Los otros 'vecinos' de Tibataje
El lagarto gigante de El Hierro es un superviviente. Estuvo al borde de la extinción en los últimos años del pasado siglo, pero el rol que ha jugado el Centro de Recuperación de El Matorral ha sido clave para evitar males mayores. Esta semana ha recibido casi dos millones de euros para garantizar su existencia.

Un ejemplar adulto de lagarto gigante herreño (Gallotia simonyi) tomando el sol en las instalaciones próximas al Risco de Torreta. / ED

El lagarto de El Hierro sobrevive contra viento y marea. A finales del pasado siglo estaba al borde de la extinción, hace dos décadas unas lluvias torrenciales sepultaron las primeras instalaciones y murieron 178 ejemplares y sus enemigos naturales siguen al acecho. Las directrices del nuevo plan aprobado por el Consejo de Gobierno de Canarias, además de una partida de casi dos millones de euros, contempla medidas de refuerzo en el Centro de Recuperación del Lagarto Gigante de El Hierro. El censo sobre el que se trabaja en estas instalaciones actualmente está formado por 60 lagartos adultos y 93 crías.
El abc de la nueva hoja de ruta está claro: consolidar la población, aumentar el número de ejemplares y mejorar la viabilidad genética de la especie potenciando un plan de cría en cautividad y reintroducciones en el medio natural. Biólogos de la Universidad de La Laguna (ULL) realizan un estrecho seguimiento de los movimientos que se producen en las instalaciones próximas al Risco de Torreta: guía de alimentación [devoran la fauna autóctona, pero no le hacen ascos a tomates y calabazas]; control de enfermedades [ácaros, bacterias y virus] e incluso analíticas de sangre.
En el nuevo protocolo también se hace referencia a la investigación científica y la sensibilidad ambiental, es decir, todo lo que está asociado con la divulgación social del lagarto gigante de El Hierro (Gallota simonyi) y su trascendencia dentro de la fauna local.
Los ‘hermanos’ de HP
Aunque parezca mentira los empleados que habitualmente se encargan del cuidado de los ejemplares conocen «muy bien» a cada uno de los reptiles que están censados en el centro [un microchip controla su edad, sexo, ciclos de apareamiento, enfermedades...]. «Hay uno que lo reconocen todos...», asegura Samuel Padrón, un agente de medioambiente del Cabildo de El Hierro que nos da varias claves sobre el día a día en el lagartario. «Es el más viejo, lleva con nosotros unos 40 años y lo controla todo», enumera sin soltar un nombre por el que volvemos a preguntar. «No sé si se lo puedo decir [risas]... Digamos que aquí lo conocemos como H.P., ¿me entiende?... Es un poco cabroncete. Ya le ha mordido a unos cuantos», avisa sobre una de las primeras capturas que se hicieron gracias a la instalación de unas trampas en el Roque de Salmor.
Antes de develar otras curiosidades vinculadas con los ejemplares que «residen» en uno de los dos centros que existen en El Hierro, Samuel incide en lo «peligroso» que son las mordidas de estos bichos. «Si te trincan un dedo no lo sueltan; puedes tener un problema serio», advierte Padrón segundos antes de apuntar que, además de las instalaciones principales, hay otras en las que conviven los ejemplares que están en la última fase de una «suelta controlada». La tarea de introducir adultos en la naturaleza no es nada sencilla. Y es que al margen de contar con una población estable, hay que asegurarse la presencia de escaladores capaces de descolgarse por los acantilados o roques herreños. En esos emplazamientos no están a salvo de las aves rapaces [águilas pescadoras, búhos, busardos ratoneros, cernícalos, lechuzas...], pero sí de los gatos.
Las sueltas, a veces, se convierten en una lotería. «No todas salen bien porque hay factores que son muy difíciles de controlar... Se ponen todos los medios para que salgan bien, pero luego te encuentras con los daños que generan los depredadores» [aves rapaces, gatos y roedores]. Con todas estas amenazas latentes, el lagarto gigante de El Hierro ha logrado superar carros y carretas. Los pasos que se han dado confirman su estabilización [cada año nace casi un centenar de crías, que no todas salen adelante, pero que sí colocan al centro en una posición de cierta tranquilidad] y un panorama esperanzador para una especie que comparte algunas particularidades con los lagartos gigantes de La Gomera o los de Teno. «Cada uno tiene sus variables», dice Samuel Padrón cuando remarca que «cada variedad ha conseguido adaptarse al medio [Isla] y desarrollar unas características propias, a pesar de que en sus orígenes todas procedieran de la vertiente occidental africana. «Es probable que llegaran entre la mercancía o fueran introducidas de manera consciente...», aclara sobre el kilómetro cero de los otros vecinos de Tibataje. Ahora ya no hay que recurrir al trampeo para salvar a los lagartos bimbaches, su futuro está asegurado desde hace años por las acciones que se abanderan desde el Centro de una Recuperación. A veces, salvando unos cataclismo meteorológicos que te obligan a empezar de cero. ¡Lagarto, lagarto...! n
¿Dónde está el lagartario?
El Centro de Recuperación del Lagarto Gigante de El Hierro se encuentra cerca del Risco de Torreta, en el Valle de El Golfo. Existe un segundo espacio ubicado a unos dos kilómetros donde hacen vida los ejemplares adultos que están a las puertas de una suelta natural. Lo normal es que se integren en la naturaleza con 4 o 5 años.
¿Cuánto pesa un ejemplar?
Los mayores entre los 500 y 700 gramos. La edad y el sexo condiciona su tamaño. Los más largos superan los 60 centímetros y en el lagartario hay un macho [HP] que lleva cuatro décadas en cautividad tras ser capturado en el Roque de Salmor. Devora los tomates y la calabaza y tiene mucha mala leche... «Es un gran H.P...», aseguran.
¿Quiénes son sus enemigos?
Cuando se encuentran en libertad tienen que tener mucho cuidado con los gatos. Los felinos son expertos en exterminar a estos reptiles. Otras amenazas vienen del cielo a través de los cernícalos y aves rapaces. Las ratas, por último, también sienten una enorme atracción por ellos a la hora de planificar sus comidas.
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