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Relaciones Pekín-Moscú

Xi y Putin censuran la política internacional de Trump y cargan contra las operaciones en Irán y Venezuela

Los presidentes chino y ruso anuncia un acuerdo sobre el gasoducto Power of Siberia 2, que llevará gas natural a China a través de Mongolia

El presidente ruso, Vladímir Putin, y el chino, Xi Jinping, durante la reunión mantenida este miércoles en Pekín.

El presidente ruso, Vladímir Putin, y el chino, Xi Jinping, durante la reunión mantenida este miércoles en Pekín. / ALEXANDER KAZAKOV / AFP

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Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín

Desleal, hipócrita y desvergonzado. La política internacional de Donald Trump ha recibido de Xi Jinping una severa reprimenda apenas cinco días después de que partiera anunciando un nuevo horizonte armonioso. Tan relevante es el hecho como la compañía: Vladimir Putin. Los dirigentes rusos y chinos, en un comunicado oficial, han criticado con dureza las últimas campañas estadounidenses en Irán y Venezuela. La nueva "estabilidad estratégica constructiva", el marco de relaciones entre China y Estados Unidos que Trump anunció, se parece mucho al anterior.

El comunicado recuerda los últimos conflictos y apunta a su culpable sin citar ni a unos ni al otro. Habla de los "desleales ataques militares contra otros países, el uso hipócrita de las negociaciones para esconder la preparación de esos ataques, el asesinato de líderes de estados soberanos, la desestabilización de las situaciones políticas domésticas y los intentos de cambios de régimen, y los desvergonzados secuestros de lideres nacionales para procesarlos". Todas esas acciones, continúa, suponen una violación de los principios de la ONU y la ley internacional.

Las 21 salvas, los himnos interpretados por la orquesta militar, el paseíllo frente a las tropas y la entusiasta chavalería con sus banderas. El protocolo se repitió una semana después en el Gran Palacio del Pueblo, corazón político chino, para recibir a Putin. Su visita certifica que la armonía de sus relaciones sobrevuela cualquier contingencia y que las guerras, crisis energéticas o encuentros con Trump sólo las fortalecen.

"Calma al caos"

Los 40 encuentros en las dos décadas en el poder de Putin han convertido estas cumbres en un género en sí mismo. El guión se recita sin temor a aburrir a la audiencia. No faltaron la mañana del miércoles las críticas a la ley de la jungla, los anhelos de un mundo multipolar y las reivindicaciones de sus relaciones como una fuerza de paz y estabilidad frente a las convulsiones. "La situación internacional está marcada por turbulencias y transformaciones mientras las corrientes unilateralistas hegemónicas son cada vez más acusadas”, ha alertado Xi en probable alusión a su huésped de la semana anterior. La coordinación estratégica entre Pekín y Moscú, añadió, trae "calma al caos". Tampoco innovó Putin. Juzgó que las relaciones bilaterales "han alcanzado un nivel sin precedentes en la historia" y las describió como sosegadoras en la situación internacional.

Sobre Irán, el asunto más candente, volvió Xi a pedir diálogo. "El cese de la guerra no admite más demoras, el regreso de las hostilidades es lo menos deseable y seguir con las negociaciones es particularmente importante", dijo. No trasladó la misma urgencia, según la transcripción de la prensa nacional, a la guerra en Ucrania. La sintonía sinorusa también resiste las contradicciones: no ha dirigido hacia Moscú ninguna de sus periódicas y ejemplares críticas a Estados Unidos e Israel por sus guerras ilegales en Irán o Gaza. Sobre la de Ucrania piden la "eliminación de las causas" que la originaron, la fórmula rusa que alude a la expansión de la OTAN.

No es habitual un calendario tan apretado de cumbres. Para Xulio Ríos, fundador del Observatorio de la Política China, late la necesidad de tranquilizar a Rusia. "La clave está en que China dé garantías a Putin de que la estabilidad estratégica constructiva o el nuevo reinicio de las relaciones que pactaron Xi y Trump no va a perjudicar a Moscú. Ocurrió lo mismo cuando Trump se reunió con Putin: a Xi le preocupó que pudiera perjudicar a China", señala. Ríos pronostica acuerdos energéticos porque China pretende potenciar el suministro terrestre de hidrocarburos tras la guerra en Irán.

Acuerdo sobre el gasoducto de Siberia

Xi y Putin anunciaron un "acuerdo general" sobre el gasoducto Power of Siberia 2. Es un megaproyecto que llevará el gas natural a China a través de Mongolia. Son 50.000 millones de metros cúbicos anuales, el 12% del consumo nacional chino actual. El acuerdo ya está firmado pero no ha trascendido del plano por las discusiones sobre el precio. Hay consenso ya sobre la ruta del gasoducto y el método de construcción, ha aclarado el Kremlin, y apenas "quedan por resolver algunos inconvenientes".

Apenas pasará Putin en Pekín un día. Fue recibido a pie de pista en el aeropuerto por el ministro de Exteriores, Wang Yi, cercana ya la medianoche, y partirá a Moscú tan pronto termine sus reuniones. Trump llegó con una carpeta atiborrada de asuntos: pleitos comerciales, fentanilo, Taiwán, Inteligencia Artificial… En los sinorusos no hay divergencias notables: energía, industria, agricultura, transporte y tecnología, según la lista ofrecida Moscú. Las discusiones se limitan al habitual regateo sobre el precio de los hidrocarburos rusos. La sintonía nacional aceita la personal y permite epítetos desacostumbrados en la rígida diplomacia china. Xi se ha referido a Putin como su "más viejo amigo" y, recuperando una antigua expresión coloquial, aclarado que "un día separado de él equivale a tres otoños". Putin y Xi han compartido tortitas y cocinado empanadillas al vapor en anteriores ocasiones, entre otras escenas cotidianas. Es la proximidad y química que Trump, por más que haya colmado de elogios a Xi, nunca ha disfrutado.

La cumbre coincide con el 25 aniversario del Tratado de Amistad que puso fin a enquistados conflictos fronterizos y abrió un nuevo periodo de cooperación. La prensa china ha desvelado que el tratado será extendido. La energía, la visión compartida de un mundo más plural y la desconfianza hacia Estados Unidos han acabado con décadas de tiranteces entre las dos potencias. A Xi sólo le preocupa la economía nacional, castigada por el flácido autoconsumo y la galopante crisis inmobiliaria, mientras disfruta de un rol nuclear en la geopolítica. Putin, en cambio, llega a Pekín con el conflicto en Ucrania en carne viva, con el reciente ataque de 500 drones a Moscú y la pérdida el mes pasado de territorio por primera vez desde agosto de 2024. La guerra de Irán le ha dado un respiro. El cierre de Ormuz, principal vía de llegada del crudo a Asia, le ha proporcionado nuevos compradores para el petróleo que antes dirigía a Europa.

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