27 de diciembre de 2019
27.12.2019
Televisión

"Ser 'foodie' es mantener una relación curiosa con la comida"

27.12.2019 | 00:58
"Ser 'foodie' es mantener una relación curiosa con la comida"

Es una gran historia, dirigida por una gran realizadora, Isabel Coixet, quien aporta su talento y su inconfundible universo. Pero nada sería posible sin dos grandes actores que den vida a esos personajes tan complicados y humanos que protagonizan Foodie love (la primera serie original española de HBO), y Coixet no tuvo problema en encontrarlos. Solo tuvo que dejarse llevar por su intuición. Una la tenía aquí mismo: la catalana Laia Costa, a la que el gran público descubrió en Pulseras rojas y Cites, ambas de TV-3, aunque Coixet, que no consume tele, solo la había visto en el cine. A Guillermo Pfening lo fue a buscar a Argentina, tras caer rendida a sus pies con su increíble interpretación en Nadie nos mira.

Isabel Coixet se declara foodie. ¿Lo eran ustedes también antes de protagonizar esta serie que hace culto a la comida?

LAIA COSTA: Yo, sí. Me gusta mucho comer. Y es muy interesante, porque cuando estás con Isabel Coixet, que es la más foodie del planeta Tierra, puedes estar donde sea que si le pides que te recomiende un restaurante o un bar, ella te dirá: "Las croquetas allí, pero el cóctel allá". Hemos estados tres meses con ella y nos ha llevado a todos sus rincones, sus sitios favoritos. Con lo que Guillermo y yo nos hemos ido empapando de todo esto.

GUILLERMO PFENING: Yo ahora estoy como reformulando un poco ese concepto y pienso que sí que era foodie. Pero era un foodie más callejero. Yo he trabajado mucho por Latinoamérica, y soy de animarme a comer cosas en la calle. A veces me he llevado alguna indigestión, pero ya tengo como un anticuerpo creado [ríe]. Después soy muy fanático de la comida peruana, por ejemplo. Lo que quizá no soy es de estos de reservar un restaurante con tantos meses de anticipación. Hasta eso no llego, porque no me gusta esperar ni hacer colas para comer.

Es otro grado de foodie.

G. P.: Hay un lugar en una zona de Argentina, Mar del Plata, adonde iba con mi familia los veranos, y recuerdo estar esperando media hora para entrar a comer y decir: "Cuando sea grande, no quiero eso". Pero creo que sí soy foodie. En realidad soy muy curioso, así que también soy curioso con la comida. Y soy curioso para cocinar: me invento platos, combino sabores, o soy medio experto con lo que tengo en la heladera para hacer algo rico... Me arreglo con lo que hay a veces, o voy a la pescadería... Me gusta cocinar para agasajar a alguien, pero estoy trabajando lo de cocinar para mí también cuando estoy solo. Porque está bien hacérselo para uno.

Hay muchas maneras de ser foodie, veo.

L. C.: Sí. Es que a veces nos pensamos que ser foodie es gastarse 200 euros en un restaurante con varias estrellas Michelin. Y no es solo eso. Igual es perderte en una ciudad y comer con los locales. Es mantener una relación curiosa y sana con la comida. Foodie es el que puede conocer tanto restaurantes de lujo como bares callejeros. Y diferentes tipos de cocina y de formas de cocinar. Y que lo comparte. Porque si te lo quedas para ti no hay tanto disfrute.

La serie va de eso: dos personas que comparten una pasión por la comida, que se va convirtiendo en otro tipo de pasión. Y los platos se entremezclan con las emociones.

L. C.: Foodie love habla de una relación humana sencilla entre dos personas muy complicadas. Es como ellos intentan conectar, pese a todas sus mochilas y sus máscaras, y todo lo que no se cuentan y los secretos. Es como cuando conoces a alguien por primera vez, que quieres mostrar tus diez minutos perfectos, pero luego, cuando comienzan a rascar, empezamos a enseñar quiénes somos, y nos sentimos vulnerables o tenemos miedo o no queremos. Y todo esto ocurre siempre mientras estamos comiendo. La relación con la comida es física y emocional. Porque cuando no comes, estás de mala leche y cuando comes estás feliz. Entonces se mezclan todas esas sensaciones.

G. P.: Para mí la comida está ligada a cómo me siento. Tiene que ver mucho con los estados de ánimo.

Gillermo, ¿Coixet le dijo qué vio en usted para ir a buscarlo a Argentina?

G. P.: Cuando estrenamos la película Nadie nos mira en el festival de Tribeca y gané el premio al mejor actor, Isabel me dijo que tenía que tener agente y me presentó al suyo. En diciembre, me mandó tres guiones que estaban un poco en proceso. Le pregunté: "Ahora, ¿qué hay que hacer?". Y me dijo: "Si te apetece, ya está". Yo también me pregunté por qué me eligió así. Después, me di cuenta de que fue su instinto. De que nunca nos había visto a los dos juntos y que, de hecho, funcionó. Hicimos un gran trío los tres trabajando.

¿Y ensayaron una semana?

L. C.: Bueno, ensayo... Comer.

G. P.: Básicamente era comer. Intentamos leer un poco al principio, pero luego nos dedicamos a comer.

Y también a conocerse entre ustedes, porque llegarían a un importante grado de intimidad.

G. P.: Aunque la intimidad tienes que jugarla. Porque por más que te conozcas, es otra cosa.

L. C.: Yo creo que nosotros también nos sorprendimos mutuamente en el set al ver que trabajábamos muy bien juntos.

En las películas y las series, ya estamos acostumbrados a que dos personas se conozcan y en la siguiente escena se quiten la ropa apresurados. Aquí la relación se cocina muy a fuego lento....

L. C.: Te dicen: "Tenéis mucha química, los personajes tienen mucha química", pero es una química desde el desencuentro, desde el desacuerdo constante. No es esa química de dos personajes que se gustan y que ves que van a caer enseguida. Que es como que se frenan por lo que sea, pero que quieren. No, estos parece que ellos mismos se convencen de: ¿quién es este tipo?, ¿quién es esta tipa? Constantemente se están desacreditando el uno al otro, pero, racionalmente, hasta el tuétano. Y desde ese desacuerdo y no gustarse, se trabaja la química, que es más interesante, que tiene que ver con que son dos personajes muy complicados y muy cerebrales.

Y en las series no se suele comer.

L. C.: Nosotros comíamos y lo hacíamos de verdad. Es como en la vida real: tú, cuando comes con alguien, comes y hablas, y no piensas si vas a poder comer y hablar a la vez. Lo haces. Y si te enfadas, igual dejas de comer, pero no piensas: como ahora y me enfado y dejo de comer. Lo haces de forma natural, y eso es lo que hacíamos nosotros.

¿Qué es lo que más les gusta de sus personajes?

L. C.: Lo que me gusta del mío es que lee mucho, porque es editora. Isabel Coixet lee mucho y a mí también me gusta mucho leer, y durante todo el rodaje ella me pasaba cada semana libros. Libros que creo que me servían también para el trabajo, porque mi personaje tiene una relación especial con Japón y con Tokio e Isabel también la tiene. Hacia el último mes y medio me empezó a pasar un montón de libros de escritores y escritoras japoneses, jóvenes, como de 30-35 años, y muchos hablaban también de una especie de soledad que creo que me ayudó muchísimo para trabajar mi personaje una vez llegamos a Tokio. Fue muy interesante y eso lo disfruté muchísimo. Porque a mí me encanta leer y leo muchísimo, pero cuando trabajo, normalmente, como voy tan agotada, lo hago menos. Pero en este proyecto he leído más. Y era porque Isabel me iba alimentando la parte foodie y también de libros.

G. P.: Yo a mi personaje lo entiendo, sí. Lo que más me gustó de él fue que es de estas personas a las que les cuesta expresarse, pero a la vez hablan un montón. Que mueren por la boca. Y eso me pareció superinteresante hasta como actor, a nivel de actuación. Creo que es una serie de actores, para actores, y eso lo disfruté muchísimo. Me sorprendí a mí mismo también en muchas cosas. De hecho, ahora lo veo y hay reacciones que me gustan, porque no tienen que ver con cómo yo reaccionaba antes o cómo se reacciona realmente cuando se actúa.

L. C.: Es muy natural.

Parece que se estén inventando lo que dicen, cuando su texto ya les llega perfectamente construido. ¿Cómo logran esa naturalidad?

L. C.: Isabel quiere ese tipo de interpretación. Si tú le haces una cosa más colocada, creo que te va a decir que no. Además, nos vio en otros trabajos. A Guillermo le vio en Nadie nos mira y a mí en algunas películas y somos actores que aportamos ese tipo de interpretación. Así que creo que cuando tú, Guillermo, dices lo del instinto, imagino que por eso ella nos escogió también desde un inicio.

Podría ser película...

L. C.: Cuando yo la vi pensé: podría haber sido una película de dos horas. Y cerrarlo así, perfecto. Tuve esa sensación, porque la vi del tirón.

En los tres meses de rodaje han estado en Barcelona, Roma, sur de Francia y Tokio. No se quejarán de adónde les ha llevado la serie...

L. C.: A mí me gustó mucho, porque primero rodamos en Barcelona y al mes y medio nos fuimos a Francia y fue como un fin de semana de aire puro, de campo... Luego volvimos a Barcelona y acabó en Roma. Allí fue el fin de rodaje para Guillermo.

G. P.: Yo no conocía Roma. Es un poco Argentina, como una mezcla. No parece mucho la Europa que yo conocía? Y estaba lo de la antigüedad, lo de otra época. Aparte fueron a verme mi hija, mi pareja?

¿Y eso no le distrajo de su historia de amor?

G. P.: No, porque tenía unos amigos y mi pareja estaban con ellos por el día y me la traían a la cena.

L.C.: Fue muy bonito el rodaje en Roma. Y acabamos en Tokio.

La música escogida también contribuye a expresar las emociones.

L. C. : Es una banda sonora increíble. Isabel me pasó una lista de Spotify de una colección de música antes de rodar la serie y había música absolutamente de todo tipo. Había de todo. Y en varios idiomas. Incluso había canciones que me pasaba en japonés que no encontraba ni en Spotify ni en Itunes y tenía que buscarlas en el Youtube de no sé dónde, porque ella tenía un disco viejo... y luego han acabado en la serie. Creo que se ha hecho un gran trabajo desde producción para conseguir esa música.

G. P.: Fue una odisea.

Qué rodaje más enriquecedor: estamos hablando de gastronomía, música, literatura...

L. C.: Y todo con el mundo Isabel Coixet.

Usted, Guillermo, ¿ya la conocía?

Yo la acabo de conocer ahora. Y su universo es encantador. A veces no la puedo seguir en todo? [ríe].

¿Es muy diferente la manera de rodar con ella a como está acostumbrado en Argentina?

G. P.: No es diferente rodar con ella porque ella es muy... En Argentina hay algo que no sé si es improvisación. Pero me ha tocado trabajar en otras producciones en las que todo se retarda un montón y hay mucha gente? Isabel tiene la cámara un poco armada, vamos al set, la monta y ¡pam pam pam!, en poco tiene una cosa vertiginosa que para este proyecto estaba bien y me recuerda a cómo se trabaja en Argentina.

Como a Coixet, ¿les gustaría que hubiera una segunda temporada?

L. C.: Nos encantaría rodar una segunda temporada. Nosotros ya le dábamos a Isabel un montón de ideas de lugares y países adonde podríamos ir a comer. Así que... ¡ojalá!

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