Joe Biden y Vladimir Putin son viejos conocidos pero nunca antes se habían visto de igual a igual, como presidentes de dos potencias globales. La química, escasa. La reconciliación una quimera, pero habrá que ver con qué se tientan, cómo se toman la medida y si será en la pacífica Suiza donde den el primer paso rumbo a un tímido deshielo, si el diálogo es fructífero como les desea el anfitrión. Biden, el primero en ofrecer la mano, llega con una larga lista de agravios.

La represión a la oposición rusa, el caso Navalni, la anexión de Crimea, el espionaje, la ciberseguridad... Para Moscú, Estados Unidos es un país hostil. Su presidente le llamó asesino. Putin le deseó buena salud y le invitó a mirarse al espejo. La presión es máxima, la desconfianza mutua y el entendimiento difícil. Si acercarán posturas, si la reunión está abocada al fracaso o si las relaciones han tocado fondo, lo sabremos en apenas unas horas.