Como signo de los tiempos que parecen avecinarse en Sudamérica, en el mismo momento que el ultraderechista Jair Bolsonaro abandonaba Brasil rumbo a Estados Unidos, cargando el peso de su derrota, en Caracas, la Asamblea Nacional electa en 2015 le extendía un certificado de defunción a la "presidencia encargada" de Venezuela del exdiputado Juan Guaidó. Los legisladores que, según el madurismo, habían cesado en sus funciones hace dos años pero sesionaban en un hotel caraqueño, decidieron poner fin a un Gobierno interino que nunca existió más allá del reconocimiento de Estados Unidos y una serie de países que después se desentendieron de la propia figura de Guaidó. El fin de su "mandato" se selló 72 votos a favor, 29 en contra y ocho abstenciones.

De esta manera, los propios opositores que, a fines de enero de 2019 lo habían ungido como vía para desembarazarse de Nicolás Maduro, terminaron por aceptar el fracaso de la alternativa que habían diseñado para propiciar un cambio político en Venezuela. Casi cuatro años atrás, Guaidó, por entonces un ignoto legislador de Voluntad Popular, el partido más intransigente con el Palacio de Miraflores, liderado por Leopoldo López, se presentó en sociedad y ante una multitud como la solución al conflicto político interno. Frente a miles de personas se autoproclamó la autoridad legítima del país. Donald Trump lo bendijo de inmediato.

El respaldo de la Casa Blanca le permitió a la oposición acceder a importantes recursos públicos en el exterior, como el control de Citgo, filial de la estatal Petróleos de Venezuela en Estados Unidos. Al compás de esos apoyos, obtuvo también un fallo favorable en el Tribunal Superior de Londres, que reconoció la legitimidad de Guaidó y le entregó el control sobre 2.000 millones de dólares en oro que se encuentran en el Banco de Inglaterra a nombre del Banco Central de Venezuela.

Sin resultados

Más allá de esas victorias, Guaidó fue de tropiezo en tropiezo político. Intentó forzar la salida violenta de Maduro y falló en todos los intentos, que incluyeron en abril de 2019 un llamado sin eco a la desobediencia de los militares que, en rigor, cogobiernan en Venezuela. Su nombre estuvo incluso asociado a acciones armadas que tampoco llegaron a buen puerto. El entorno de Guaidó no fue ajeno a la llamada Operación Gedeón que, en mayo de 2020, durante el comienzo de la pandemia, intentó llevar a cabo una incursión en playas cercanas a la capital.

Con el correr de los años, la figura de Guaidó se fue deshilachando al punto de que importantes dirigentes opositores comenzaron a darle la espalda y considerarlo apenas un sello de goma. Henrique Capriles, quien representó a la oposición en dos elecciones, una ante Hugo Chávez y la siguiente frente a Maduro, llegó a definirlo con ironía como un presidente de la realidad virtual.

Un nuevo escenario

Los cambios en Estados Unidos y en Colombia, donde por primera vez la izquierda asumió el poder, sumado a la reanudación del diálogo en México entre el madurismo y buena parte de sus adversarios para encauzar el conflicto interno terminaron por asestarle la última estocada a su figura. La oposición ya se prepara para participar de las próximas elecciones presidenciales en las mejores condiciones de transparencia posibles y bajo la vigilancia internacional.

 En este contexto, los partidos Un Nuevo Tiempo (UNT), Primero Justicia (PJ), Movimiento por Venezuela (MPV) y Acción Democrática (AD) impulsaron el cese de la "presidencia encargada", una acción que Guaidó calificó de suicidio. "El hecho político de eliminar una herramienta constitucional no nos pone en mejor posición. Hoy pierde Venezuela y celebra la dictadura. Anular la presidencia encargada de Venezuela es dar un salto al vacío". Guaidó preguntó a sus excompañeros de ruta cómo asumirán las responsabilidades ante la sociedad y la comunidad internacional.

 "Si Maduro dio la orden para detenerme como ya lo hizo en 2019 de detenerme aquí voy a estar. Apelamos a la conciencia de los venezolanos. Sepan que en 2023 será un año de participación y unidad. Los venezolanos sienten incertidumbre, hay incluso dolor", dijo.

De acuerdo con Margarita López Maya, historiadora y autora del ensayo El ocaso del chavismo, el ciclo de Guaidó se había agotado hacía mucho tiempo, entre otras razones por la pérdida de su popularidad. A su criterio, nunca fue un líder sino un seguidor de Leopoldo López, el hombre que, ahora desde España, maneja el partido Voluntad Popular.

La caída definitiva de Guaidó tiene lugar en momentos que Maduro, en virtud de la crisis energética mundial derivada de la guerra en Ucrania, ha pasado de ser un paria global a un interlocutor furtivo de Washington. Si durante los momentos de mayor lustre del “Gobierno interino” nunca perdió el control del Estado, la disolución de ese cargo lo muestra como ganador de la confrontación con sus contendientes. Maduro lo celebró con el anuncio de que el PIB venezolano ha crecido un 17% en 2022, después de años de derrumbe.