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Represión en el país anatolio

Erdogan: detenciones y represión para domesticar a la oposición

Durante el último año el presidente turco ha redoblado su represión contra el principal partido de la oposición turca, que lucha para subsistir mientras ve como gran parte de su liderazgo es puesto entre rejas

Un policía antidisturbios lanza gas lacrimógeno contra un manifestante que protestaba en Estambul por la detención del alcalde local Ekrem Imamoglu.

Un policía antidisturbios lanza gas lacrimógeno contra un manifestante que protestaba en Estambul por la detención del alcalde local Ekrem Imamoglu. / Huseyin Aldemir / AP

Adrià Rocha Cutiller

Adrià Rocha Cutiller

Estambul

Es algo casi diario: las televisiones, casi cada mañana, abren en Turquía con 'últimas horas' y 'últimos minutos' parecidos: una decena de detenidos de madrugada, esta vez en el ayuntamiento de un distrito de Estambul, o una provincia de la costa del mar Egeo, todas controladas por el principal partido de la oposición, el Partido Republicano del Pueblo (CHP).

Al otro día, los detenidos tienen otro perfil: periodistas opositores, izquierdistas e, incluso, reporteros y empresarios vinculados a canales considerados favorables al gobierno. Las detenciones, casi siempre de madrugada, vuelan en todas direcciones, pero parecen tener un mismo objetivo: acabar con el CHP, partido que, en la actualidad, ganaría las próximas elecciones en intención de voto, según la gran mayoría de sondeos. 

Esta ola enorme de represión empezó en marzo de 2025, con la detención —la hora está por supuesto— del alcalde de Estambul, el opositor Ekrem Imamoglu, también candidato del CHP a la presidencia de Turquía. Imamoglu es, aún desde la cárcel, el gran rival político del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan

"Desde la detención de Imamoglu, Turquía está transitando desde un régimen autoritario pero competitivo a uno plenamente autoritario. De hecho, yo y mi equipo fuimos unos de los primeros de escribir e investigar esta transición", explica el experto Berk Esen, profesor de la Universidad de Sabanci, que continúa:

"A pesar de un terreno de juego amañado en favor del gobierno, con el control férreo de Erdogan de la prensa y media, el presidente turco sigue igualmente pensando que no podría derrotar a Imamoglu en las próximas elecciones presidenciales, programadas para 2028, y por esto está intentando eliminar por completo a su rival más fuerte y su estructura. Y esto no me parece que termine aquí, ni solo con el CHP: Erdogan está dispuesto a eliminar cualquier actor o partido político que le suponga una amenaza".

Números que asustan

Los números asustan: desde marzo, la justicia turca ha ordenado la detención de cerca de 200 políticos del CHP, entre ellos trabajadores y allegados de Imamoglu, pero no solo. También más de una docena de alcaldes de ciudades y distritos, acusados —junto con Imamoglu— de supuestamente pertenecer a una “banda de corrupción criminal”. 

El parlamento turco también ha aprobado una moción para llevar a voto el levantamiento de la inmunidad al líder del CHP, Özgür Özel, que se enfrenta a seis investigaciones, en su caso por insultos a instituciones y al propio Erdogan. "Cada vez que el secretario general del CHP está contra las cuerdas o desvía la atención, o se da a su agresividad o empieza a soltar sandeces. Es una pérdida de tiempo gastar mi aliento en este individuo. Le rezo a Dios para que le dé algo de sabiduría", dijo Erdogan la semana pasada, en uno de sus mensajes más suaves contra Özel y el CHP.

"Erdogan busca domesticar a la oposición y convertirla en una oposición sistémica y dócil como en Rusia. En Turquía, el ascenso hacia el autoritarismo, sin embargo, ha sido gradual y pausado, durante los últimos 15 años, y en este sentido se parece bastante a lo ocurrido en India y Hungría. Creo que el plan del gobierno turco con estos movimientos judiciales, en mi opinión la escala autoritaria más radical en la historia de la República de Turquía bajo gobiernos civiles, es acabar con el movimiento de protesta empezado en marzo por el CHP, que se ha visto reducido en número pero que sigue semanalmente. La idea parece ser cansar a los manifestantes mostrándose inevitable", dice Esen.

Tecno nacionalismo

En los últimos meses, mientras la economía turca se recupera de años de una crisis inflacionaria enorme —a expensas de una población cada vez más enterrada bajo los altos precios y una línea de la pobreza que absorbe un porcentaje de la sociedad cada vez mayor—, Erdogan se ha centrado en justificar su gobierno a través del tecno nacionalismo militar, con la expansión enorme de la industria de defensa turca, y el acoso y derribo contra la oposición.

En cada ocasión que Erdogan ha recibido el foco internacional, como en las negociaciones en Gaza, Ucrania y Siria, el presidente turco se ha dedicado de atacar a sus rivales, asegurando que son demasiado “domésticos” y "no están preparados" para entender la geopolítica mundial.

"La gran pregunta es si esto funcionará. Turquía no es Rusia, y tiene una oposición viva, conectada a la sociedad. El descontento popular sigue. Y con todo: aún en el caso de que a corto plazo Erdogan vea que la estrategia funciona, me cuesta entender cuál es su objetivo final, porque la economía y la situación política turca son muy inestables, y el gobierno, con sus movimientos, está perdiendo una parte de su legitimidad popular. Y sin un heredero claro, no sé cuánto se puede sostener esta política represiva", asegura Esen.

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