El último telar de seda de Canarias pisa la pasarela de la Fashion Week Madrid
En El Paso, Carmen Nieves y su equipo de Las Hilanderas preservan desde 2002 el arte de la seda, un oficio que las convierte en las últimas hilanderas de Canarias y de Europa

Carmen Nieves trabaja en uno de los telares del Museo de la Seda de El Paso. / E.D.

Más que un oficio, se ha convertido en una huella imborrable de la historia del Archipiélago. Las últimas hilanderas de Canarias siguen trabajando la seda en El Paso como se hacía en el siglo XVI. Carmen Nieves (El Paso, 1964), primero en compañía de dos amigas y ahora liderando un proyecto familiar, es la impulsora de una idea que nació en el Valle de Aridane en 2002. Ubicado en la antigua sede del ayuntamiento pasense hasta 1967, el taller de Las Hilanderas abre de lunes a sábado de 10:00 a 14:00 horas y casi toda su actividad se realiza por encargo. La sala de exposiciones del Museo de la Seda se encuentra en la planta alta y la sala de máquinas, el lugar donde se elaboran bolsos, fulares, corbatas..., en el piso inferior. Allí Carmen Nieves Díaz González imparte los conocimientos adquiridos de su maestra Bertila. «Cuando cerró el último negocio de seda tradicional surgió la posibilidad de activar este a través de una alianza entre tres amigas», precisa la artesana palmera sobre los cimientos de una aventura que se ha convertido en el último reducto de las Islas y de Europa. «Somos un caso único en esta comunidad y a nivel europeo», puntualiza la gestora de una apuesta laboral en la que en estos instantes participan Amelia, su hija, Conchi y Cristo.
En El Paso conviven modernidad y legado entre cuatro paredes. La herencia de unas máquinas que son una huella exacta de las que se encargaban de confeccionar tesoros para la Corona de Castilla y la innovación que destilan los diseños más vanguardistas que han llegado a la pasarela de la Mercedes-Benz Fashion Week Madrid gracias a la alianza que han tejido Las Hilanderas con la marca Isla Bonita Moda. Esa es la ruta que han seguido los fabricantes de alfarería, bordados, habanos o repostería en suelo palmero para hacer perdurar un forma de entender la vida en la que se invierte «mucha mano de obra y materia prima», puntualiza Carmen Nieves antes de firmar una frase demoledora. «Las personas que conocen la laboriosidad y el sacrificio que hay en la elaboración de una prenda entienden que el valor económico [ella defiende que «lo que está bien hecho hay que pagarlo»] y sentimental de una pieza que sale del taller... Somos el final de una cadena que ha dado mucho brillo a La Palma y esto hay que protegerlo», cuenta de un proceso largo que se inicia con la cría de los gusanos [esta primavera se ha retrasado un poco porque aún no han florecido los árboles de la morera] y acaba cuando el cliente recibe la artesanía. «Hay casi una quincena de etapas en la que colaboran un montón de personas y factores para que el resultado final sea el mejor posible», remata sobre una actividad que en su día provocó un brillante intercambio comercial entre La Palma, la Península Ibérica y puntos estratégicos de flandes.
Acaban de recibir un premio insular del Cabildo de La Palma y antes la Medalla de Oro del Gobierno de Canarias (2019) por la defensa de uno de los oficios más tradicionales del Archipiélago. Así es el día a día en el último telar de seda de las Islas: una joya de la artesanía local
"Somos el final de una cadena que ha dado mucho brillo a La Palma y esto hay que cuidarlo"
«Somos un caso único»
Carmen Nieves creció sin referentes familiares asociados al trabajo de la seda, pero en cuanto conoció a Bertila se «enamoró» de un oficio que ha convertido en una pieza imprescindible de su vida: «Esto va demasiado deprisa y las nuevas tecnologías se han colado en casi todas las profesiones, pero yo encontré en Las Hilanderas la posibilidad de conservar con vida algo que tiene más de cinco siglos de historia... Las máquinas somos nosotras [ella, Cristo, Conchi y Amelia]», dice con un tono que desprende cierta ironía. «Las maderas y las cañas son iguales a las que existían hace 500 años; aquí no se ha colado ni la electricidad ni las innovaciones industriales», acota para destacar una vez más que son «las últimas hilanderas de Canarias y de Europa», defiende en un punto de la conversación en el que aparece la labor de difusión que realizan en centros escolares de la Isla. «Nos gusta ir a colegios o asociaciones para explicar un proceso al que no se le da el valor que merece. El riesgo de que se pueda perder es alto, pero nosotras tenemos que promocionar lo que se hace en el Museo de la Seda. El objetivo es despertar la curiosidad en alguna joven para que el futuro esté garantizado. Este es un trabajo en el que se requiere mucha paciencia y, sobre todo, ganas de conocer lo que hicieron los que vinieron antes», exalta .
Del gusano al telar
Ya están naciendo las larvas de la mariposa Bombix morix [pone entre 400 y 500 huevos que tienen un ciclo de hibernación de 300 días], pero cada temporada se utilizan las recogidas en la anterior. La extracción de seda es un procedimiento delicado y hay que ponerse en manos de expertos. Ellos conocen las claves del «ahogado» de los capullos en una caldera de cobre con agua caliente: hay que mantenerla siempre a una temperatura que esté próxima al punto de ebullición para evitar dañar el envoltorio. Una vez se desprende un hilo se empieza a tirar de él con una escobilla de hojas secas de brezo y se guía con una pequeña aguja, y un máximo cuidado, hasta los carretes. Así van creciendo las madejas que acabarán en el taller de Carmen Nieves.
El devanado [limpiar y atar los cortes para obtener un hilo continuo en la zarja] es una de las fases primerizas en las que se sacan una o dos hebras por medio de una redina, con las que se van enrollando las madejas en un solo cañón. Tras el torcido, que consiste en girar de manera manual dos husos que llevan varias hebras y que se quedan en un único hilo, las madejas se guisan con agua caliente y jabón [se hace para eliminar la sericina] y alcanzan un tacto suave y brillo intenso. Lo normal es emplear la seda en su color natural, pero si quieren aplicar tintes se recurre a la cáscara de nuez y gualda (amarillos), al eucalipto (grises) o la cochinilla (rojos, granates o rosas). La variedad es amplia y está a tiro de piedra. Ya sólo queda empezar a hilar.
Suscríbete para seguir leyendo
- El tren del sur de Tenerife, un proyecto de 2.500 millones, está más cerca tras un paso decisivo
- El ‘parking’ de la plaza de España de Santa Cruz de Tenerife será público a partir de julio y bajará las tarifas
- La justicia ordena la paralización inmediata de parte de las obras de la urbanización de lujo Cuna del Alma en Tenerife
- La Laguna acoge este sábado la novena edición de la Feria del Voluntariado
- El biólogo tinerfeño José Luis Martín Esquivel, nuevo director del Parque Nacional del Teide
- El CB Canarias cae ante el Galatasaray y se jugará el pase a la Final Four en el Santiago Martín
- La Aemet avisa: lluvias moderadas, vientos muy fuertes y olas de hasta 5 metros este jueves en Tenerife
- Un banco deberá devolver en Tenerife más de 46.000 euros a una clienta por una estafa digital