20 de agosto de 2020
20.08.2020
Convención nacional demócrata

Obama destroza a Trump y Harris reclama su lugar en la historia

El ex presidente demócrata acusa a su sucesor de estar dispuesto a desmantelar la democracia para ganar en noviembre

20.08.2020 | 08:00
Barack Obama.

Las reglas no escritas de la democracia estadounidense dicen que un ex presidente no interfiere en el trabajo de su sucesor. No tercia en sus políticas. No le critica. Una tradición que Barack Obama había cumplido en gran medida recurriendo a los sobreentendidos en las contadas ocasiones en las que ha hablado de Donald Trump. Pero esa dinámica voló anoche por los aires. Obama hizo una impugnación en toda regla del republicano, acusándole de tratar la presidencia como "un reality show" para colmar su ego y advirtiendo de que está dispuesto a desmantelar la democracia para preservarse en el poder. Su intervención fue el plato fuerte de una noche en que Kamala Harris aceptó la nominación a la vicepresidencia y los demócratas descargaron toda su artillería pesada.

La tercera jornada de la Convención fue sin duda la más vibrante e incisiva. Dos horas de alto voltaje emocional. Transpiró de los inmigrantes que relataron el drama de sus familiares deportados por unas políticas que fueron muy duras con Obama y han pasado a ser simplemente crueles con Trump. De las mujeres maltratadas que describieron a Joe Biden como uno de sus aliados más antiguos en el Capitolio, a pesar de los claroscuros que guarda de su currículum. O de los jovencísimos activistas que reclamaron acciones urgentes para salvar al planeta del cambio climático y a Estados Unidos de la violencia armada.

Entre todos ayudaron a dar forma a la agenda de unos demócratas que parecen empeñados en hacer de estas elecciones poco más que un referéndum sobre Trump. Al tiempo que reducen la candidatura de Biden a la empatía que derrocha. "A Biden le importas", decía el periodista de la 'CNN', Jake Tapper, para resumir el que ha sido hasta ahora el mensaje de la Convención. No está claro que les vaya a bastar para ganar en noviembre, pero si la estrategia acaba funcionado Obama ayudó a darle mucho peso. Con su vicepresidente al frente, este sigue siendo su partido, donde ejerce de brújula moral, con permiso de Bernie Sanders, que en realidad ha sido independiente toda su vida.

Y Obama hizo anoche sonar las alarmas, tras reconocer inicialmente que pensó que la Casa Blanca cambiaría aunque fuera un poco a Trump. "No lo hizo. No ha mostrado ningún interés en el trabajo, por buscar el entendimiento o por usar el inmenso poder del cargo para nada más que ayudarse a sí mismo y a sus amigos". Las consecuencias, dijo, son 170.00 muertos por el coronavirus y millones de empleos perdidos. "Ha desatado nuestros peores impulsos, ha socavado nuestra orgullosa reputación en el mundo y ha puesto en peligro a nuestras instituciones democráticas como nunca antes". Para dar fuerza a sus palabras, habló desde el Museo de la Revolución en Filadelfia y, como nunca antes había hecho, mandó un S.O.S. taxativo. "Van a acabar con nuestra democracia si eso es lo que necesitan para ganar" en noviembre, dijo refiriéndose a Trump y sus aliados republicanos que, entre otras cosas, están haciendo lo posible para que la gente no pueda votar por correo en plena pandemia.

Pero la noche también sirvió para constatar que los demócratas podrían estar cayendo en el mismo error que contribuyó decisivamente a la derrota de Hillary Clinton hace cuatro años: el abuso de las políticas identitarias. O lo que es lo mismo, poner casi exclusivamente el foco en la defensa de la igualdad de género, racial y sexual, con apelaciones constantes a las inequidades que sufren los negros, los latinos, las mujeres o el colectivo LGBT. No hay duda que son sus bases, pero se están olvidando del trabajador blanco que decidirá las elecciones en Wisconsin, Pensilvania u Ohio y que vive en un mundo extraordinariamente precario y decrépito. Solo Sanders y Trump les hablan a ellos.

Ni siquiera Elisabeth Warren aprovechó la oportunidad para hacer del partido de Biden el partido de los trabajadores y del combate contra una desigualdad económica que ha hecho que los tres hombres más ricos del país acumulen más riqueza que el 50% más pobre de la población. Tampoco Hillary, que dedicó su discurso a decir básicamente 'ya os lo había advertido" y pedir al electorado que esta vez salga a votar. "Pase lo que pase. Voten como si nuestras vidas y sustento estuvieran en juego, porque lo están", dijo la ex secretaria de Estado.

La encargada de cerrar anoche la noche virtual sin aplausos fue Harris, quien se convirtió oficialmente en la primera candidata negra a la vicepresidencia de la historia. Cien años después de que la Enmienda 19 reconociera el derecho al voto de las mujeres (las blancas, para las afroamericanas llegaría mucho después), Harris quiso rendir tributo a la lucha de tantas mujeres que hicieron posible que ella esté hoy donde está. Habló de su familia de inmigrantes; de cómo su madre tuvo que sacar adelante a sus dos niñas sola tras el divorcio de su padre; del respeto, la compasión y el amor por la justicia que les inculcó. Se presentó como una mujer del pueblo dispuesta a luchar y prometió un país "diferente" y "mejor" con Biden en la Casa Blanca.

Pero al final no acabó de quedar claro qué otras cosas pondrá sobre la mesa además de espíritu de lucha, empatía y un espejo en el que se puedan mirar millones de inmigrantes, mujeres y personas de color. Lo que si traslució es mucha moderación, la misma que Biden encarna. Tras los cuatro años de furia y toxicidad de Trump, puede que sea suficiente. O puede que no.

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