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Guerra en Ucrania

La propaganda rusa pesca entre los negacionistas de la pandemia

Chats antivacunas se llenan de mensajes desestabilizadores o atemorizadores sobre crisis o ataque nuclear

Propaganda prorrusa y anuncios desestabilizadores aparecidos en canales de antivacunas este miércoles.

La campaña de desinformación que flanquea a las maniobras rusas en la guerra de Ucrania, y en la que los servicios de Inteligencia han identificados más de 40.000 mensajes, tiene en España su público más receptivo entre los negacionistas. Expertos en desinformación de la Policía han detectado un pastoreo intenso de propaganda rusa entre el mismo amplio sector que, durante la pandemiase opuso a los confinamientos, luego a las mascarillas en la vía pública y después a las vacunas.

Los mensajes atemorizadores, desestabilizadores o catastrofistas de inspiración rusa se inoculan en canales de Telegram, entre ellos multitudinarios chats nacidos en la pandemia, como Médicos y Ciudadanos por la Verdad, Liberum o Supercontagiadores, que se presentan genéricamente como “la resistencia”, y acogen un grueso caudal de mensajes de ultraderecha.

“No iban a desaprovechar la masa social que catalizaron durante la pandemia”, explica una fuente policial. Desde febrero ha ido variando el contenido de sus conversaciones hacia la temática prorrusa.

Ucrania es ya una colonia de Estados Unidos”, sostenía este miércoles en la mensajería Vk el canal televisivo RT. Estados Unidos, más que la UE, es objeto de constante alusión en las campañas de desinformación. Una de las frases más repetidas en la narrativa rusa sostiene: “El único país que ha usado el arma nuclear contra personas es Estados Unidos”. Ahora bien, el eslogan suele aparecer acompañado o simultáneamente con otros no tan incontrovertibles: Rusia nunca ha comenzado una guerra” o “Rusia nunca ha atacado a un país”.

En general, la desinformación “trata de presentar cualquier decisión del Gobierno en apoyo a Ucrania o la OTAN como ajena a la voluntad popular y movida por intereses financieros o poderes ocultos –explica un oficial de Inteligencia de las Fuerzas Armadas- y crear una base de sospecha general contra las instituciones, por ejemplo contraponiendo la inflación que sufrimos con el gasto en ayuda militar a Ucrania”.

Los argumentos que abundan en esta “lluvia fina” construyen un relato general según el cual el sistema democrático no es real, sino una tapadera de poderes secretos que limitan la libertad y desprotegen a la gente. “Los europeos no quieren morirse de hambre y frío por culpa del títere Zelenski y las imposiciones totalitarias de la UE globalista”, se leía este miércoles en uno de estos canales, bajo un vídeo de manifestaciones de huelguistas en Francia.

Miedo nuclear

Los mensajes buscan “reforzar el sesgo de confirmación” de sus lectores, explica la fuente mencionada. O sea, acentuar la desconfianza entre quien ya tiene desconfianza, o asustar más a quien ya está asustado.

Y en el marco del conflicto de Ucrania, el temor principal es el de un futuro de guerra nuclear. La atención pública sobre ese asunto es ya campo de cultivo de la tergiversación. El Departamento de Seguridad Nacional, órgano asesor de Moncloa, estudia como un episodio de desinformación la reciente emisión de noticias confusas, y su rastro de gradual deformación en las redes sociales, sobre un supuesto acopio de megáfonos por el Gobierno para alertar de un ataque atómico, por ejemplo. En realidad no tiene que ver con la guerra, como explicó este diario: se trata de renovar los altavoces de alarma de las centrales nucleares, como prevé su plan técnico habitual.

La desinformación rusa no solo se dirige a convencer o desestabilizar a la sociedad española. También hay una “línea de desinformación doméstica”, confirman estas fuentes, o sea, de Rusia para rusos, “para cohesionar a los seguidores de Putin y debilitar a los opositores”.

En esa línea está la creación de un ambiente de amenaza entre los rusos residentes en España. Plataformas en Alicante y Madrid “han anunciado a la colonia rusa, por ejemplo, la creación de un servicio de abogados para denunciar ataques rusófobos contra niños eslavos. No los hay, pero, al crear ese servicio, parece que sí se estuvieran produciendo”, explica una de las fuentes consultadas.

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