10 de enero de 2020
10.01.2020

La belleza visual del horror

1977 está llamada convertirse en un clásico del cine

09.01.2020 | 23:14
La belleza visual del horror

Cuando el cine bélico recrea los horrores de la guerra sin miramientos y al margen de cualquier edulcorante, no es apto para todos los gustos ni, por supuesto, para todos los estómagos. Tal vez por ello se trate de un género cinematográfico poco habitual. Sin embargo, cada cierto tiempo aparece alguna película que destaca sobremanera, acaparando premios y reconocimientos. Títulos como Apocalypse Now (1979), Salvar al soldado Ryan (1998), Black Hawk derribado (2001) o Dunkerque (2017) dan fe de ello. Este año el realizador Sam Mendes ha filmado otra destacada obra destinada a permanecer en la memoria de los cinéfilos en general y de los aficionados a esta temática en particular. El cineasta británico, tras unos excepcionales comienzos profesionales nada menos que con American Beauty (1999) y Camino a la perdición (2002), comenzó a titubear con proyectos más discutibles hasta perpetrar, a mi juicio, dos experiencias negativas en la saga de James Bond -las decepcionantes Skyfall y Spectre-, pero ahora resurge de nuevo con valentía y brillantez.

Cabe destacar la extraña belleza visual de su último largometraje, una característica incompatible en principio con ese horror que necesariamente se ha de mostrar para ser honesto con la historia a transmitir. De hecho, sin haberse dado a conocer aún las nominaciones a los próximos Oscar, me atrevo a asegurar que la estatuilla a la mejor fotografía recaerá en Roger Deakins. Idéntico augurio podría realizar sobre el compositor de la banda sonora, Thomas Newman, aunque en esta edición yo me decanto por la partitura de Alexandre Desplat para la nueva versión de Mujercitas. La parte técnica de la producción también resalta notablemente, pero no para ofrecer un espectáculo desacorde ni para apabullar sin medida al espectador (tendencia muy común en las recientes producciones de Hollywood, centradas en su indiscutible calidad tecnológica como entretenimiento), sino para acompasar la trama con una mezcla de delicadeza y fortaleza óptica y sonora que suscitan el interés del público.

Durante la I Guerra Mundial, dos jóvenes soldados británicos que luchan en el frente occidental reciben una misión teóricamente imposible: entregar un mensaje urgente debiendo atravesar para ello el territorio enemigo. El objetivo estriba en evitar a toda costa un violento ataque que está destinado a fracasar. Si no llegan a tiempo, miles de soldados perderán la vida, entre ellos el hermano de uno de los militares.

El ritmo narrativo preciso, la intensidad del relato (propia de un film de acción) y su esencia eminentemente dramática harán las delicias de los aficionados a estos escenarios de conflictos, pero también deleitará a otras personas que acudan a las salas de proyección. Logra transmitir esa clase de emoción que, a su vez, genera entretenimiento, abordando el argumento con valor y originalidad. Nos hallamos, por lo tanto, ante una propuesta merecedora de aplauso que deberá revisarse en posteriores ocasiones para así apreciar con exactitud sus numerosas aportaciones artísticas.

Hasta el momento, de sus tres nominaciones a los Globos de Oro (mejor película dramática, mejor director y mejor banda sonora), ya ha obtenido el galardón en las dos primeras categorías y, tanto la National Board of Review como el American Film Institute, han incluido a 1917 entre los diez mejores trabajos de 2019. Sin duda, su protagonismo será patente en las candidaturas de los inminentes premios de la Academia de Hollywood.

El apartado interpretativo no desmerece del técnico en lo más mínimo. Forman parte del elenco figuras tan prestigiosas como Benedict Cumberbatch ( Descifrando enigma, Agosto, Doctor Strange) o Colin Firth (Un hombre soltero, El discurso del rey, El topo) e incluso el descendiente de un ilustre del Séptimo Arte como Pete Postlethwaite, su hijo Billy. No obstante, los personajes centrales están interpretados por Dean-Charles Chapman (conocido gracias a algunas series televisivas como Juego de tronos) y George MacKay, con más bagaje en la gran pantalla ( El secreto de Marrowbone, Captain Fantastic, Peter Pan: la gran aventura).

1917 está llamada a convertirse en un clásico del cine. Su envergadura evidencia una enorme complejidad y el resultado final -más allá de constituir una maquinaria que funciona con la precisión de reloj-, consigue emocionar. Sin duda, uno de los mejores títulos del año

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