Represión en EEUU
Las deportaciones de Trump golpean la escena jazzística de Nueva York
El barcelonés Albert Marquès graba 'Dialogue' junto a Rachel Therrien, una artista canadiense deportada

La trompetista Rachel Therrien y el pianista Albert Marques, en una imagen promocional. / Jefrrey Romanow / Cedida
Carlos Pérez Cruz
Acostumbrado a liderar proyectos con una fuerte carga política y social, el pianista barcelonés Albert Marquès no imaginaba que las políticas contra la inmigración de Donald Trump acabarían cruzándose en medio de uno de sus trabajos más lúdicos, un juego de improvisación con la trompetista canadiense Rachel Therrien. Después de un año y medio de grabaciones en un estudio neoyorquino, Therrien no pudo llegar al concierto de presentación del disco. Dos días antes, la artista, de 38 años, fue detenida en el aeropuerto de Miami y deportada a Canadá tras más de una década de residencia legal en Estados Unidos.
“Ahora mismo estoy afrontando el duelo”, explica Therrien desde Vancouver en conversación con EL PERIÓDICO. Han pasado apenas unos meses desde aquel episodio en que estuvo detenida más de treinta horas y separada de su marido, de origen cubano, al que Estados Unidos acababa de conceder un visado que le iba a permitir vivir con ella en Nueva York. La trompetista acabó en Montreal, él de vuelta a La Habana. Veinticuatro horas después de aterrizar en Quebec, Therrien encendía su ordenador para ofrecer el concierto desde la distancia. Ella desde su casa familiar, Marquès sentado al piano de la Jazz Gallery, uno de las principales salas de jazz de Nueva York. La actuación tuvo una parte “terapéutica”, apunta el pianista, de 40 años, que se suma a la conversación desde la misma ciudad a la que Therrien tiene prohibido regresar en un lustro.
La velada resultó muy diferente a 'Dialogue', trabajo del que se acaba de publicar el segundo volumen. En vez de una muestra de la espontaneidad y frescura con la que abordan los standards de jazz e improvisaciones libres que recogen ambos discos, Therrien y Marquès aprovecharon el evento para relatar lo sucedido y transformar en música el mal trago de unas horas que “han cambiado mi vida”. La canadiense afirma que se encontraba “en un momento clave” de su carrera. Solo en tres meses, la deportación le ha supuesto pérdidas por valor de 20.000 dólares en ingresos previstos por compromisos profesionales. De no haber sido por su expulsión del país, hubiera acudido a la reciente gala de los premios Grammy como integrante de la orquesta del nominado Arturo O'Farrill.
La larga experiencia como artista y activista de Albert Marquès hizo posible que el concierto funcionara en la distancia. El pianista lleva años trabajando con Keith LaMar, poeta y apasionado del jazz, que se encuentra en el corredor de la muerte desde hace tres décadas e interviene por teléfono en los conciertos de Freedom First con los que denuncia su condena. Marquès puso en marcha también Amplify Voices, una serie de conciertos y grabaciones con el objetivo de dar voz a quienes padecen la violencia de Estado y la censura, tanto en Estados Unidos como en España, donde ha colaborado con el rapero encarcelado Pablo Hasél. A Rachel Therrien, la experiencia del catalán en este tipo de acciones de arte activista le permitió explicar una deportación que los agentes de aduanas justificaron por una supuesta violación de las condiciones de su visado.
Aparente infracción administrativa
“Ayudé a una amiga embarazada que vendía artículos de Navidad”, relata Therrien. Una aparente infracción administrativa -percibir recompensa por un trabajo que no ampara su visado- fue sancionado con la expulsión inmediata. Para Marquès, la trompetista es víctima de una administración que “ha deportado más gente en situación regular que en situación irregular”. Para protegerse, él mismo, que lleva más de una década viviendo en Nueva York, completó recientemente su proceso de naturalización y ya tiene el pasaporte estadounidense. A pesar de sus reticencias por razones ideológicas, Marquès hizo caso de una amiga abogada que le advirtió de que su activismo le ponía en riesgo y de que no podría protegerlo si no adquiría la ciudadanía. “Me asustó mucho”, admite el músico, para quien los hechos prueban que la abogada “tenía razón”.
Therrien, por su parte, espera que la ayuda legal que está recibiendo le permita regresar a Estados Unidos. Allí le esperan sus pertenencias (la echaron con lo puesto) y una carrera frenada en seco por Donald Trump.
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