Calor extremo
La sequía drena el Rin y añade nubarrones a la maltrecha economía de Alemania
La escasez de precipitaciones azota la vía fluvial más utilizada de la Unión Europea, de la que depende el tejido industrial del 'land' más poblado del país

Un barco circula por el cauce del Rin afectado por la sequía a la altura de Dusseldorf, este jueves. / INA FASSBENDER / AFP

"En el Rin hemos conocido suficientes episodios tanto de sequía como de devastadoras inundaciones. Los vivimos en la década de los años 20, de los 50 del siglo pasado. La última gran sequía fue en 2018. Pero lo que hace distinta la situación actual es la frecuencia y la duración de esos episodios. Estamos en agosto. Esto empezó en junio y julio. La temporada normal de bajo caudal se prolonga hasta octubre", explica a EL PERIÓDICO Martin Wolters, ingeniero jefe de distrito del departamento federal de Aguas y Navegació (WSA, por sus siglas en alemán). Desde su puesto controla el estado del canal de navegación de Rin en el tramo entre Emmerich, Duisburgo y Colonia, de unos 125 kilómetros. Suele hacerlo a bordo de la barcaza que lleva el nombre de la primera ciudad, Emmerich.
Que en estos días estén cayendo las primeras lluvias en semanas alivia la situación, sobre todo en lo que concierne a los incendios forestales devastadores registrados en Renania del Norte-Westfalia, su land, o en la vecina Bélgica. Sin embargo, "esa lluvia no nos resuelve nada a nosotros. Donde debería llover, y mucho, es más al sur, en el lago Constanza", explica. También más al sur, en Kaub, en el tramo entre Coblenza y Maguncia saltaron las alertas hace semanas. El caudal del Rin quedó a mínimos históricos, se restringió la navegación de mercancías y se temió una partición práctica de la vía fluvial en dos mitades. "El tránsito no puede suspenderse, solo se estrecha el canal de navegación. En situaciones como la actual, las barcazas navegan con lo que sería la mitad, o menos, de su carga. Se encarece el transporte, pero sigue haciéndolo posible". Se entra así en lo que Wolters califica de "paradoja": hay menos agua, pero transitan más barcas que las 600 diarias, el promedio en condiciones normales.

Imagen de la tierra en la ribera del Rin afectada por la grave sequía. / INA FASSBENDER / AFP
"Cerrar" el Rin no es una opción. Es la vía fluvial más transitada de la Unión Europea (UE). De sus 1.230 kilómetros de largo, un total de 883 kilómetros son navegables, desde Basilea a su desembocadura en Países Bajos. Y es la principal vía de transporte fluvial de mercancías entre Duisburgo, el mayor puerto interior de Alemania, y Rotterdam, entre los mayores puertos marítimos del mundo. La región renana es la de mayor densidad de población de Alemania. También ahí se concentra la gran industria química, así como refinerías petroleras, que hasta ahora se han beneficiado de un transporte fluvial mucho más barato que el terrestre. De la buena salud del Rin depende la del tejido industrial del land' más poblado de Alemania.
Intervenciones puntuales
Wolters no califica la situación actual de "problema", sino de "desafío". Pocas son las posibilidades técnicas de intervención desde su departamento. Pretender dragar el suelo del río para hacerlo más profundo no es factible. Tampoco lo es crear un sistema escalonado de exclusas y embalses. "El perfil del suelo del Rin no permite intervenciones o dragados generalizados. Se puede rebajar de forma puntual en puntos determinados para restar obstáculos a la navegación. Pero no en tramos largos", explica. "Rebajar el suelo del río no resuelve la escasez de agua, porque su volumen es el mismo. De su nivel depende también el del agua del subsuelo", añade, mientras dibuja sobre un folio el perfil del río ("el dibujo es el idioma del ingeniero", afirma).
Wolters evita valoraciones políticas o atribuir la situación a una falta de inversiones en los buenos tiempos de la economía alemana. En 2018, y pese a la sequía, el PIB alemán creció un 1,1%, un descenso de 17 décimas respecto a 2017. Para este 2026 se teme un crecimiento minimalista del 0,5%, un estancamiento o incluso una contracción. Desde el departamento de Wolters, los esfuerzos se concentran en la señalización y control del canal de navegación, además de acciones puntuales. La crisis climática es una realidad avalada por el consenso científico, recuerda Wolters. Cobra forma, en el caso del Rin, tanto en la falta de lluvias o las temperaturas récord registradas en junio en Alemania --por encima de los 41 grados-- como en la evaporación del agua y el deshielo menguante.

Unas ovejas pastan en el cauce del Rin, ahora sin agua debido a la sequía. / INA FASSBENDER / AFP
"Es un problema global que nos sobrepasa", resume el jefe de distrito del WSA. La frecuencia de esas sequías hace temer que el próximo verano la situación se reproduzca o agrave. Contra eso, no sirven de mucho las intervenciones puntuales o de rutina, sino acciones a largo plazo. Desde el departamento medioambiental del WSA se barajan opciones como la recuperación de las llanuras aluviales o praderas en las montañas del sur, con efecto esponja y almacenamiento de aguas en épocas invernales.
Nubarrones sobre una economía debilitada
Más al sur, en Colonia, el Instituto de Economía Alemana (IW), observa con preocupación los estragos que se derivarán de la sequía del Rin para el conjunto del país. A los desafíos logísticos que supone utilizar más barcos para transportar el mismo volumen de mercancías se suma el previsible encarecimiento de precios en el producto final y, por tanto, en el consumidor. En las cuatro primeras semanas de restricciones se multiplicaron por cuatro el número de naves circulando entre Duisburgo y Rotterdam, todas ellas con carga reducida, advierte el IW.
"Alemania negligió sus infraestructuras en esos años en que su economía funcionó a pleno rendimiento. Lo cierto es que ahora no hay alternativas ni por vía terrestre ni por vía ferroviaria para el transporte de mercancías que circula por el Rin", explica a este diario Simon Gerards Iglesias, economista del IW. Para sustituir la vía fluvial por transporte en carretera se precisarían 3.000 camiones diarios, según sus estimaciones. Al margen del desafío logístico o de personal que eso acarrearía, hay que tener en cuenta, alerta el economista, el deterioro de los puentes y autopistas de la red viaria alemana. Tampoco puede pensarse en trasladar toda esa mercancía en tren. Si la red viaria alemana está necesitada de urgente revisión el estado de la ferroviaria no es en absoluto mejor. "Tenemos, lamentablemente, una de las redes ferroviarias menos eficientes de esta parte del mundo. Sería inimaginable sobrecargarla más", alerta Gerards Iglesias.
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