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Guerra en Ucrania

Los escenarios que se abren tras la anexión ilegal rusa de la Ucrania ocupada

Putin trata de cambiar el rumbo de la guerra tras las derrotas sufridas por sus tropas en las últimas semanas

Un tanque ruso destruido en Chernígov. EP

Desde el comienzo de la invasión rusa de Ucrania, dos corrientes de opinión han convivido en los pasillos de poder del Kremlin: la facción de la “operación militar especial” y la facción de la guerra. La primera ha abogado por movilizar únicamente a soldados profesionales con la esperanza de mantener el conflicto en los márgenes de la sociedad rusa y preservar así una suerte de normalidad en el día a día del país. La segunda, en cambio, apostaba por una movilización total acompañada de medidas extraordinarias para poner tanto la economía como a la sociedad plenamente al servicio del esfuerzo bélico.  

Durante muchos meses Vladímir Putin se aferró a la primera opción, pero las recientes derrotas de sus tropas en Ucrania le han obligado a cambiar de rumbo con el reclutamiento de un mínimo de 300.000 reservistas. “Ha sido una decisión difícil para Putin porque la ha pospuesto tanto como ha podido, a pesar la presión del Ejército para que involucrara a toda la sociedad en la guerra”, afirma el investigador del Crisis Group, Oleg Ignatov, afincado en Moscú hasta que el endurecimiento de las leyes contra la disidencia le obligaran a exiliarse. “La anexión de los territorios ocupados no ha sido más que el pretexto para justificar la movilización y la presumible escalada militar que se avecina”. 

El Ejército ruso no controla del todo ni una sola de las cuatro regiones ucranianas donde esta semana concluyeron los “referendos” a punta de pistola organizados por las autoridades ocupantes. Todos ellos saldados con ‘respaldos’ a la integración en la Federación Rusa que oscilan entre el 88% y el 99%. Ni Donetsk ni Lugansk, que conforman el Donbás en el este, ni Jersón ni Zaporiya, en el sur. Pero nada de eso impedirá este viernes a Putin firmar su anexión del 15% del territorio ucraniano, una anexión contraria al derecho internacional que ni siquiera países amigos como Serbia China se disponen a reconocer. 

“Putin está tratando de cambiar la dinámica del conflicto porque está perdiendo la guerra desde hace algunas semanas”, asegura Nicolás de Pedro, especialista en Rusia del Institute for Statecraft, con sede en Londres. “Con la anexión pretende crear la ficción de que los territorios ocupados son tan rusos como Moscú, lo que supuestamente cambiaría su naturaleza jurídica y política”. Dicho de otra forma, el Kremlin pretende convertir su agresión militar en una guerra defensiva y dar credibilidad a sus amenazas para emplear armas nucleares en Ucrania, constantemente repetidas por sus dirigentes. “Si nuestra integridad territorial se ve amenazada, Rusia empleará todos los medios a su disposición (para defenderla)”, dijo Putin la semana pasada. 

Amenaza nuclear para intimimdar a Europa 

El espantajo nuclear es técnicamente posible, pero según De Pedro, su principal objetivo es intimidar a Europa para que empuje a Kiev a sentarse a negociar cuando mejor le van las cosas en el campo de batalla. Sus tropas no solo han recuperado la región de Járkov, sino que siguen liberando localidades importantes en el Donbás, mientras siguen aflorando informaciones sobre la desmotivación de las tropas rusas, su falta de pertrechos o su mala preparación. “Putin necesita una salida y, de momento, no la tiene. Con la amenaza nuclear va a tratar de asustar a los europeos para forzar una negociación”, opina el analista. Su problema es que mientras la contraofensiva ucraniana siga dando frutos y Kiev mantenga el apoyo férreo de Washington Londres esa vía no parece tener mucho futuro.  

En Moscú, sin embargo, hay cierta esperanza en que la anexión sirva para corregir algunos de los problemas que ha enfrentado estos meses. Empezando por los soldados que se han negado a ir al frente porque sus contratos solo les obligan a defender el territorio ruso. “Al declarar las regiones ucranianas ocupadas como parte de Rusia el problema desaparecería”, ha escrito el analista del Carnegie Endowment, Alexander Baunov. Y luego está el problema de motivación de la tropa. “Los militares estarán mucho más motivados si defienden la soberanía territorial rusa que cualquier región ucraniana bajo su control”, dijo recientemente desde la Academia Rusa de las Ciencias, Dmitry Trenin, un analista cercano al Kremlin.  

En cualquier caso, el tiempo parece correr ahora en contra de Putin. Su movilización de reservistas –la primera desde que la Alemania nazi invadiera la Rusia de Stalin en 1941-- ha abierto la caja de los truenos en la madre patria. Más de 300.000 rusos han huido del país para escapar del reclutamiento. Las cartas de movilización han llegado también a los buzones de ancianos y enfermos, y todo parece indicar que se están cebando particularmente con las minorías étnicas. Los conatos de protesta y los altercados se suceden desde hace días. “El decreto de movilización es muy ambiguo”, explica Ignatov desde el Crisis Group. “No establece límites de tiempo ni restricciones por edad o profesiones, de modo que el ministerio de Defensa está tratando de reclutar a todo el que puede”.  

De hecho, esta misma semana, en el primer canal de la televisión rusa, sus comentaristas decían que se movilizará a un millón de personas, en lugar de los 300.000 que anunció el ministro de Defensa. “Cuanto más dure la guerra, más difícil será para el régimen mantener la paz social. El peso sobre la sociedad rusa es cada vez mayor", afirma Ignatov.  

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