Refugios de papel para un calor extremo que ya asfixia la ciudad
Canarias cuenta con una planificación estratégica para la creación de refugios climáticos pero la aplicación de la estrategia es lenta y no entiende que las olas de calor y otros fenómenos extremos están aquí para quedarse

Refugios de papel para un calor extremo que ya asfixia la ciudad

Cuando el calor aprieta en ciudades como Santa Cruz de Tenerife o Las Palmas de Gran Canaria, el piche azabache parece empeñado en absorber hasta la última gota de radiación solar. Los edificios quieren tocar el cielo pero son incapaces de tapar el sol y los tubos de escape de los cientos de vehículos, que discurren de aquí a allá en un continuo, desprenden un invisible humillo negro que vicia hasta el último aliento de oxígeno caliente. El calor extremo convierte las zonas urbanas en hornos sin escapatoria en los que pasar demasiado tiempo bajo el Sol implica poner en riesgo la vida. Los refugios u oasis climáticos pueden ser la solución, pero tras varios años encadenando temperaturas veraniegas extremas, Canarias apenas se encuentra al inicio de una carrera contrarreloj para crear una red de refugios climáticos útil que permita adaptarse a la realidad inminente del cambio climático.
Los científicos no tienen dudas. El calentamiento global es quien está detrás de que hoy la subida de los termómetros en verano sea más un temor que un deseo. Quienes se declaran team calor callan frente a las asfixiantes consecuencias de unas temperaturas que ya ni siquiera se pueden mitigar con un baño en la playa y cuyas consecuencias van más allá de un simple bochorno. El intenso calor del calentamiento global mata y lo hace por miles en España debido a los golpes de calor, la deshidratación y el agravamiento de enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
En lo que va de año, en nuestro país han fallecido 3.555 personas debido a las consecuencias directas del calor. De estas, 39 se han registrado en Canarias, según el último informe MoMo del Instituto de Salud Carlos III (ISCIII). Sin embargo, las víctimas de las altas temperaturas podrían ser muchas más, pues son muchos los que fallecen por las consecuencias indirectas del calor. Según datos de la aplicación MACE (Mortalidad Atribuible por Calor en España), de la Fundación para la Investigación del Clima MACE, este verano el calor se habría cobrado la vida de más de 8.700 personas, de las que 191 habrían muerto en Canarias.
«Todos los años se baten récords de episodios de calor extremo, lo que significa que esta nueva realidad ha llegado para quedarse», sentencia el naturalista y presidente de la organización Adacis (Asociación para el Desarrollo de Acciones Climáticas y la Investigación), Ezequiel Navío. El experto, que está detrás de varios proyectos de creación de refugios climáticos en Fuerteventura y Gran Canaria, avanza que si hoy se dejaran de emitir gases de efecto invernadero, el planeta se seguirá calentando en las próximas décadas.
Por esta razón, los gobiernos no solo deben actuar para mitigar las emisiones -y así evitar un incremento mayor en las temperaturas-, sino también para adaptarse a un futuro que ya es inevitable. Y esto es especialmente importante en Canarias donde «muchas personas no pueden pagar el aire acondicionado y van a estar expuestas a noches tórridas que son las más letales». Además, aunque el principal riesgo del calor es para la salud, no es el único. El calor reduce el rendimiento laboral, sobre todo en trabajos al aire libre, incrementa el consumo energético y favorece un mayor riesgo de incendios forestales.
En este complejo reto de futuro, «el Archipiélago está avanzando en la buena dirección, aunque aún queda mucho trabajo por hacer». Así lo resume Abel López, geógrafo y miembro de la Cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres y Ciudades Resilientes de la Universidad de La Laguna (ULL), que añade que, pese a los avances, «todavía nos falta ser mucho más ambiciosos para trasladar ese conocimiento a medidas concretas sobre el territorio». Y así es.
Un análisis de la situación
Canarias, a través de su Consejería de Transición Ecológica, está creando su propia Red de Refugios Climáticos. Este proyecto, por lo pronto, tiene el objetivo de identificar, evaluar y poner a disposición de la ciudadanía una red de espacios públicos, pertenecientes a cabildos y municipios, que permitan reducir los riesgos asociados a las olas de calor, ofreciendo además a las administraciones públicas criterios técnicos homogéneos para incorporar esta perspectiva en la planificación urbana futura.
A través de este trabajo, que aún está en marcha, se han identificado potenciales refugios climáticos en 62 de los 88 municipios de Canarias, es decir, el 70% del total. Esto supone que los espacios identificados cumplen con el checklist de requisitos que evalúa la Consejería para añadirlos a esta red.
Entre estos criterios técnicos - relacionados con el confort térmico y la seguridad de las personas- se valora que tenga «abundantes» espacios de sombra, vegetación «suficiente» para reducir la temperatura ambiental, disponibilidad de agua potable gratuita o zonas de descanso. A esto se añaden características adicionales a tener en cuenta en caso de que la zona sea interior o exterior. Así, en infraestructuras urbanas se solicita que las temperaturas oscilen entre los 18 y los 25 grados, que haya baños y asientos, buena accesibilidad, que sea apto para todos los públicos y que esté abierto al público en una horquilla horaria suficiente.
Cuando se habla de espacios al aire libre, lo importante es que estos exteriores cuenten con una superficie de al menos 500 metros cuadrados, dispongan bastante sombra útil (un 75%) en la que se ubique mobiliario urbano, baños públicos, seguridad y tengan surtidores de agua potable. Además, los servicios que ofrece deben ser gratuitos.
En una segunda fase de esta iniciativa, la Consejería plantea incluir a entidades privadas para completar la red. De hecho, ya ha mantenido encuentros con la patronal hotelera Ashotel, que está elaborando una red de Hoteles Refugios Climáticos y que ha manifestado su interés en integrarse en la red autonómica.
La Consejería de Transición Ecológica no es la única administración que se ha puesto manos a la obra. Tanto Educación como Sanidad, así como las universidades canarias, están poniendo en marcha planes para proteger a alumnos, profesores, pacientes y sanitarios de las altas temperaturas. Al mismo tiempo, algunos cabildos y diversos ayuntamientos están aprovechando sus recursos naturales, como parques rurales o barrancos, para reconvertirlos en estas zonas de descanso.
A falta de que se formule esta red oficial de refugios climáticos, hay espacios que ya pueden cumplir parte de esa función. Un ejemplo claro es el Parque García Sanabria, en Santa Cruz de Tenerife. «La abundante vegetación, la sombra y las temperaturas algo más suaves lo convierten en un lugar donde la sensación térmica puede ser varios grados inferior a la de las calles cercanas», recalca el López. Y no es el único. Bibliotecas, centros culturales o centros comerciales climatizados pueden funcionar, en la práctica, «como refugios frente al calor, aunque no hayan sido concebidos específicamente para ello», sostiene López.
Pese a los avances -lentos pero constantes- que se han producido en Canarias en esta materia, para muchos aún hay más incógnitas que certezas alrededor de la creación de refugios climáticos. Para los científicos, el principal problema de todo este análisis y gestión inicial es que se desconocen detalles importantes, como si esa red está distribuida de manera equitativa por el territorio para servir a los canarios. Como insiste Juan Palop, arquitecto bioclimático de la Fundación 20 grados, «es muy importante que los oasis climáticos - como él prefiere llamarlos debido a las connotaciones militares de la palabra refugio- sean accesibles para todo el mundo sin que importe en el lugar en el que viva. La regla de oro está en los 200 metros. «Cada oasis climático no se debe distanciar mucho más de otro para que la red sea efectiva», insiste.
Por eso, por muchos avances estratégicos y de planificación que se haya ejecutado en las Islas, la realidad, según Ezequiel Navío, es que «Canarias está en pañales». «Necesitamos un cambio urgente en la concepción de los gestores públicos sobre el problema del cambio climático; esto ya está aquí y debería ser una prioridad absoluta porque, a este ritmo, en 20 años la situación va a ser insostenible en muchos lugares», urge Navío. Comparte esta reflexión también Palop, quien considera que el planteamiento actual corre el riesgo de derivar en una concepción errónea de estos refugios.
«Lo importante no es construir o adaptar lugares para convertirlos en oasis, sino crear una red inclusiva y accesible que sea útil para la población», resalta Palop. Un ejemplo de buenas prácticas al que se refieren todos los científicos es el del Ayuntamiento de Barcelona . La ciudad fue pionera en desarrollar su propio proyecto de creación de refugios climáticos. Años después, «hay más de 500 que están señalizados, evaluados y radiados para conseguir que siempre haya uno cerca», explica Navío. Estos oasis para mitigar el calor no son simples lugares con aire acondicionado o en los que las temperaturas bajan por tener sombra, son espacios donde crear comunidad. «Son espacios en los que pueden ir el niño y el abuelo, y que no tienen un propósito consumista», insiste Palop.
Eso no significa que las empresas privadas no puedan participar. De hecho, en la ciudad Condal se ha creado una red de refugios públicos interiores y exteriores, que se complementan con los llamados microrrefugios. «Son empresas que se adhieren a la red y, aunque no disponen de todas las comodidades de un refugio, sí que ayudan a la población a pasar el sofoco», explica Navío. Palop añade que los años de experiencia de Barcelona también le han permitido analizar si las medidas que implantan funcionan. «No debemos tener miedo a equivocarnos, pero tenemos que planificar e ir haciendo al mismo tiempo», insiste.
En todo caso, para expertos como López, Canarias no está tampoco tan alejado de dar una respuesta a este caluroso reto. «Al compararnos con otras comunidades autónomas, Canarias está siendo una de las que más está impulsando este enfoque de forma estratégica», indica el geógrafo, que recuerda que el Archipiélago ha elaborado la primera guía autonómica para la creación y adaptación de refugios climáticos, que ya se ha distribuido a los 88 ayuntamientos y a los siete cabildos para facilitar su implantación.
Esta nueva concepción del riesgo pasa primero por incorporar el calor como un criterio habitual en la planificación urbana. «Necesitamos más árboles, más sombra, materiales que acumulen menos calor y espacios públicos pensados para las altas temperaturas», indica López, que también cree que se deberían identificar y señalizar desde ya los refugios climáticos, mejorar los sistemas de aviso a la población y prestar especial atención a las personas más vulnerables. Palop se muestra especialmente crítico con el lenguaje que se utiliza en los manuales de las condiciones que deben tener los refugios climáticos. «Cuando se leen estas recomendaciones se ve un cierto tonito militar que da la impresión de estar hecho desde el pánico y la emergencia; y debemos es asumir que esta va a ser nuestra realidad cotidiana, no una urgencia puntual», recalca. En una línea similar se manifiesta Navío, que advierte de que «de aquí a 20 años la situación va a empeorar». «Nos iremos a escenarios muy complejos y es necesario invertir en prevención de manera urgente porque esto es un incendio que sigue avanzando sin freno», insiste.
En definitiva, la urgencia del cambio climático obliga a cambiar el análisis previo por acciones rápidas y evaluaciones continuas. Una fórmula que permita crear, desechar y mejorar en tiempo real, para enfrentar más rápido las inequívocas consecuencias de un calor que ha llegado para quedarse.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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