Estados Unidos
Trump exhibe el acuerdo de paz entre la República Democrática de Congo y Ruanda mientras recrudece sus ataques racistas a Somalia
La firma, y el anuncio de acuerdos bilaterales con los países africanos para obtener minerales raros, se ha celebrado en la sede del Instituto de la Paz de EEUU, que el presidente ha rebautizado con su nombre

Donald Trump entre el presidente de Ruanda, Paul Kagame, y el de la República Democrática del Congo, Felix-Antoine Tshisekedi, este jueves en Washington. / EVAN VUCCI / AP

Los esfuerzos de Donald Trump por presentarse como alguien capaz de poner fin a guerras (ocho según su contabilidad) y las profundas contradicciones tras ese empeño de un mandatario que insulta a naciones y se mueve por intereses económicos han tomado forma este jueves en Washington DC.
El presidente ha invitado a la Casa Blanca a sus homólogos de Ruanda, Paul Kagame, y la República Democrática de Congo, Felix Tshisekedi, y luego ha participado en una ceremonia de firma del acuerdo de paz entre las dos naciones, que él ha contribuido a gestar y que ha bautizado como los "acuerdos de Washington".
El acto se ha celebrado en la sede en la capital del Instituto de la Paz de Estados Unidos, un edificio que el republicano cerró al principio de su mandato pero que ha reabierto la víspera de esta firma. Y lo ha hecho colocando su nombre en letras plateadas en la entrada del edificio, que ahora está rebautizado en su propio honor.
Minerales raros y tensión sobre el terreno
"Hoy es un gran día para África y para el mundo", ha dicho Trump antes de la firma en una intervención donde también ha informado de la firma de acuerdos bilaterales con los dos países africanos. "Abrirán nuevas oportunidades para EEUU para acceder a minerales críticos y darán beneficios económicos a todo el mundo", ha dicho sobre esos acuerdos. "Vamos a extraer minerales raros y bienes y pagar y todo el mundo va a hacer mucho dinero".
Kagame y Tshisekedi, por su parte, han celebrado la firma de un acuerdo cuyos términos delinearon ya hace meses. La realidad sobre el terreno en sus países, no obstante, obliga a rebajar el entusiasmo que ha permeado en sus discursos y en el de Trump, que ha hablado de "una nueva era de armonía y cooperación".
El miércoles, un día antes de la firma, llegaron informaciones del estallido de fuertes combates cerca de la frontera, en la zona del este de la República Democrática del Congo donde ha tomado control la milicia M23. Esta, según denuncia Kinshasa, recibe ayuda material de Ruanda y ha establecido un gobierno paralelo que controla todo, incluyendo las cadenas de suministros de minerales.
Ataques descarnados a Somalia
A la ceremonia han asistido como invitados otros líderes y representantes de naciones africanas, incluyendo Angola, Burundi, Kenia, Togo y Uganda, así como representantes de Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Y muchas de esas naciones, incluyendo RDC, han sido en el pasado insultadas por Trump.
Habitualmente los ataques racistas y xenófobos del republicano se producen en el marco de conversaciones sobre inmigración. Ya desde su primera presidencia estuvo hablando de "agujeros de mierda" y en la campaña de 2024 señaló de forma singular a la supuesta llegada a EEUU de criminales llegados de la República Democrática de Congo, a cuyo líder alababa este jueves.
Esas loas a líderes africanos en la ceremonia en Washington llega en el mismo momento en que Trump está recrudeciendo y llevando a niveles inéditos los ataques racistas contra Somalia. En los últimos días ha denostado repetidamente al país como "basura" y ha llegado a decir que "casi no cualifica como país". "No tienen nada, solo van por ahí matándose unos a otros, no hay estructura", llegó a declarar el miércoles.
Esta vez sus ataques a Somalia también se relacionan con acometidas contra la inmigración, especialmente en el estado de Minnesota, gobernado por el demócrata Tim Walz y por el que fue elegida la congresista demócrata nacida en Somalia Ilhan Omar. Pero la crudeza y brutalidad de los insultos está llegando a cotas nunca vistas en una presidencia democrática moderna.
Crímenes de guerra
Las contradicciones en una jornada como esta de ese Trump que repite sin pudor que se cree merecedor del premio Nobel de la Paz son más. La gran tormenta política que sacude EEUU ahora se mueve alrededor de la campaña militar lanzada por su Gobierno contra supuestas narcolanchas y sus ocupantes.
Crecen las sombras de que en esa campaña, señalada ya por muchos como de legalidad cuestionable, se han cometido crímenes de guerra, especialmente en el primero de los ataques, el 2 de septiembre. Entonces se lanzó un segundo misil para matar a dos supervivientes que se habían aferrado a los restos de una embarcación atacada.
Según reveló la semana pasada 'The Washington Post', ese segundo misil se lanzó para cumplir órdenes que habría dado verbalmente el secretario de Defensa, Pete Hegseth, de "matar a todos". El jefe del Pentágono ha negado la información y ha atribuido la decisión al almirante Frank Bradley, que este jueves ha testificado a puerta cerrada ante el Congreso.
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