El Infante Enrique de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, duque de Sevilla y Grande de España, hermano del rey consorte Francisco de Asís, llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el día 21 de noviembre de 1864, deportado por sus ideas progresistas y revolucionarias contra su prima y cuñada la reina Isabel II.

Durante los dos meses que vivió en la calle San Francisco nº 17, solía asistir al Casino, donde se entretenía leyendo revistas ilustradas de Madrid, Inglaterra y Francia, los cuatro periódicos de tirada nacional y los extranjeros.

Eduardo VII y sus hijos, Alberto y Jorge, futuro rey del Reino Unido | | E.D.

En su despedida, la noche del 9 de enero de 1865, el Casino celebró un brillantísimo baile en su honor, con los salones magníficamente decorados e iluminados. El Infante, vestía uniforme de General de la Armada.

En el Libro de Oro del Casino dejó escrito: “Reinaba la bondadosa Isabel y su augusto esposo, don Francisco de Asís, cuando un Infante de España, primo y hermano suyo, fue el primer príncipe nacional que saludó a esta Isla”.

Eduardo VII, rey del Reino Unido, de los dominios de la Mancomunidad Británica, y emperador de la India desde 1901 a 1910, estuvo en Santa Cruz de Tenerife del 3 al 6 de diciembre de 1879, a bordo de la fragata de guerra Bacchante, en su viaje a las Islas Bermudas. Durante su estadía se avituallaría de agua, vino, carbón, animales vivos y fruta.

Infante Enrique de Borbón | | E.D.

Venía acompañado de sus hijos: el Príncipe Alberto Víctor y el futuro rey Jorge V, que sería su sucesor en el trono desde 1910 hasta su muerte en 1936.

La noche anterior a su marcha, la familia Hamilton les ofreció un banquete en su magnífica casa de la calle La Marina, a la que asistieron 24 comensales. Al terminar de cenar se trasladaron a las instalaciones del Casino, donde tuvo lugar un baile de etiqueta, al que acudieron 250 invitados, lo más granado de la sociedad tinerfeña.

La prensa del día siguiente decía: “El lujo de los salones del Casino acogió anoche a una numerosa y escogida concurrencia vestida con elegantes y variados trajes, estrenados para la ocasión. Esta recepción ha sido lo más distinguido que por aquí se había visto hasta ahora”.

Infanta Maria Eulalia de Borbón | | E.D.

El príncipe de Gales heredaría de su madre, la Reina Victoria I, el trono del Reino Unido y el de emperador de la India, gobernando con el nombre de Eduardo VII, desde 1901 a 1910.

El Príncipe Alberto llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 24 de enero de 1913, cuando tenía 19 años. Venía como guardiamarina del crucero acorazado Cumberland, de la Royal Navy, en su escala de tres días para avituallarse de agua, carbón y víveres, y luego continuar viaje hacia Trinidad, Barbados, Martinica, Puerto Rico, Jamaica, La Habana, etc.

Al día siguiente, el Casino Principal celebró un concurrido y brillante baile en su honor, al que asistió S.A.R. y los jefes y oficiales del buque, así como las primeras autoridades provinciales y una nutrida representación de la numerosa colonia inglesa residente en la Isla.

El Príncipe Alberto ocuparía el trono de Inglaterra en 1936, con el nombre de Jorge VI, debido a que su hermano, Eduardo VIII, renunció para casarse con una americana divorciada.

La Infanta María Eulalia de Borbón llegó al puerto de Santa Cruz de Tenerife el 25 de abril de 1893, a bordo del trasatlántico Reina María Cristina, cuando regresaba de representar a su madre, la reina regente, y a la corona española, en los actos del cuarto centenario del descubrimiento de América que se celebraron en Cuba, Puerto Rico, Washington, Nueva York y Chicago. Le acompañaba la delegación diplomática y su esposo, su primo carnal Antonio de Orleáns y Borbón.

Desembarcaron a primera hora de la mañana, siendo recibida por las primeras autoridades civiles y militares y por un gran gentío que llenaba el Muelle Sur. Luego, se trasladaron a la parroquia de la Concepción y, después, recorrieron la ciudad, en compañía del alcalde, quién les ofreció un banquete en las Casas Consistoriales.

Por la tarde-noche, antes de asistir a la función de gala que en su honor se iba a celebrar en el Teatro Guimerá, el Casino Principal le ofreció un té, al que asistieron muchas señoras de la alta sociedad tinerfeña. Cuando se iba a subir al coche de caballos que le llevaría hasta el teatro, uno de los hilos de su collar se le rompió y las perlas se desperdigaron por el suelo. Inmediatamente, se inició una exhaustiva búsqueda de tal manera que todas las perlas aparecieron. Este rasgo de honradez de los santacruceros sería profundamente reconocido por la infanta, e, incluso, comentado por ella en la Corte.

La prensa del día siguiente publicaba: “La infanta dejó anoche en el Casino Principal un grato recuerdo de su presencia, pues las damas que asistieron al té que se le ofreció quedaron encantadas de su elegancia y belleza. Conocedora de su oficio de princesa, se desenvolvió con un estilo exquisito, ganándose la simpatía y los corazones de las asistentes”.

Eulalia de Borbón era la menor de las cuatro hijas de la reina Isabel II de España y del rey consorte, don Francisco de Asís de Borbón. Se casó a los 22 años con su primo carnal Antonio de Orleáns y Borbón y se divorció, a la edad de 36 años, después de haber tenido dos hijos, Alfonso y Luis Fernando.