Juan Mesa: un canario universal
El músico gomero, hijo de emigrantes, fusiona la música de raíz con jazz y rock progresivo, tras una vida marcada por la naturaleza y la experimentación

Juan Mesa tocando las chácaras. / Juan Mesa WEB

Habla, habla y habla como si le fuera a faltar tiempo para contar una vida inundada de recuerdos,de sonidos entrelazados con sus raíces gomeras. Juan Mesa (1962) es hijo de emigrantes y tiene claro su rol de «ciudadano del mundo con raíces gomeras». Sus padres, Juan Mesa y Venancia García, vivieron en primera persona el éxodo a Venezuela: «Era gente honrada, humilde, sencilla que se marchó en busca de un futuro mejor y acabó repatriada», cuenta orgulloso uno de los creadores canarios más internacionales. «Arte y música son herramientas que me permiten expresarme», abrevia un compositor y cantautor que acaba de agotar otra experiencia internacional en Nueva York.
«Siempre he visto la música como un refugio, un lugar al que acudo en busca de respuestas y ser un espíritu crítico»
Heredero de una familia arraigada a la vida del campo con raíces ancestrales entre Los Aceviños , El Cedro, Chipude y El Cercado asentados más tarde en Hermigua. «Mi madre fue protectora conmigo», destaca justo antes de relatar que a los 20 años se lió la manta a la cabeza y se marchó a las cumbres de Los Silos a vivir como un ermitaño. En Tenerife su primer «hogar» fue una cavidad localizada entre Cuevas Negras y el barranco de los cochinos, a continuación se instaló en una cabaña de muros de piedra y finalmente ocupó una casa «algo señorial». Asegura que «aprendió a vivir en soledad» y que la naturaleza se convirtió en una fuente de inspiración que siempre tiene un rol especial en sus procesos creativos. «Me di cuenta de su importancia a medida que crecía como persona; el mundo rural ha sido mi escuela y acudo a él en busca de inspiración y de una quietud espiritual», admite un ser con alma chamánica que se hizo grande sin demasiadas comodidades. Mesa recuerda las vivencias de niño «donde los vecinos lavaban la ropa en un riachuelo, en las casas no había electricidad ni teléfono... Era un tiempo en el que no abundaban las comodidades, pero tampoco faltaba nada».
Dice que «lo único que ha estudiado en la vida es cómo tocar mejor la batería», bromea queriendo esconder que se ha formado de manera autodidacta en el conocimiento de otros instrumentos con los que cada año afronta varias giras internacionales. Cuenta que en su interior habita un compositor que cincela canciones de amor, conciencia, esperanza... [temas como La ciudad no es mi casa o críticas sociales como Juicio final basta ya]; que muchas veces tira de la fusión para improvisar con estilos libres que adapta al jazz o el rock progresivo; que suele recurrir a los sonidos tradicionales para evolucionar a otros territorios sonoros... «Una amiga me dijo que era un músico retroevolutivo [hace una pausa]. Yo no lo entendí demasiado bien, pero con el tiempo me di cuenta de que era algo asociado con la cultura tradicional que mame desde la infancia en la isla de La Gomera que me sirvió para evolucionarla hacia corrientes más contemporáneas», acorta un creador que tiene legiones de seguidores en Alemania, Bélgica, Francia, Luxemburgo, Noruega, Suecia... «No me va nada mal», admite con naturalidad y sin sacar pecho de una proyección mundial que suma más de tres décadas experimentando con las chácaras [las «Chácaras Baifas»], la flauta navaja, la guitarra, el timple o el tambor gomero. Una de sus aventuras más sólidas la bautizó como Juan Mesa y Los Tetrabaifos, que no es otra cosa que el resultado de «fusionar la música de raíz con sonidos del jazz y el rock progresivo». ,
Es uno de los instrumentistas canarios más destacados que transitan por las agendas del ‘World Music’, un ser curioso que tiene claras sus raíces: «Soy un ciudadano del mundo de origen gomero», resuelve Juan Mesa (1962) días después de regresar a casa tras una experiencia en Nueva York.
Un ‘druidas’ de la música
Antes de hacerse músico Juan Mesa soñaba con ser pastor. «Supongo que tuvo algo que ver el hecho de que mi abuelo tuviera un rebaño y que muchas veces lo acompañara», pone como patrón de una infancia de la que rescata «las fiestas que se hacían en la azotea para celebrar la recogida de una cosecha. Cualquier evento con un calado social se convertía en la excusa ideal para reunirnos en torno a la familia y un ratito de fiesta», recupera el padre de Olivia e Izem Mesa, dos creadores emergentes que han cumplido al pie de la letra el dicho que dice de tal palo, tal astilla. «Son artistas que están a la altura de ser creadores un gran con fondo de conciencia y honestidad musical», defiende con un sentimiento de satisfacción indisimulable.
El ser humano y, sobre todo, la naturaleza son dos constantes a la hora de buscar fuentes de inspiración;vías en las que Mesa ha encontrado la complicidad de sus seguidores. «Siempre veo la música como un refugio, un lugar al que acudo en busca de respuestas y ser un espíritu crítico», pone de relieve dejando claro que «no todo en su mundo es activismo... Es imposible vivir constantemente en un estado de alerta;yo no puedo sentir que siempre hay una situación de peligro: el miedo es lo contrario al amor», admite un multinstrumentista que considera que «el escenario es un laboratorio de experimentación y de improvisación». Jazz, pop, rock progresivo o World Music son algunos de los registros que Juan Mesa expone en sus visitas a América, Europa Central o el norte de África. «Voy, disfruto del cariño que me ofrece el público y regreso a casa a recargar pilas; a estar en contacto con la naturaleza».
«Me gusta abrazar al mundo, ser empático hasta con aquellas personas que no transmitan los valores que me han enseñado», sostiene a modo de conclusión un músico que despierta conciencias. Una curiosidad que siempre lo sitúa al borde de grandes proyectos. Se viene uno asociado con la observación de la estrellas del universo, pero aún no se puede contar casi nada. Lo que sí anuncia es el que el próximo 18 de marzo ofrece un concierto en elTeatro Off Latina de Madrid n
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