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Conferencia de Seguridad

Merz y Macron exhiben desde Múnich la "nueva fortaleza" europea frente a Trump

El canciller alemán da por finiquitado el "viejo" orden mundial, mientras el presidente francés apuesta por "refundar" su estrategia de disuasión nuclear

El canciller alemán, Friedrich Merz , durante su discurso de apertura de la Conferencia de Seguridad de Múnich, este viernes.

El canciller alemán, Friedrich Merz , durante su discurso de apertura de la Conferencia de Seguridad de Múnich, este viernes. / RONALD WITTEK / EFE

Gemma Casadevall

Gemma Casadevall

Múnich

"El orden unipolar ha terminado y el liderazgo de Estados Unidos está siendo desafiado (...). Tenía razón el vicepresidente JD Vance cuando dijo que el viejo orden mundial desapareció. Nuestra tarea, como europeos y alemanes, es reconocer esa realidad". Con estas palabras abrió el canciller alemán, Friedrich Merz, la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), una cita entre poderosos volcada en las relaciones transatlánticas. "Es el momento de una Europa fuerte, que además apoye con todas sus fuerzas a Ucrania", afirmó, ya al término de la jornada, el presidente francés, Emmanuel Macron. Sería "un gran error estratégico" pretender que la paz pueda construirse "sobre grandes renuncias" para Ucrania, añadió Macron. Incluso cuando se logre esa paz, "viviremos puerta a puerta con Rusia", recordó, por lo que Europa "debe estar representada en las negociaciones".

Un año después de que Vance dejara atónitos desde ese mismo escenario a los más firmes atlantistas con sus arengas antieuropeas, Merz, en su calidad de anfitrión de la MSC, abogó por "reparar" los lazos entre EEUU y Europa. Pero marcó al mismo tiempo distancias hacia lo que actualmente representa Estados Unidos: "El movimiento MAGA no es nuestro movimiento (...) No creemos en aranceles ni en proteccionismo, sino en libre comercio. Y respetamos los acuerdos climáticos y a la Organización Mundial de la Salud", afirmó. Se desvinculó a renglón seguido de quienes pretenden "prescindir" de Estados Unidos como grandes socios: "Eso es menospreciar el potencial de nuestras relaciones con EEUU, aunque estas deban cambiar".

Merz se alineó así entre los que no tratan de minimizar las grietas aparecidas en la relación con EEUU con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Insistió en su apuesta por el rearme y su propósito de dotar a Alemania del "ejército más poderoso de Europa". Y confirmó que ha abordado "conversaciones sobre la disuasión nuclear europea" con Macron, el líder del único país de la UE con armas atómicas propias. "La estrategia de disuasión nuclear francesa no es nueva. Pero ha llegado el momento de refundarla", añadió, lo que debe encajarse en el concepto de rearme europeo.

El rearme como ambición compartida

El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, cuya docilidad hacia el presidente de EEUU causa crispación entre algunos europeos, optó desde Múnich por incidir en los avances en el rearme que reclama Washington de sus aliados. "Se ha producido ya un cambio de mentalidad. Europa ha dado un paso adelante y asume su responsabilidad ante la OTAN y frente a su propia defensa", aseguró Rutte, ante una MSC erigida en test oficioso sobre el estado de las relaciones transatlánticas.

"Tenemos que rearmarnos. Tanto y tan rápido como nos sea posible", fue el mensaje de la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, a su llegada a la capital bávara. Unas horas después, la líder danesa se reunió con el secretario de Estado, Marco Rubio, quien este año encabeza la delegación estadounidense. Fue una reunión de unos 15 minutos, compartida además con el presidente autonómico de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen.

El cambio de mentalidad al que alude Rutte se mide ya en cifras, recordó la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. De los 8.000 millones de euros en defensa del último presupuesto comunitario para siete años se pasó ahora a movilizar 800.000 millones para la defensa europea. El objetivo es "cerrar brechas persistentes", según Von der Leyen, quien destacó además los 100.000 millones de euros otorgados al programa SAFE de compra conjunta de los Estados miembros para proyectos de defensa.

Que estos esfuerzos apacigüen de forma duradera a Trump o hagan avanzar de una vez a Europa hacia una autonomía defensiva, ahora propulsada por el tono hostil de la Casa Blanca, es cuestión dominante en las tres jornadas de discusiones, debates y encuentros a puerta cerrada en Múnich. El hecho de que Frederiksen se reuniera con Rubio eleva el nivel de las negociaciones entre Dinamarca y Estados Unidos en torno a Groenlandia. Hasta ahora, la representación danesa había correspondido a su ministro de Asuntos Exteriores, Lars Fokke Rasmussen, un político tenaz y hábil negociador.

Reparar grietas o asumir un camino sin retorno

Sobre la MSC pesa el dilema entre reparar los estropicios asestados por Trump a las relaciones transatlánticas o considerar que se entró en un camino sin retorno. La intervención de Trump en el anterior gran foro global entre poderosos, en Davos, donde descartó una intervención militar en Groenlandia, contribuye a la conciliadora representada por Merz, para quien la relación transatlántica es "irrenunciable". En términos parecidos a los del canciller se pronunció el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares: "Nosotros creemos en una europea soberana e independiente, pero esto no excluye que queremos una relación transatlántica tan fuerte como sea posible", afirmó, en un aparte con medios españoles, tras intervenir en la MSC en un panel centrado en Palestina y el futuro de Gaza. Para Albares, "es evidente que se ha producido una ruptura del orden mundial", pero también que la alianza transatlántica "ha dado décadas de paz y estabilidad" y que "una alianza fuerte transatlántica no excluye una Europa soberana y fuerte".

El caso es que al anuncio de Trump en Suiza ha seguido la activación de la misión Centinela del Ártico ('Artic Sentry') de la OTAN, con una importante contribución militar europea. Dinamarca aportará cuatro F35. Se da por superado así un capítulo de máxima toxicidad en las relaciones con Trump, que hasta ahora usó el argumento de que el gobierno danés no defendía como corresponde la isla ártica, su territorio autónomo.

El presidente de la MSC, Wolfgang Ischinger, se ha asegurado que en la presente edición no falten voces críticas estadounidenses. El secretario de Estado, Marco Rubio, mantuvo ya este viernes una bilateral con Merz e intervendrá el sábado ante la MSC. De él se espera un tono menos virulento que el marcado el año anterior por el vicepresidente JD Vance. Su intervención se interpretó como la primera señal de aviso de que nada iba a ser como siempre en las relaciones transatlánticas. Se produjo unas semanas después del regreso a la Casa Blanca de Trump, que a partir de ahí no ha escatimado en lenguaje hostil o hasta humillante hacia los aliados europeos.

Ischinger ha invitado a su foro a un grupo de 50 senadores y congresistas estadounidenses, incluidos demócratas o voces críticas dentro de los republicanos. Por parte demócrata, se esperan al gobernador de California, Gavin Newson, y a la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, ambos exponentes de la oposición frontal hacia el presidente. Y también acudirá la exsecretaria de Estado y excandidata a la Casa Blanca Hillary Clinton.

Informe contundente

La MSC marcó ya ciertas pautas con un informe anual en que se advertía contra la "bola de demolición" que para el orden mundial representa Trump. El título genérico de esta edición de la conferencia es "Bajo Destrucción", lo que, en palabras del ministro de Asuntos Exteriores alemán, Johann Wadephul, refleja "los complejos momentos actuales".

Se han limado asperezas desde la intervención de Trump en Davos. Frederiksen no se amilanó frente a la superpotencia, defendió que Groenlandia no está en venta y logró el apoyo de sus principales socios europeos. Lo hizo desde su posición de líder de un país profundamente atlantista y favorable al rearme.

Frederiksen compartirá el sábado uno de los debates de la MSC con el jefe del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el presidente finlandés, Alexander Stubb. El de la MSC es un programa intenso, repartido en tres jornadas, con unos 60 jefes de Estado o de Gobierno, además de una treintena de ministros. Hay muchos ámbitos de la geopolítica global "bajo destrucción", pero las relaciones transatlánticas y los dilemas europeos dominan la cita.

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