10 de enero de 2020
10.01.2020

Gonzalo Martín, el ceramista de las estrellas

Las vajillas de este orotavense se sientan a la mesa de los más reputados chefs locales y nacionales

09.01.2020 | 23:46
Gonzalo Martín, el ceramista de las estrellas

Tiene alma de cántaro. Gonzalo Martín (La Orotava, 1973) desprende sensibilidad y calidez. Sus manos, abiertas a la hospitalidad, acogen esa fusión casi perfecta entre arte y oficio. Desde los 12 años comenzó a interesarse por ese gesto ancestral de modelar ideas y sueños a partir del barro, y a la edad de 15 compró su primer torno con el que alumbraba esculturas, objetos de decoración o cerámica tradicional. Rastreando entre sus antepasados no descubrió antecedente alguno, pero aquel joven comenzaba a experimentar la pasión por la artesanía aunque fuera de manera autodidacta, en soledad, ayudándose tan sólo de un irrefrenable deseo por crear y apoyándose también en los libros.

Fue a través del proyecto Savia Nueva cuando conoció a don Manuel, un maestro extremeño afincado en El Sauzal, heredero de una antigua saga de artesanos y transmisor de unas técnicas únicas que despertaron aún más su entusiasmo. Pero acaso su verdadero punto de cocción se produjo cuando asistió a unos cursos de cerámica impartidos por la escultora Rosa Hernández. En adelante, continuó formándose, viajando a la Península y conociendo nuevas técnicas, mientras trabajaba en un taller que se dedicaba a elaborar souvenirs.

"Hacía las habituales piezas para ferias y para el mercado turístico", confiesa ahora sin rubor, pero sí con un tono de desencanto. Lo cierto es que sus manos se cansaron de aquel trabajo mecánico y sin alma y allá por el 2008 decidió abandonar esa línea comercial.

"Y me pilló la crisis", afirma con un hondo suspiro. Fue entonces cuando, sentado a la mesa, decidió que debía orientar su trabajo al diseño de vajillas y así estableció contacto con los chefs que ya comenzaban a despuntar en la Isla: Erlantz Gorostiza, Juan Carlos Padrón, Andrea Bernardi y Fer Fuentes o Braulio Simancas, entre otros, siempre desde la idea de maridar sus creaciones con el incipiente boom gastronómico.

La RAE define vajilla como "el conjunto de platos, fuentes, vasos, etcétera, que se destinan al servicio de la mesa". En todo ese etcétera está presente Gonzalo Martín, siempre en constante evolución para responder a las necesidades que exige la nueva cocina.

De ahí su alianza con la empresa ACME, radicada en Barcelona y distribuidora de productos de alta gama, que le ha dado la posibilidad de trasponer las fronteras insulares, abriéndole la puerta de entrada a los restaurantes de chefs nacionales e internacionales como Martín Berasategui, los hermanos Roca, Dabiz Muñoz, Ángel León, José Andrés. Roberto Ruiz, Dani García o Mario Sandoval.

"Valoran lo que hago porque los ayuda a presentar sus platos desde un concepto completo, acomodado a su discurso, a la experiencia gastronómica que buscan transmitir". Porque ese artesano sostiene que la comida también entra por los ojos.

Recuerda que Braulio Simancas, ya desde su época en El Silbo Gomero (proyecto que ha retomado), como en su aventura del restaurante Las Aguas, en el hotel Bahía del Duque, fue uno de sus primeros clientes. "Para él hice un recipiente, una gran lapa que descansaba en un pie sobre la mesa". Erlantz le pidió en su momento un plato con forma de piedra para presentar las ostras y que además dispusiera de un espacio para acoger hielo seco, todo un desafío, como las nubes flotantes del restaurante Nub o los encargos de Ángel León, el chef del mar, para quien ha ideado, entre otros, un plato que evoca los charcos que se forman en la orilla con la inclusión de sacabocados: un reto enorme.

Gonzalo utiliza el torno, moldes y trabaja con un horno alimentado por gasoil, más económico y que le procura cocciones rápidas. Y lo hace solo, casi sin descanso.

Los fondos marinos le ofrecen una visión profunda y cuando puede se pierde por los paisajes volcánicos de la Isla para nutrirse de ideas que después cobran vida en el taller desde el barro, la pasta de loza, el gres o los esmaltes, recreando figuras de pulpos, caballas, chocos, lapas, rejos...

Su último encargo se tiende al futuro: un sinfín de manos que reproducen el molde de Ina León, la madre de los hermanos Padrón, que en breve se sentarán a la mesa sosteniendo unos cuencos.

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