Catequesis y escuela: transmitir valores en el siglo XXI
La religión sigue estando presente en la sociedad actual, aunque vive en constante transformación

Catequesis y escuela: transmitir valores en el siglo XXI
Cristina Estupiñán Quintana
Hablar de religión católica y Fe actualmente es un tema muy controvertido, pues en ocasiones es una forma de exposición. Se trata de tus propias vivencias y tus decisiones. En mi vida, la Fe no ha sido una constante lineal porque me he criado en un ambiente donde la religión ha estado presente desde que soy pequeña, principalmente por la influencia de mis abuelos. Ellos han sido los que desde pequeños nos han inculcado en mayor medida los valores religiosos y nos han acercado a Dios. Pero como les pasa a muchos jóvenes, al cumplir años y empezar a tener vida social comencé a distanciarme de la Iglesia por no encontrar tiempo para dedicarle.
Pero ¿era realmente falta de tiempo? ¿O era una desconexión debido a una pérdida de interés? Probablemente la respuesta haya sido influenciada por mi entorno ya que, al crecer, mi círculo de influencia dejó de ser mi familia y comenzó a ser mi círculo social. Ahora, y, sobre todo, gracias a trabajar en un centro educativo como es el Colegio San Ignacio de Loyola, donde la religión es la columna vertebral de la institución, he vuelto a reconectar con mi Fe. Por eso, actualmente puedo considerarme una persona religiosa, porque sigo los pasos que Jesús espera de nosotros, por ser una persona empática y servicial, y que busca a Jesús en cada uno de los actos del día a día.
Trabajando en este centro escolar de la compañía de Jesús me he acercado de nuevo a Dios, especialmente en lo cotidiano, y lo tomo como una oportunidad para transmitir los valores a mis alumnos, dándole un propósito más profundo a mi labor. De este modo, no solo la he centrado en el ámbito académico, sino que he querido ir un paso más allá, donde tienen cabida los valores, las preguntas existenciales y la formación personal de todos estos alumnos.
Por todo eso, decidí involucrarme en la catequesis de nuestros alumnos. Estos momentos con ellos me han permitido darme a conocer entre ellos desde otra perspectiva y tener espacios donde buscamos el autoconocimiento a través de la vida de Jesús. Intentamos, así, que la catequesis no sea solo un espacio para aprender contenidos religiosos, sino que también mantenemos conversaciones muy enriquecedoras, tanto para el alumnado como para nosotros, los catequistas. Trabajamos el buscarle un sentido a la vida, el bien y el mal, la importancia de ayudar a los demás o incluso, la necesidad de encontrar momentos de silencio.
En estos momentos de reflexión y crecimiento personal es donde los niños más nos sorprenden con su capacidad de cuestionar, con su interés y su participación activa en temas tan abstractos como son los que la religión nos plantea.
Bajo mi experiencia y en el contexto en el que vivo y trabajo, no percibo una brecha de género significativa ni entre el alumnado ni entre el equipo de pastoral del centro. La implicación de niños y niñas es bastante equilibrada, al igual que la presencia de hombres y mujeres entre quienes acompañamos este proceso. Todo esto, teniendo en cuenta que el sector de la educación, aunque cada vez lo es menos, es un sector donde hay mayor presencia de mujeres que de hombres. Esto me lleva a pensar que la Fe no es tanto una cuestión de género como de la manera en la esta que se transmite, la implicación de las familias y el entorno en el que los niños y niñas viven.
Por último, en estas fechas en las que nos encontramos, no podemos hablar de religión sin mencionar la Semana Santa. Y con la llegada de estas fechas se abre un gran debate: ¿se ha perdido la esencia de estos días tan señalados? Desde mi experiencia, siento que cada vez las personas lo ven más como una semana de vacaciones y no se tiene tan presente el sentido espiritual de estas jornadas. Por eso creo que los que formamos parte de la educación católica de las nuevas generaciones tenemos una gran misión, que es mantener el sentido de esta semana. No obstante, no podemos obviar que la sociedad evoluciona, y con ella también lo hace la manera de vivir la Semana Santa. Aunque hay muchas personas que continúan experimentándola con auténtica devoción y respeto, existe otra parte de la sociedad que la percibe principalmente como un periodo de descanso y desconexión. Ante esta realidad, el reto no debería ser confrontar estas versiones, sino buscar un equilibrio donde ambas visiones puedan coexistir y que no se pierda el sentido más espiritual de estas fechas. En definitiva, que podamos mantener la tradición en su sentido más profundo.
Con todo esto, la religión sigue estando presente en la sociedad actual, aunque vive en constante transformación. Mi experiencia me lleva a pensar que, junto con la sociedad, la manera de enfocar la religión también cambia y, si nos movemos con este cambio y le sabemos dar el enfoque adecuado, conseguiremos que las nuevas generaciones sientan una conexión real con la Fe. Y en este panorama de cambio juegan un papel fundamental la educación, el ejemplo y la capacidad de adaptación de todas las personas involucradas en la vida religiosa de nuestros jóvenes.
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