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Crisis en Afganistán

Afganistán se ahoga en la pobreza

La frustración de la población, que padece escasez de alimentos, aumenta con la disminución del dinero en efectivo

Unos niños afganos comen panochas crudas en un improvisado ampo de de refugiados en Mazar-e-Sharif.

El mercado de Mashar al Shari, en la frontera entre Uzbekistán y Afganistán, es un trasiego continuo de personas, carretillas y triciclos. Podría parecer que la economía afgana funciona, pero es solo un espejismo. Si se observa más detenidamente, no hay apenas clientes y sólo de vez en cuando, aparece uno, la mayoría para cambiar dinero

A la vez que la crisis económica se agrava, aumenta la frustración de la población. Hay una enorme escasez de efectivo. "Sólo hay 20.000 afganos (menos de 200 euros) al mes disponibles en el banco. Ya no se puede hacer negocios aquí”, se lamenta Ahmas Rischad , un tendero que desde joven regenta un negocio familiar. "Antes de los talibanes, vendía bienes por valor de 4.300 euros a la semana; hoy no llego a los 430 euros", relata.

Sí hay un consenso entre la población de que con los talibanes llegó el fin de la corrupción. “Ellos no piden dinero por trámites burocráticos en los que antes teníamos que pagar mordidas”, dice Ansarullah. Y añade: “Realmente, todo es mucho más ágil ahora”. Pero lo cierto es que la economía de Afganistán depende en gran medida de la producción de narcóticos, que representa más del 80% del suministro mundial y genera más de 120.000 puestos de trabajo, así como el 22% del PIB del país. 

Según un estudio del Overseas Development Institute, solamente en la provincia de Nimruz, cerca de las fronteras con Irán y Pakistán, la recaudación de impuesto para permitir el paso de mercancías, incluyendo drogas, aporta cerca de 200 millones de euros al año tanto a los talibanes como a figuras pro-gubernamentales del extinto Gobierno. En total, entre 1.000 y 1.800 millones de euros anuales. Durante 15 años, Estados Unidos estimó su presupuesto en mas de 8.000 millones de dólares en esfuerzos para sacar de las manos de los talibanes las ganancias obtenidas del comercio de opio y heroína. 

Puesto de control de los talibanes en Marzar-e-Sharif, en la frontera de Afganistán y Uzbekistán. RICARDO GARCÍA VILANOVA

Cultivo de opio

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito informa de que las ganancias de los talibanes superan los 430 millones, en este último año, por el tráfico de drogas, una cifra que representa hasta el 60% de los ingresos anuales del grupo que ahora es el representante del Gobierno del país.

A apenas 40 kilómetros de Mashar al Sharif nos encontramos con un cultivador de opio. “Los talibanes prohibieron el cultivo hace dos años. Ahora puedes trabajar la tierra con lo que quieras menos con drogas, pero pagas un 10% de impuestos”. Él mismo nos da las cifras actuales. Antes de la llegada de los talibanes al Gobierno, un kilogramo de opio costaba 20 euros, ahora cuesta 80.

Unas siluetas blancas emergen de la nada a unos 50 kilómetros de Mashar Al Sharif. Se trata de un improvisado campo de desplazados habitado por refugiados climáticos. Huyeron a causa de las consecuencias de la sequía que padecen desde hace diez meses en su región, pueblos “a tres horas de camino de aquí” nos dice uno de ellos. A estos se suman los recién llegados como consecuencia del conflicto. Aquí viven unas 700 familias que sobreviven con dos panes al día. “Las oenegés se fueron, ya no nos ayudan“, lamentan. Las condiciones del campo son pésimas, sin medidas sanitarias y con solo unas pequeñas tiendas para protegerse del invierno que pronto llegará. Ni siquiera tienen mantas.

Una mujer con burka en Mazar-e -Sharif. RICARDO GARCÍA VILANOVA

Ellos forman parte de los más de 3,5 millones de personas desplazadas que hay en el país. La mayoría trata de quedarse cerca de sus hogares, pero carecen de alimentos, agua y de atención médica. 

Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, uno de cada tres afganos, alrededor de 14 millones de personas, padece una situación de "inseguridad alimentaria aguda". Los factores incluyen la sequía en curso, así como el conflicto, el covid-19, los altos precios de los alimentos y el desempleo desenfrenado.

En el aeropuerto de Mashar Al Sahrif , con destino a Kabul se nos acerca un desconocido que nos dice: “Quiero ir a trabajar fuera. ¿Pueden ayudarme?”. 

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