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Nuevo mandato

Los primeros signos del Israel más derechista obstaculizan la formación de gobierno

El ganador de las elecciones y líder del Likud, Binyamín Netanyahu, se enfrenta a las peticiones inasumibles de sus aliados ultraderechistas

Un seguidor de Netanyahu durante la jornada electoral.

Drama en el paraíso de Netanyahu. Envalentonados por una victoria histórica, los partidos de extrema derecha ponen trabas y exigencias a la formación de gobierno en Israel. El ganador de las elecciones y líder del Likud, Binyamín Netanyahu, se enfrenta a las peticiones inasumibles de sus aliados ultraderechistas desde que le encargaron la tarea de formar gobierno el pasado 20 de noviembre. Mientras, en las calles, aumentan los ataques de los colonos sobre la población palestina en los territorios ocupados, auspiciados por el discurso beligerante que ha aupado a sus representantes al poder.

"Israel necesita un gobierno de derechas ahora", decía el diputado del Likud, Yoav Kisch, horas después del doble atentado en Jerusalén de este miércoles que provocó una víctima mortal. "La situación de seguridad lo requiere", añadía. El pasado 1 de noviembre ocurrió lo inimaginable. Después de cinco elecciones que habían lanzado al país a la inestabilidad política, Binyamín Netanyahu, el artífice de este ciclo electoral sin fin, conseguía una mayoría para formar gobierno. Tres años y medio después, volvía el rey Bibi de la mano de partidos abiertamente homófobos y racistas.

Fue el mismo Netanyahu quien diseñó la asociación entre el partido Sionismo Religioso de Bezalel Smotrich y el ultranacionalista Poder Judío de Itamar Ben Gvir, junto al pequeño ultraderechista Noam, para asegurarse que la maquinaria electoral le garantizara la mayoría. La lista conjunta de las tres formaciones más de extrema derecha que han gozado de representación se convirtió en la tercera fuerza en la Knéset, el Parlamento israelí. Ahora, conscientes de lo necesarios que le son a Bibi, Smotrich y Ben Gvir batallan para hacerse con las posiciones de más poder.

Punto muerto

Ante la osadía de sus peticiones, las negociaciones han llegado a un punto muerto esta semana. Cuando Smotrich exigió el Ministerio de Defensa, Netanyahu respondió con un 'no' rotundo, arriesgándose a volver a ir a elecciones. El líder de Sionismo Religioso ha optado por postularse a la cartera de Finanzas, a la espera de que el Likud negocie con las formaciones religiosas. Ben Gvir, por su parte, abandonó el diálogo con el partido de Bibi después de que se negara a darle un ministerio adicional a su grupo que exigía la cartera de Desarrollo de la Periferia, Negev y Galilea. Finalmente, pese a la reticencia inicial, Ben Gvir será el ministro del recién creado Ministerio de Seguridad Pública, con gran control sobre la policía fronteriza de Cisjordania

Las facciones ultraconservadoras exigen una ley que legitime la segregación de género para separar a hombres y mujeres en eventos culturales, en la educación y los servicios públicos ultraortodoxos y ortodoxos para evitar lo que llaman "persecución judicial por parte del sistema legal". Netanyahu y Ben Gvir ya han acordado legalizar 65 puestos de avanzada de asentamientos durante los primeros dos meses tras la formación de gobierno. A su vez, enmendarán la ley de desconexión para permitir el regreso de los colonos a cuatro asentamientos evacuados de la Cisjordania ocupada. 

Violencia en los territorios ocupados

Esta violencia expansiva ya se ha podido vivir en Hebrón durante el primer fin de semana tras el inicio de las negociaciones. Unos 30.000 judíos israelís llegaron a la ciudad de los territorios ocupados en honor a la lectura de la Torá del Libro del Génesis en la que Abraham compra un terreno en Hebrón para enterrar a su esposa, Sara. Pero las 24 horas de la celebración han sido descritas como la peor violencia en 20 años por los residentes palestinos. Los ataques a hogares y locales empezaron la noche del pasado viernes ante la mirada impasible e, incluso, colaborativa de los soldados y la policía israelí.

Ben Gvir marchó con los colonos a la tumba. Por ello, la sociedad palestina es consciente de que los ya agresivos colonos se sienten envalentonados por una victoria que les anima a tomar el espacio público y ejercer la violencia con impunidad. "Muerte a los árabes", le han gritado una decena de jóvenes judíos extremistas a la corresponsal del canal árabe de France 24, Laila Odeh, en Jerusalén. "No queremos árabes, no queremos terroristas, vete de aquí", la han increpado entre empujones. En Jerusalén o en Hebrón, en cualquier rincón de la Palestina ocupada, los colonos imitan lo que oyen en las instituciones. La beligerancia de sus discursos ya empieza a llegar a las manos.

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