De la tinta al podio: el humor gráfico se viste de oro
La elección de Padylla como Premio Canarias de Comunicación 2026 no es solo un reconocimiento a su trayectoria, que lo es, también se reivindica la viñeta como parte inherente del periodismo

De la tinta al podio: el humor gráfico se viste de oro
Francisco Pomares
La simpatía y el afecto que despierta en el público explica la entusiasta acogida de la concesión a Padylla del Premio Canarias 2026. No hubo dudas entre los siete miembros que compusieron el jurado, reunido el pasado lunes, en la elección de quién se alzaría este año con el galardón en la categoría de Comunicación. José Luis Padilla Morilla, Padylla, propuesto por una veintena de instituciones, «se ha consolidado a lo largo de más de dos décadas como una de las voces más reconocidas del humor gráfico en Canarias, retratando a través de sus viñetas la actualidad política, económica y social del Archipiélago», destacaron. Y es que su elección, no solo se reconoce a un autor que se ha convertido en un imprescindible de la presa canaria en la actualidad, también se reivindica una tradición que forma parte de la cultura periodística de las Islas.
Desde el inicio de la prensa de masas en las islas, el humor gráfico ha sido una herramienta esencial para el análisis crítico de la realidad y la construcción del debate público. La viñeta, el chiste y la caricatura han permitido sintetizar con agudeza cuestiones complejas, acercándolas al lector a través de un lenguaje accesible, inteligente y popular. Este género periodístico, a veces relegado en los estudios académicos, ha tenido en las islas una trayectoria singular, marcada por su capacidad de retratar la actualidad desde una ironía que no renuncia al compromiso con la verdad.
Desde finales del siglo XIX y durante buena parte del XX, Canarias contó con una notable tradición de prensa satírica, donde títulos como El Látigo, El Jaleo, El Gran Galeoto, La Careta, El Mundo, La Caricatura, de las Palmas de Gran Canaria, o El Surriágo, El Abejón; Juan Lanas, Gente Nueva, El Moscardón, Barreno… y Fuego!, de Santa Cruz de Tenerife. En esos periódicos trabajaron dibujantes que definieron un imaginario visual y político propio, contribuyendo a consolidar el humor gráfico como forma de narración del presente. Autores de la talla de Ernesto Meléndez Cabrera -que firmaba como ‘Nerón Lila’-, Diego Crosa, Manuel Verdugo y Bartlett, Francisco González Pedrón, Aranguren, Manuel Reyes, Pedro de Guezala, Juan Davó, Miguel Borges Salas, Juan Claverie, Juan Millares Carló, José Hurtado de Mendoza, Manrique de Lara, Antonio Mesa, Francisco y Miguel Borges Salas, Teodomiro Morales, Maruja Soto -que firmaba ‘don Polito’-, el genial Paco Martínez… una lista inagotable de pioneros a los que -tras la purga y depuración de la Guerra Civil- se sumaron nombres más cercanos, como los de Felo Monzón, Emilio Daneos, José Márquez, Manolo Millares, Manuel Padrón Noble, Harry Beuster, Rafael Bethencourt -Rafaely-, Juan Galarza, Ayaso, Sánchez Brito, muchos de ellos vinculados a la Agrupación Vanguardista Canaria de Caricaturistas Personales, una experiencia de hermanamiento regional de 1957, que hoy se quiere repetir desde la Asociación Canaria de Humoristas Gráficos y Caricaturistas. Esa herencia, que atraviesa décadas de historia, constituye un patrimonio cultural que continúa vivo y que merece reconocimiento institucional.
En los años inmediatamente posteriores al franquismo, surgen artistas como Faustino García Márquez -el ‘Pastino’ de la revista Sansofé, o los hermanos López Aguilar, y Eduardo Millares, el gran ‘Cho Juuá’ en Diario de Las Palmas, Paco Martínez y Harry Bauster en El Día, y más recientemente, contamos con el chiste social de Morgan en el Canarias 7, con Carlos, Montecruz y Padylla en La Provincia, Almagro, Eduardo González, Ducha y Burgazzoli en La Opinión de Tenerife, Farruqo en la televisión canaria, y fuera de los medios, con la fuerte presencia en redes y exposiciones, de autores como Talamaletina, el palmero Carlines, Antonio Cerpa, Néstor Dámaso del Pino, Carolina Bonino, Pepe Vera e Irene Morales.
La prensa diaria de Canarias ha mantenido y fortalecido este legado, otorgando a la viñeta un lugar destacado dentro de sus contenidos editoriales. La función de la viñeta contemporánea no es únicamente ilustrativa: es un género de opinión que, mediante la síntesis visual y verbal, ofrece una interpretación crítica de la actualidad y contribuye a enriquecer la conversación pública. Esa conciencia sobre el valor del humor gráfico ha estado presente en La Provincia, El Diario de Las Palmas, Canarias 7, La Opinión de Tenerife y El Día, que en distintas épocas albergaron el viñetismo y la caricatura en sus páginas, suscribieron esa propuesta, hasta el punto de convertir la viñeta diaria en un elemento plenamente integrado de su oferta periodística.
Es en este contexto donde se inscribe la obra de Padylla, uno de los humoristas gráficos más influyentes y destacados de la comunicación en Canarias durante las últimas dos décadas. Su trayectoria profesional, iniciada en 1995 con una viñeta publicada en La Gaceta de Las Palmas, ha estado marcada desde sus comienzos por una capacidad excepcional para leer la realidad política y social del Archipiélago, y traducirla en imágenes que sintetizan, con agudeza y sentido crítico, lo que la actualidad noticiosa exige descifrar.
A lo largo de su carrera, y tras su paso por distintos proyectos periodísticos, Padylla se ha consolidado como autor de referencia en El Día y La Provincia, donde publica una viñeta diaria que se ha convertido en uno de los contenidos más leídos, comentados y compartidos por los lectores. Ese liderazgo sostenido en audiencia no responde a la casualidad ni a su condición de género ligero, sino a la capacidad singular de su autor para conectar con las preocupaciones, los códigos y las sensibilidades de la sociedad canaria contemporánea.
La obra de Padylla se caracteriza por tres dimensiones fundamentales. La primera, su arraigo en la actualidad: cada una de sus viñetas parte de una lectura rigurosa del presente, orientada a identificar los asuntos que preocupan a la ciudadanía. La segunda, su capacidad de síntesis intelectual y visual, que condensa en una frase y un trazo cuestiones complejas sin simplificarlas en exceso. Y la tercera, su mirada ética y social, que sitúa en el centro de su trabajo problemas que trascienden la política institucional -desde la desigualdad hasta la inmigración, el desempleo o las carencias de los servicios públicos-, y que afectan directamente a la calidad de vida de los canarios.
Ese compromiso con la realidad social ha convertido la viñeta de Padylla en un espacio donde el lector no sólo encuentra humor, sino también claridad, empatía y reconocimiento. Su trabajo no se limita a observar y criticar al poder; dialoga con la experiencia cotidiana de la gente común, y es precisamente ahí donde radica gran parte de su relevancia.
Por otra parte, Padylla ha logrado construir un estilo visual y narrativo propio, fácilmente identificable, que combina el trazo directo con una expresividad gestual que refuerza el sentido del texto. Esa identidad gráfica le ha permitido situarse en continuidad con la tradición del humor gráfico canario, pero también renovar su lenguaje, adaptándolo a nuevos públicos y formatos. Su presencia en redes sociales, donde sus viñetas circulan diariamente, confirma la vigencia de un género que ha sabido reinventarse sin perder su esencia.
La recepción de su obra por parte de la ciudadanía es prueba evidente de su impacto. Son numerosos los lectores que han expresado -en redes, en comentarios y en sondeos- que consultan primero su viñeta antes que cualquier otro contenido del periódico, como una manera rápida de comprender el clima político del día. Padylla no sólo representa una voz autorizada; ha conseguido que la opinión gráfica sea, para muchos, el pórtico de entrada a la información.
Ese valor periodístico se refleja también en su capacidad para dialogar con las líneas editoriales de los periódicos donde trabaja, ofreciendo un comentario crítico que, desde la independencia y la creatividad, contribuye a reforzar la pluralidad de perspectivas dentro de la prensa. La viñeta diaria es hoy un editorial visual, y Padylla ha elevado ese formato a una forma madura, reconocible y culturalmente influyente.
El reconocimiento a su trayectoria no sería completo sin subrayar la dimensión humana que hay detrás de su trabajo. Padylla ha ejercido su profesión con discreción, humildad y constancia, manteniéndose al margen de protagonismos mediáticos. Ha conciliado durante años su labor creativa con su trabajo en la administración pública y con la crianza de una familia numerosa, demostrando con ello que el talento convive con la disciplina y el compromiso.
El humor gráfico forma parte esencial de la cultura periodística de Canarias, y su reconocimiento institucional era una deuda pendiente con un género que ha acompañado, iluminado y enriquecido nuestra vida pública losdos últimos siglos. La obra de Padylla representa de forma ejemplar ese legado: honra la tradición, la actualiza y la proyecta hacia el futuro.
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