replantea La Gomera, que permitió probar diferentes técnicas de control en Hermigua y Valle Gran Rey. Ahora se pretende mantener y consolidar las superficies tratadas y avanzar hacia nuevos sectores, priorizando las zonas aguas arriba para hacer más eficaz el control del cañaveral.

En Valle Gran Rey se actuará principalmente en Los Reyes-Casa de La Seda-El Guro, alrededor de los 150 metros de altitud, y en Guadá, en torno a los 350 metros. En ambos lugares existen zonas ya trabajadas que serán objeto de mantenimiento y desde las que se ampliarán las actuaciones hacia aguas arriba.

En Hermigua, los trabajos se desarrollarán entre la presa de Mulagua y la confluencia con el barranco de Liria, entre los 150 y 350 metros. Parte de los tajos procede de Replantea y será mantenida para evitar la recuperación del cañaveral. Las nuevas zonas se extenderán en ambos sentidos.

Vallehermoso incorpora varios sectores entre los 150 y 500 metros de altitud. Las actuaciones se concentran en El Palmar y La Fortaleza, entre el casco y Macayo, en el barranco del Ingenio, aguas arriba de la presa de La Encantadora, y en el barranco de Ambrosio. Se combinarán el mantenimiento de áreas ya desbrozadas con la eliminación de rizomas y las plantaciones.

La estrategia cambia respecto al simple desbroce. Cortar la parte aérea no acaba con la caña porque su red de rizomas permanece enterrada y permite nuevos brotes. Por eso el proyecto contempla desbroces iniciales, repasos sucesivos, trituración de la vegetación y extracción de los rizomas. En determinados sectores se utilizarán coberturas opacas biodegradables para impedir la llegada de luz al terreno.

La operación tampoco se limitará a la caña. En los barrancos se han identificado otras especies exóticas que requieren tratamientos específicos. Entre ellas están la campanilla palmeada, la batatilla de Indias, la enredadera tuberosa, la tejedera u orejagato de río, la crocosmia o tritonia, el aromo blanco o tamarindo silvestre y el tártago. También figuran el pasto guinea o hierba de guinea, la capuchina, el matoespuma o flor de espuma, el farolillo trepador o globito cipó, la tejedera púrpura, la tunera común, la pitera y el ñame o ñamera.

Más allá de la caña

La retirada deberá adaptarse a cada especie. Algunas exigen extraer raíces o estructuras subterráneas y otras pueden reproducirse mediante fragmentos, semillas, bulbos o tubérculos. Por eso la gestión de los restos vegetales resulta tan importante como la eliminación de la planta visible.

El siguiente paso será ocupar el espacio liberado. La restauración prevé la plantación de especies riparias y la recuperación de comunidades vegetales autóctonas y endémicas, con posibilidad de incorporar especies amenazadas. Se busca sustituir el dominio de una sola especie por comunidades más diversas. La intervención tiene también una dimensión social. Entre sus objetivos figura que determinados tramos próximos a los núcleos de población vuelvan a ser accesibles y disfrutables por vecinos y visitantes.

El reto será cambiar el equilibrio de tres barrancos. La operación comienza bajo tierra, con la extracción de los rizomas, y continúa sobre ella con la recuperación de la vegetación autóctona. El objetivo final es reducir combustible vegetal, mejorar el comportamiento hidráulico de los cauces, disminuir el consumo de agua y recuperar biodiversidad.

Hermigua, Valle Gran Rey y Vallehermoso serán así el escenario de una intervención que busca que la lucha contra las invasoras no termine cuando desaparezca la primera caña cortada. La medida del éxito será que la vegetación propia de La Gomera vuelva a ocupar ese espacio.

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