Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

EEUU

La campaña de venganza política de Trump avanza con la imputación del exdirector del FBI James Comey

El presidente había intensificado sus presiones a la fiscal general y ha logrado que una abogada sin experiencia a la que elevó contradiga la opinión de fiscales que no ven indicios sólidos para acusar a Comey

Archivo - El exdirector del FBI James Comey presta juramento por videoconferencia durante una audiencia del Comité Judicial del Senado en Washington, D.C., Estados Unidos

Archivo - El exdirector del FBI James Comey presta juramento por videoconferencia durante una audiencia del Comité Judicial del Senado en Washington, D.C., Estados Unidos / Europa Press/Contacto/Stefani Reynolds - Pool Via

Idoya Noain

Idoya Noain

Nueva York

La cruzada de venganza personal de Donald Trump contra los que considera sus enemigos políticos o responsables de lo que durante años llamó "caza de brujas" en su contra ha escalado de forma considerable este jueves. James Comey, exdirector del FBI con el que Trump lleva años enfrentado, ha sido imputado por un gran jurado en un tribunal federal de Virginia y acusado de mentir al Congreso y de obstruir una investigación de las Cámaras.

Solo hay un precedente de imputación de un exdirector del FBI, pero en el caso de Comey es inédita la celebración de Trump una vez que se han conocido los cargos. Sin hacer el más mínimo esfuerzo por mantener siquiera la apariencia de dejar a la justicia seguir su curso con independencia, el republicano ha celebrado pletórico en un mensaje en Truth Social la imputación. Esta está construida sobre una base tan endeble que había sido desaconsejada por los fiscales. Numerosos expertos y cargos de Justicia la ven, además, como enormemente problemática y con el potencial de provocar dimisiones y erosionar confianza en las fiscalías.

“¡Justicia en EEUU!”, ha escrito en mayúsculas Trump, antes de tildar a Comey como “uno de los peores seres humanos a los que el país se ha expuesto”. “Ha sido tan malo para nuestro país, por tanto tiempo, y ahora empieza a rendir cuentas por sus crímenes contra nuestra nación”, ha escrito.

El propio Comey, por su parte, ha colgado en Instagram un vídeo con una declaración de inocencia y ha prometido que se probará inocente en un juicio. “No viviremos arrodillados y ustedes tampoco deberían”, ha dicho el exdirector del FBI, que ha declarado que su familia y él han sabido “durante años que había costes asociados a plantarse ante Donald Trump”. 

En su mensaje ha hecho referencia a su hija Maurene, que trabajaba en el Departamento de Justicia como fiscal en el caso de Jeffrey Epstein y fue despedida de su puesto este verano. “Alguien a quien amo dijo recientemente que el miedo es la herramienta del tirano y tiene razón”, dice Comey, que de ser condenado podría enfrentar hasta cinco años de cárcel. “No tengo miedo y espero que ustedes tampoco”.

Años de tensión

Trump despidió a Comey en su primer mandato, en mayo de 2017. Inicialmente aseguró que lo había hecho por la gestión de Comey en el caso del servidor de correo electrónico de Hillary Clinton (aunque las decisiones en la campaña de 2016 del entonces director del FBI fueron dañinas para la candidata demócrata). Luego, no obstante, Trump admitió que lo había despedido por su investigación sobre posibles lazos de la campaña de Trump con Rusia.

Ese despido llevó al nombramiento de Robert Mueller como fiscal especial. Y Comey en 2020 testificó ante el Congreso para defender su investigación de Trump, y los republicanos le acusaron de haber mentido sobre filtraciones de documentos.

Presión y venganza

Es imposible negar la implicación directa de Trump en la imputación. El 19 de septiembre dijo a los periodistas que quería ver “fuera” a Erik Siebert, que era el fiscal en Virginia que supervisaba el caso contra Comey. 

Siebert se negaba a presentar cargos contra el exdirector del FBI y había expresado al Departamento de Justicia sus dudas de que hubiera base para acusarle y de que se pudiera lograr una condena. Es lo mismo que dijo sobre la fiscal de Nueva York Letitia James, otra de las personas a las que Trump ha puesto en su diana y cuyo caso supervisaba también.

Horas después de las palabras de Trump elevando la presión para su salida, Siebert dimitió. El presidente se atribuyó haberlo despedido.

Trump no se quedó ahí. Al día siguiente, en otro momento extraordinario, colgó mensajes en Truth Social haciendo saltar por los aires la separación de poderes y lanzó una reprimenda a su fiscal general, Pam Bondi, pese a que como todos los miembros de su Administración ella le ha mostrado lealtad absoluta, por no haber logrado aún imputaciones de sus enemigos políticos.

Trump instó a Bondi a actuar para llevar a juicio a Comey, James y al congresista demócrata Adam Schiff. “Es la misma historia de la última vez: pura palabrería y nada de acción. No se está haciendo nada. ¿Y qué hay de Comey, Adam Shifty Schiff y Leticia? Son todos culpables, pero no pasa nada”, escribió en el mensaje. 

Lealtad sobre experiencia

El presidente reemplazó a Siebert por Lindsey Halligan, que había sido abogada personal suya y no tenía ninguna experiencia como fiscal. A comienzos de esta misma semana los investigadores y fiscales de la oficina en Virginia le presentaron un memorando en que recomendaban no buscar cargos contra Comey, porque decían que no habían encontrado ningún indicio sólido.

Aun así, y a las puertas de que el día 30 venciera el plazo antes de que prescribieran los supuestos delitos, pues en el centro está un testimonio de Comey al Congreso en septiembre de 2020, Halligan ha logrado la imputación por parte de un gran jurado, algo que no es del todo complicado pues solo la fiscalía presenta en esa parte del proceso su caso.

No solo Halligan ha expresado con acciones esa lealtad. Bondi, la fiscal general a la que el presidente había abroncado públicamente el fin de semana con su mensaje,, ha escrito este jueves en X tras la imputación que esta muestra el "compromiso del Departamento de Justicia con hacer que rindan cuentas los que abusan posiciones de poder”.

El actual director del FBI, Kash Patel, también ha aplaudido la imputación. “Durante demasiado tiempo liderazgos previos corruptos usaron como un arma las agencias federales de la ley, dañando instituciones antes orgullosas y erosionando de forma severa la confianza pública. En ningún sitio la politización fue más flagrante que durante la estafa del “Rusiagate’, un capítulo vergonzoso en la historia que seguimos investigando y exponiendo. Todo el mundo, especialmente los que estaban en posiciones de poder, rendirá cuentas”, ha escrito.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents