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Crónica desde Moscú: el metro, refugio atómico

El suburbano es el orgullo de los mocovitas y la red una ciudad subterránea prepara para resistir un ataque nuclear

Mural en el que aparece Lenin en la estación de metro de Baumanskaya. Álex Bustos

Cuando el escritor ruso Dmitri Glujovsky escribió la saga de libros post-apocalíptica Metro 2033, convirtió la red de túneles del metro en una pequeña ciudad bajo el invierno nuclear. Y tiene razones para elegir ese escenario para su ficción: este espacio es realmente una pequeña urbe subterránea y está preparada para resistir impactos atómicos. En los pasillos interiores de esta subciudad hay todo tipo de negocios como tiendas de comida, kioskos, puestos de souvenirs o de telefonía, e incluso se puede acceder a centros comerciales sin salir a la calle. Hacerlo en invierno es duro - el termómetro puede marcar -20º, en ocasiones incluso menos –, por ello los pasos subterráneos ayudan al peatón a congelarse lo menos posible.

Moscú presume de no dormir, como Nueva York, y esa es la sensación que se palpa en la ciudad subterránea. Durante la mayor parte del día pasa un metro cada minuto en la mayor parte de las estaciones. A pesar de ello, cada vez que un tren llega al andén, hay gente corriendo para poder subir y no perderlo. Trajeados hombres de negocios, estudiantes con los apuntes en la mano, grupos de 'riders' centroasiáticos con mochilas cúbicas, mujeres mayores con carros de la compra... todos comparten a lo largo del día los vagones del metro de Moscú.

La estación de Belorrruskaya del metro de Moscú. Álex Bustos

Y aunque las anchas calles del corazón de Rusia permiten al transeunte olvidar cuanta gente vive aquí – 12 millones según datos oficiales o 14 según estimaciones no oficiales- , en las horas punta en el metro lo recordará, pues a pesar de la frecuencia, cada vagón se llenará. Acostumbrados a esta frecuencia, los moscovitas que han viajado al extranjero se sorprenden al tener que esperar más rato en grandes ciudades como París, Barcelona o Londres.

Cualquier turista foráneo que visite la capital rusa se llevará la impresión de que Rusia vive rápido, a juzgar por lo que ve. Nada más lejos de la realidad, pues en todo el país los moscovitas son conocidos por sus prisas y su estrés. Pero en otras grandes ciudades como San Petersbugo (de 5,3 millones de habitantes) o Yekaterimburgo (1,5 millones de habitantes), la atmósfera es totalmente distinta y en su metro se respira más tranquilidad. 

El palacio del pueblo

Pocas ciudades del mundo pueden presumir de que los turistas van a su ciudad a ver el metro y no a usarlo únicamente para moverse. Era especialmente habitual en años previos que guías locales llevaran a grupos de indios, chinos o europeos a través de las redes de metro mientras explicaban el significado de historia de estatuas y mosaicos. La pandemia y el conflicto con Ucrania han hecho que esto se convierta en una estampa ya casi desaparecida, debido a las sanciones, la dificultad para viajar y la consecuente disminución del turismo.

En cualquier ruta que se proponga de la capital rusa hay una lista de estaciones marcadas como “imprescindibles”, principalmente las de la línea del anillo – la marrón – y algunas de las líneas verde, azul y roja, las más antiguas. Las estaciones más nuevas tienen un estilo completamente distinto y muchas de ellas no lucen el encanto de las más antiguas. Una de las voluntades de las autoridades soviéticas fue la de convertir este espacio en “el palacio del pueblo”. Por ello muchas estaciones del centro, las primeras que se hicieron, tienen grandes lámparas, columnas de mármol, murales y mosaicos que ilustran hechos y personajes históricos o paisajes.

El legado del comunismo

La Unión Soviética cayó hace ya más de 30 años. Pero a juzgar por las estatuas, mosaicos y murales de muchas estaciones del suburbano, aún queda algo, aunque sea simbólico, de ese espíritu proletario y soviético en las estaciones. Es por ejemplo el caso de la estación Baumanskaya, que cuenta con un mural donde se ve a Vladímir Lenin. O la de Kievskaya, con múltiples murales dedicados a hitos de la historia soviética. Una bandera de la URSS ondeante luce en el mosaico del techo del “palacio” de la estación de Taganskaya. Y así en muchas más.

Estación de Kievskaya. Álex Bustos

De la misma forma que a día de hoy se puede ver a Lenin momificado en la famosa Plaza Roja, hoy en día hay mil y un vestigios de una época en la que el país más grande del mundo en superfície era aún más extenso. Actualmente no hay ningún movimiento o proyecto para cambiar o eliminar estas referencias, a diferencia de otros países excomunistas como Ucrania o Polonia. Cuando se mira el mapa del metro, se ve que se está en la antigua capital del imperio soviético: hay la estación de los Proletarios, de los Marxistas, de los Partisanos, la Plaza de la Revolución, de la Avenida de Lenin...

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