20 de marzo de 2020
20.03.2020

El rap que reta al machismo

La música urbana, banda sonora del siglo XXI, se ha convertido en un escaparate de las masculinidades alternativas

20.03.2020 | 16:32
Bad Bunny.

Hace unos dos millones de años, en algún páramo africano calcinado por el sol, un simio tropezó con un hueso de un gran animal. Empujado por la curiosidad, lo agarró, lo olfateó y lo primero que le pasó por la cabeza fue utilizarlo para golpear, destrozar y machacar todo aquello que se interpusiera en su camino. Así es como Stanley Kubrick representó el mito fundacional del homo sapiens en la escena inicial de 2001: una odisea del espacio, apuntando a la popular teoría de la violencia como motor de la evolución en un contexto hostil. Pero ¿y si en lugar de liarse a porrazos con el hueso aquel simio lo hubiera usado para jugar con la prole o para dibujar en la tierra reseca?

Nunca lo sabremos, pero mientras la academia rehace sus teorías a la luz de los estudios de género también la música urbana evoluciona. En el 2005, René Pérez Joglar, cantante del grupo puertorriqueño Calle 13, se rodeaba de jóvenes clónicas vestidas como animadoras y cantaba este pegadizo reguetón: "Deja de taparte (€) / cambia esa cara de seria / esa cara de intelectual, de enciclopedia / que te voy a inyectar con la bacteria / pa' que de vueltas como machina de feria". Quince años después, su hit autobiográfico René ha hecho llorar a millones de personas, sobre todo hombres, en todo el mundo.

Pero no solo a ellos. Priscila Álvarez Cueva, estudiante de doctorado de la Universitat Pompeu Fabra, trabaja en una tesis sobre la música que más se escucha actualmente y su relación con la femineidad y la masculinidad. "Yo también lloré al escuchar René
—confiesa—. Me gusta reivindicar las nuevas masculinidades a partir de Residente porque él no renuncia a los patrones masculinos fuertes y hegemónicos sino que incorpora y reconoce su lado vulnerable y eso es muy impactante porque en Latinoamérica hay un patrón muy fuerte de lo que significa ser hombre".

Riesgo y valentía

Ya en el 2007, la socióloga Marina Subirats reflexionaba sobre los patrones masculinos tóxicos en Mujeres y hombres ¿un amor imposible?, un libro que firmaba junto al hoy ministro Manuel Castells. "A los varones de todas las culturas históricas se les exige valentía, valor, osadía, que sean capaces de enfrentarse al mundo sin miedo, arriesgando la propia vida si es necesario", escribía Subirats. Para ser un tío con cojones hay que ser agresivo y competitivo, están en juego el honor y los privilegios masculinos.

Antes que Residente, otros raperos con millones de seguidores se han desmarcado puntualmente de la tríada de las tres pes: pistola-pasta-pibón. En 1995, Tupac Shakur lanzaba Dear mama, uno de los homenajes más emocionantes de la historia de la música a la figura de la madre. Y tampoco es fácil escuchar Lose Yourself de Eminem sin emocionarse. Sin embargo, Priscila Álvarez no ha encontrado un caso tan claro como el de Residente en el que letra y vídeo se combinen tan bien para romper el estereotipo de tipo duro.

"Él se permite expresar en primera persona su sufrimiento, algo que es contrario al dogma que la masculinidad establece —afirma—. Se muestra vulnerable y eso conecta con muchos de sus seguidores, que también sienten esa necesidad de llorar porque están cansados de un sistema que también les oprime a ellos". El debate está abierto y ahora la pregunta que cabe plantear es "si todos estos hombres que lloran también están dispuestos a renunciar a sus privilegios".

Lildami es un grupo de trap en catalán formado por el cantante Damià, el productor Sr. Chen y la también cantante Mariona. Damià, que hasta hace tres años trabajaba como ingeniero, lleva dos semanas "escuchando René a muerte" y confirma que muchos raperos sienten esa presión de tener que ser muy masculinos. En su caso asegura estar en proceso de "deconstrucción", con la ayuda de Mariona y la influencia del movimiento feminista.

Miedos e inseguridades

"Nosotros hemos llegado a mucha gente con nuestro disco porque hablamos de los miedos e inseguridades que todos tenemos sin enmascararnos en un ego ni intentar parecer peligrosos —explica—. Estamos acostumbrados a los raperos que nos hablan de lo malos que son, pero cuando realmente conectas con la gente es cuando te muestras frágil y hablas las cosas de tú a tú".

Aunque alejado de los estereotipos de la música urbana, Lildami ha participado en uno de los vídeos que suponen el retorno a la escena de P.A.W.N. Gang, un grupo de trap de línea dura. Curiosamente, la canción se titula Tarapia de grupo y también plantea un proceso de autorreflexión, aunque la estética siga siendo malota. Esa diversidad que existe dentro del género ha llevado a Lildami a impulsar el primer festival de música urbana de Catalunya que se celebrará en Terrassa (si el coronavirus lo permite) el próximo 9 de mayo.

Lo que niega rotundamente el rapero es que el reguetón o el rap sean machistas: "Un género musical per se no puede ser machista, aunque dentro del reguetón o el rap haya artistas machistas. Si Beethoven hubiera sido un maltratador y un machista a nadie se le ocurriría decir que la música clásica es machista, ¿no? Pues es lo mismo". De hecho, en la final internacional de la Red Bull Batalla de los Gallos que se celebró en octubre pasado en Argentina, se pudo escuchar a la MC Roma defender que "la maternidad será deseada o no será" frente a Dazer, un rapero cristiano que había ganado la edición de 2018 y que en esta ocasión sucumbió a los versos feministas. Era la primera vez que dos mujeres llegaban a una final del género freestyle. Además, también surgen otros perfiles como Trusty, MC del grupo de rap electroqueer Bajas Pasiones, que se declara abiertamente gay.

Un mal gancho comercial

Salir del molde del macho alfa tampoco funciona como gancho comercial en un mundo sacudido por el feminismo, al contrario. El gesto de Bad Bunny de pintarse las uñas o vestir de rosa le valió unos cuantos miles de haters y, según Lildami, "es mucho más fácil escribir un tema que diga 'pon tu culo a botar' sobre una base de reguetón que otro intimista". En esto coincide con One Path, un rapero que escribe letras positivas y cuenta que por la mañana bebe un vaso de agua templada con limón exprimido para estar sano. Él también considera que la marginalidad y la violencia suman seguidores.

Sin embargo, en materia de debates sobre masculinidad y lenguaje explícito hay que remontarse dos mil años atrás para encontrar al maestro Catulo, un poeta latino del siglo I a.C. que vendría a ser el top de los raperos de la antigüedad. La traducción actualizada de las líneas que dedicó a un tal Aurelio y un tal Furio que habían osado mofarse de sus poesías románticas hacen que el beef que gastan los jóvenes en las batallas de gallos parezcan caricias: "Os voy a dar por el culo y me vais a chupar la polla, / Aurelio soplapollas y Furio sodomita, / que por pensar que mis versitos son lascivos / creéis que soy un desvergonzado. / Es, de hecho, procedente que el poeta honorable sea personalmente casto, / pero no es necesario que lo sean sus versitos;/ de hecho, solo tienen sabor y encanto cuando son lascivos e indecentes / y cuando provocan ese hormigueo, / y no hablo de jovencitos, sino de hombres mayores y peludos. / Vosotros, porque habéis leído mis miles de besos, / ¿Creéis que no soy lo suficientemente masculino? / Os voy a dar por el culo y me vais a chupar la polla".

Tras este interludio histórico volvamos al siglo XXI, que va camino de convertirse en la tumba del patriarcado heterosexual. Para Marina Subirats, el género masculino en su versión dominante "está en fase de obsolescencia". "En las etapas anteriores de la historia, tenía sentido que los hombres fuesen duros porque después tenían que ir a la guerra, pero en este momento no tienen donde demostrarlo y se ha convertido en un gesto para seguir manteniendo el poder y sometiendo a las mujeres. Les habían inculcado que serían unos triunfadores pero se sienten fracasados".

El documental The mask you live in expone múltiples testimonios de los efectos de esta cárcel de la masculinidad que encierra a los hombres desde niños en un espacio social donde no pueden mostrarse vulnerables, compartir el dolor ni cuidar a los demás. En esta cárcel tampoco les sirven las antiguas armas de la virilidad. Resultado: muchos hombres "mueren de masculinidad", dispara Subirats. Los datos y las biografías de algunos de los artistas que aparecen en estas páginas parecen darle la razón.

Según el Instituto Nacional de Estadística, en España la tasa de mortalidad global masculina es históricamente más elevada y el porcentaje de muertes masculinas es significativamente más alto en la población joven. Concretamente, los datos del 2017 arrojan que la diferencia más significativa entre sexos se produce en el grupo de edad de 15 a 29 años, en el que el 68,8% del total de muertes correspondieron a hombres. La mortalidad por causas externas (accidentes, caídas, agresiones, suicidios, homicidios) es más alta en los hombres. Estas causas de naturaleza violenta representaron el 43,5% del total de los fallecimientos en hombres y el 25,0% del total de defunciones en las mujeres.

Mortalidad prematura

La situación se replica en todo el mundo. Según el informe sobre masculinidades y salud en la Región de las Américas de la Organización Panamericana de la Salud, las causas principales de mortalidad en los hombres son "la violencia interpersonal, los traumatismos causados por el tránsito y la cirrosis hepática, todas ellas ligadas al ejercicio de la masculinidad hegemónica".

Tupac Shakur murió en 1996 tras ser tiroteado. Canserbero, cuyas intensas letras habían conectado con los vaivenes emocionales de la juventud, falleció en el año 2015 en circunstancias no aclaradas, después de caer de un décimo piso. "Yo sueño con amor, porque en el fondo nosotros amamos / si canto rabia es para desahogarme por dentro", cantaba este rapero venezolano. Esa rabia es la que Residente logra dominar en René, como muestra la última escena en la que tira una botella de alcohol y coge en brazos a su hijo.

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