Asia
China aborta con un fuerte despliegue policial las protestas contra la política de cero covid
El país bate otro nuevo récord de contagios y supera el listón de los 40.000 nuevos casos diarios tras cinco días de récords consecutivos

Agencia ATLAS | EFE
Adrián Foncillas
Decenas de coches policiales con sus luces rojas y azules esperaban en los aledaños de una estación de metro de Haidian, el distrito universitario de Pekín, elegida para la protesta en una aplicación de móvil encriptada. Uniformados y agentes de incógnito patrullaban sus accesos y concurría también una ventisca helada así que los jóvenes que emergían de los escaleras mecánicas, asumidos el clima hostil y una inferioridad numérica que lindaba con la soledad, concluyeron que habría mejores oportunidades para gritar sus lamentos contra la política de cero covid. Una presencia policial igualmente atosigante se desplegó desde el alba en la shanghainesa Avenida Urumqi. Ahí se juntaron agentes, camiones y vallas levantadas para impedir el fragor de las dos noches anteriores. Un periodista de la BBC fue golpeado, varios jóvenes fueron detenidos y se escucharon proclamas contra el partido y su secretario general, Xi Jinping.
El despliegue policial en las zonas más calientes impidió que se repitieran las protestas del fin de semana. No fueron mayoritarias, apenas unos cientos de manifestantes, y discurrieron en un ambiente pacífico salvo incidentes aislados. Pero la estabilidad social es innegociable en China y urgía desactivar el efecto contagio. El tiempo dirá si la policía basta para atajar la ola de descontento que incumbe especialmente a Xi, entusiasta defensor de la política. Es la primera crisis social con la que lidia el presidente con más poder de las últimas décadas y habrá que comprobar su fuste en las dificultades. El Ministerio de Exteriores minimizaba esta tarde las turbulencias recientes y acusaba a fuerzas extranjeras que no concretó de estimularlas con objetivos espurios.

Familiares y amigos de las víctimas del incendio. / EFE
Más linimento que sal, esa es la fórmula. No escasea la indignación popular y la represión sólo la acentuaría. Algunas de las medidas aprobadas este lunes liman los aspectos más áridos de la política en ciudades con la paciencia ya mermada. En Guangzhou, la macrociudad del sur, las personas en cuarentena han sido eximidas de su prueba PCR diaria. Habían sido obligatorias para profesores y alumnos, incluso para los que estudiaban en línea, desde octubre. En Urumqi, la capital provincial de Xinjiang, se permite ya comprar, trabajar y el transporte público en las zonas de riesgo bajo a una población que suma tres meses con limitaciones de movimiento. El restablecimiento de algunos vuelos, además, ha roto con su aislamiento del país.
Mayor flexibilidad
Pekín ha prohibido vallar los edificios confinados, jubilando las ya icónicas barreras azules metálicas que aparecían de la noche a la mañana. Todos los obstáculos que bloquean las salidas de incendios y las puertas comunitarias deberán ser retirados, ha concretado el consistorio. El objetivo es impedir tragedias como la decena de muertos en un inmueble de Urumqi, la capital provincial de Xinjiang, que quedaron atrapados durante un incendio. Ahí nacieron en la noche del jueves las protestas que se extendieron durante el fin de semana a media docena de ciudades del país.
El nuevo mantra alude a la "optimización y refinamiento" de la estrategia. Las zonas de alto riesgo serán más reducidas y limitadas a las viviendas con casos confirmados, sin la alegre expansión que ordenaban los órganos de gobierno local para curarse en salud. Las normas perseveran en la tendencia que ya dibujó Pekín un par de semanas atrás, acortando la cuarentena a los contactos primarios y eximiéndosela a los secundarios. Es legítimo preguntarse hasta dónde puede flexibilizar China su política cero covid sin rebajar su eficacia porque el plan coincide con el peor escenario. El Gobierno lidia esta semana con la mayor ola de descontento social y con la mayor ola de contagios en años. Hoy superaba ya el listón de los 40.000 nuevos casos tras cinco días de récords consecutivos.

Un joven detenido por las protestas. / EFE
El Gobierno confía en que las medidas actuales basten para que amaine la tormenta, descartadas las aperturas integrales adoptadas por Occidente por la certeza de una mortandad inasumible. No es un plan muy verosímil si atendemos a la evolución creciente de los contagios de los últimos meses y a los largos confinamientos de ciudades tan relevantes como Guangzhou o Zhengzhou. La única certeza reside en los tiempos convulsos que le esperan a China, obligada a refinar sus estrategias por el método de prueba-error y consciente de que no hay vallas ni policías suficientes para acallar por siempre las protestas.
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