Araceli Reymundo, arquitecta bioclimática especializada en Sostenibilidad: "Estamos llegando tarde a la toma de decisiones frente al calentamiento global"
La planificación urbana y la rehabilitación de edificios son claves para crear espacios que protejan a la población del calor en las islas

La arquitecta Araceli Reymundo, en su estudio Aras. / LP/DLP
¿Qué es un refugio climático y qué características debe reunir?
Los refugios climáticos son espacios accesibles para la población y están destinados a protegerla frente a episodios de calor extremo. Pueden ser interiores, como bibliotecas, centros cívicos, colegios, polideportivos, mercados o edificios públicos climatizados, o exteriores, como parques, plazas arboladas, jardines, patios sombreados o espacios con vegetación. Para que un refugio climático se considere adecuado, debería disponer de sombra suficiente, una temperatura más baja que la del entorno, zonas de descanso, agua potable, accesibilidad universal, buena ventilación o climatización, señalización y horarios conocidos, además de encontrarse próximo a las zonas residenciales y prestar especial atención a las necesidades de las personas mayores, los menores y otros colectivos vulnerables. No obstante, estos espacios no deberían entenderse únicamente como lugares aislados donde refrescarse durante una ola de calor. También deberían formar parte de la planificación urbana frente al cambio climático, incorporando medidas como el aumento del arbolado, la creación de pavimentos permeables, las cubiertas vegetales o la reducción de las superficies asfaltadas, con el objetivo de disminuir el efecto isla de calor y mejorar el confort térmico de las ciudades.
Greenpeace ha alertado de que en España, solo 19 de las 52 capitales de provincia cuentan con este recurso. En Canarias aún no existe una red de este tipo. ¿Qué consecuencias tiene esta ausencia en un contexto de olas de calor cada vez más frecuentes?
La consecuencia más grave y acuciante es que hay mayor mortalidad y problemas de salud, especialmente entre los grupos más vulnerables, como son las personas mayores, las mujeres embarazadas, los niños, las personas con enfermedades crónicas, las que trabajan al aire libre y las personas sin hogar o que habitan viviendas con diseños ineficientes, y estas son una gran mayoría. Hay que tener en cuenta que el parque inmobiliario canario, debido al 'benigno' clima del Archipiélago, que sigue avanzando hacia el calentamiento global y la desertificación, ha estado exento de cumplir normativas de confort y eficiencia en los edificios, que en el resto de las comunidades españolas sí se exigieron en su día. Esto nos está pasando factura. Este disconfort generado es muy característico en las viviendas sociales, cuyos habitantes son más vulnerables debido a la pobreza energética asociada.
¿Qué espacios públicos podrían convertirse con mayor facilidad en refugios climáticos en las Islas?
Las zonas donde se disfruta de un mayor confort durante las olas de calor son los espacios densamente ajardinados, como los grandes parques urbanos, porque contribuyen a disminuir el fenómeno llamado isla de calor, que propician, por ejemplo, los espacios asfaltados y sin vegetación. También suelen funcionar bien las construcciones con techos muy altos y muros muy gruesos como las iglesias o catedrales, por ejemplo. Suelen funcionar bien, porque el aire caliente pesa menos que el frío y, al elevarse, deja los espacios en contacto con el suelo más frescos. Además, los muros gruesos mitigan y desfasan la entrada del calor. También pueden ser refugios climáticos los climatizados artificialmente, pero debe tenerse en cuenta que esta no debería ser la estrategia más usada, dado que el cambio climático lo están originando, sobre todo, las emisiones de CO2 producidas por el consumo energético, y entonces supondría retroalimentar el problema.
«En Canarias no se tiene en cuenta que la mejor orientación de las fachadas es hacia el sur»
¿Qué errores de diseño urbano hacen que una ciudad acumule más calor del necesario?
Uno de los errores de diseño más graves en Canarias es no tener en cuenta que la mejor orientación de las fachadas es hacia el sur. Los huecos de una fachada orientada al sur pueden captar más radiación solar en invierno, que es cuando suele ser deseable, porque el sol hace un recorrido más inclinado en invierno y es la única fachada que, si no tiene obstrucciones solares, recibiría sol desde el amanecer hasta la puesta de sol. Pero esta orientación sur es estratégica, ya que esos mismos huecos de la fachada son más fáciles de proteger del sol en verano, pues el recorrido solar es más vertical. Se podría decir que la orientación de la fachada podría suponer el 60% del confort del edificio, y esto reduciría la demanda energética, fomentaría el ahorro en los edificios y ayudaría en la lucha contra el cambio climático. Por eso es crucial tenerla en cuenta en el trazado urbano. En parcelas de viviendas unifamiliares, normalmente, al hacer el proyecto se puede tratar de girar la vivienda dentro del solar para lograr la orientación óptima en los espacios vivideros. En núcleos urbanos densos, la orientación de la fachada de cada edificio la da el trazado de la calle y esto no se ha tenido ni se tiene aún en cuenta en el planeamiento.
¿Qué otros fallos detecta?
Tampoco suele tenerse en cuenta el hecho de diseñar los edificios para que las viviendas den a dos fachadas y puedan favorecerse de la ventilación natural cruzada, que también mejora considerablemente las condiciones de confort, especialmente en Canarias por el exceso de humedad ambiental que nos caracteriza. Otro error es no tener aislamiento térmico en los edificios, porque en Canarias no fue obligatorio hasta 2009. Por ello, están proliferando las instalaciones de aire acondicionado, porque es una actuación más rápida y menos costosa que poner aislamiento térmico. La climatización lo que hace es consumir energía, emitir CO2 e impulsar aire caliente hacia el exterior. Entonces el entorno urbano se recalienta y es necesario usar más aire acondicionado, lo cual agrava las consecuencias del cambio climático. Esta, lógicamente, es una espiral muy negativa que es urgente reconducir.
¿Qué papel juegan el arbolado, las zonas verdes, el agua o los materiales de construcción a la hora de reducir la temperatura en las calles?
Juegan un papel muy importante porque lo crucial es trabajar en propuestas que eviten que el calor entre en los edificios y no priorizar las soluciones para luego enfriarlos con energía. El arbolado es fundamental y las ciudades deberían renaturalizarse, pero no solo instalando zonas verdes, sino haciéndolo mediante estrategias bioclimáticas que tengan en cuenta las condiciones del entorno para buscar las soluciones de diseño más adecuadas. Hay que analizar, por ejemplo, qué tipo de árboles escogemos, el piso bioclimático y el tipo de espacio urbano en el que se intervenga. Además, hay que tener en cuenta su demanda hídrica, que es otro de los grandes problemas del Archipiélago. Decidir con los diagramas de confort de la localidad y la parcela si serían más adecuados los de hoja perenne o los de hoja caduca, también dependiendo de la orientación de la fachada urbana junto a la que se instalen, etcétera. En cuanto a la conveniencia o no de presencia de agua, en Canarias tiene sus matices por la alta humedad que nos caracteriza. Si el agua está fresca, lógicamente contribuye a amortiguar la temperatura del entorno. Ahora bien, si es un agua estática, que se va calentando según avanza el día, al final lo que hace es aumentar el grado de humedad del entorno, y entonces disminuye la sensación de confort. En este sentido, 28º en Madrid, que es un clima seco, se sobrellevan mejor que 28º en Canarias, que tiene una humedad mucho más alta y los diseños tienen diferentes estrategias. Otro error importante es utilizar materiales oscuros en el diseño urbano, como es el asfalto o determinados revestimientos pétreos. Estos tienen una gran absorción y son capaces de acumular el calor sin lograr enfriarse, incluso durante la noche, cuando ya no hay radiación solar. Eso también potencia el fenómeno de la isla de calor.
«Otro error importante es utilizar materiales oscuros en el diseño urbano, como es el asfalto»
En barrios muy densos y con poca sombra, ¿qué actuaciones serían prioritarias para proteger a la población del calor extremo?
Cada barrio debería analizarse por separado porque tendrá diferentes condiciones de partida y requerirá estrategias diferentes. Por lo que hemos ido viendo, debe analizarse la orientación de las calles, la altura de los edificios para evaluar las sombras y el ancho de la vía para valorar la posibilidad de incorporar vegetación, o bien, la instalación de sistemas alternativos de sombreamiento. Es importante analizar el color y comportamiento térmico de las superficies urbanas que conforman el viario, tanto horizontales -calles- como verticales -fachadas-, y poder valorar lo que se pueda rectificar o mejorar. Por ejemplo, las fachadas oscuras que se puedan cambiar a blanco o los pavimentos que se puedan poner más claros y con zonas permeables. También es importante estudiar el comportamiento térmico de los edificios que conforman el barrio para ver las posibilidades de mejorar su confort y disminuir el consumo energético en climatización y sus emisiones de calor. Estos estudios son básicos para determinar cuáles serían las actuaciones prioritarias y trazar una hoja de ruta lo más eficiente posible.
¿Los refugios climáticos benefician solo a las personas más vulnerables o terminan mejorando la calidad de vida de toda la ciudad?
Como ya he comentado anteriormente, depende de cómo se prioricen las estrategias. Si el diseño del refugio climático apuesta por renaturalizar el espacio exterior, implementar protecciones solares, disponer de aislamiento térmico y, en definitiva, aplicar estrategias bioclimáticas en la construcción o rehabilitación de la edificación y del espacio urbano, es decir, estrategias que no consuman energía y algunas que incluso secuestren CO2, como es el caso de la vegetación, por supuesto que también contribuirán a mejorar la calidad de vida en la ciudad. Pero si la estrategia está vinculada a la climatización, es decir, a la instalación de equipos de aire acondicionado, entonces iremos empeorando, no solo la calidad de vida de la ciudad, sino también la del planeta, acentuando el cambio climático.
Muchas administraciones consideran estas actuaciones un gasto. Desde el punto de vista de la arquitectura y el urbanismo, ¿piensa que realmente es una inversión rentable?
Bueno, entiendo que la sanidad también es un gasto, pero no sería ético plantearnos si es o no una inversión rentable para poder defenderla. El cambio climático es un problema que estamos causando nosotros y lo ético es que tratemos de paliarlo por nuestro propio bien y, sobre todo, por el bien y la salud de las personas más vulnerables y del planeta.
¿Qué ciudades cree que están haciendo las cosas especialmente bien en materia de adaptación al calor o al frío intenso?
Barcelona es una referencia bastante interesante. Desde 2019 ha desarrollado una red formada principalmente por equipamientos y espacios ya existentes: bibliotecas, centros cívicos, escuelas, museos, parques y jardines. La clave no es construir edificios especiales, sino identificar, acondicionar, señalizar y coordinar lugares distribuidos homogéneamente por los barrios accesibles a la ciudadanía, especialmente la más vulnerable. París, por ejemplo, está transformando patios escolares impermeables en oasis, incorporando arbolado, vegetación, suelos permeables, agua, sombra y una mejor gestión del agua de lluvia. Algunos de estos patios se abren también al barrio fuera del horario escolar, convirtiendo una infraestructura educativa en un espacio climático y comunitario. Creo que es muy tranquilizado saber que cuando hace calor extremo, nuestros hijos están bien. Por otro lado, Viena dispone de un Plan de Acción frente al Calor que combina medidas inmediatas -alertas, fuentes, nebulizadores y atención a grupos vulnerables- con actuaciones urbanas permanentes, como arbolado, zonas de sombra, reducción del tráfico y renovación de plazas urbanas. El plan combina medidas de ámbito general y otras específicamente dirigidas a personas mayores, enfermos, niños y población socialmente vulnerable.
¿Qué podría aprender Canarias de ellas?
Pues, por ejemplo, tratar de avanzar en el estudio y comunicación a la ciudadanía sobre la red de equipamientos públicos del barrio y tener un protocolo sanitario eficiente. También un tema que parece muy importante, en la línea de la propuesta de París, es revisar el diseño de la Consejería de Educación de Canarias respecto al protocolo de los colegios y las altas temperaturas, que en la actualidad es justo al revés, porque plantea enviar a los alumnos a sus casas cuando en el centro aumenten las temperaturas hasta determinado rango. Esto no es bueno para el sistema. Los colegios deberían tener prioridad en la rehabilitación eficiente de los edificios y convertirse en refugios climáticos.
«Lo ético es tratar de paliar el cambio climático por nuestro propio bien y por la salud de las personas más vulnerables»
Teniendo en cuenta el clima propio de las Islas, si tuviera que proponer tres medidas urgentes para que las ciudades canarias empiecen a adaptarse al calor extremo, ¿cuáles serían?
En primer lugar, considero que es urgente que el nuevo urbanismo y la regeneración urbana se diseñen teniendo en cuenta las estrategias bioclimáticas. Es un momento crucial porque en la actualidad se está hablando de la necesidad de generar más suelo urbano dada la escasez de vivienda. Las condiciones y calidad de vida van a depender en buena medida de estas decisiones. En segundo lugar, creo que se deberían monitorizar espacios públicos y viviendas sociales para tener datos de temperatura, humedad y radiación solar y poder decidir cuáles deberían ser las prioridades de actuación, teniendo en cuenta los valores más altos y a los barrios más vulnerables. Esas monitorizaciones, antes y después de las actuaciones, y la comprobación de la mejora de los valores en las zonas donde se vaya actuando, ayudarían a estimular la adopción de medidas en este sentido. En tercer lugar, creo que debería haber más información a la ciudadanía sobre qué podemos hacer, cada uno dentro de sus circunstancias y coyuntura, para favorecer la lucha contra el cambio climático. Por ejemplo, el acondicionamiento térmico de nuestros edificios, practicar modos de vida más saludables para nosotros y para el planeta, tratar de disminuir nuestras necesidades de movilidad, etcétera.
¿Cree que ha llegado el momento de replantear el urbanismo para poder ofrecer confort térmico?
No considero que haya llegado el momento, más bien considero que estamos llegando tarde a la toma de decisiones, viendo cómo evoluciona el calentamiento global. Creo que hay que empezar a actuar cuanto antes mediante políticas eficaces, generando conciencia entre la ciudadanía no implicada aún en el problema y apoyando a los que sí están concienciados en la implementación de las estrategias. Tenemos que tener claro que, lo que decidamos para nuestro confort, puede ser saludable o perjudicial para el planeta y, en este sentido, las ayudas públicas deberían apoyar las saludables. Lo que habría que priorizar es evitar, en la medida de lo posible, que el calor llegue al interior de nuestras viviendas, y no solo instalar equipos de climatización para sacarlo de ellas.
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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