Eduardo González, dibujante: «El humor político es el más difícil de todos y ahí Padylla saca oro»
Formado en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, Eduardo González es un dibujante e historietista tinerfeño con una amplia experiencia en prensa, como ilustrador y autor de cómics tanto a nivel regional como nacional. En esta entrevista habla con orgullo del éxito de su compañero José Luis Padilla, Padylla, tras anunciarse que ha sido galardonado con el Premio Canarias de Comunicación.

El dibujante y viñetista, Eduardo González. / Arturo Jiménez
Es la primera vez que se le otorga un Premio Canarias de Comunicación a un humorista gráfico, concretamente a Padylla. Imagino que la noticia es un orgullo, de paso, para toda la profesión.
Ha sido un impacto enorme. Nunca había pasado algo así y claro que Padylla se lo merece, de lejos. Creo que lleva trabajando, si no me equivoco, desde 1995. Sus viñetas -algo que pasa también con Morgan- se ven todos los días en todos los sitios que te puedas imaginar: en las oficinas, por ejemplo, o colocadas en los típicos corchos que hay en la pared. La gente las comenta, habla de ellas. Realmente son profesionales que han creado una nueva forma de ver la realidad, de afrontar la actualidad. Es una perspectiva de la prensa que existe ya desde el siglo XIX, el humor gráfico siempre ha generado opinión. La viñeta representa esa otra forma de ver la noticia y la realidad. Que se le de ahora esa consideración, la máxima que se entrega en el Archipiélago, me parece muy parece bonito.
Y cumple una función editorial muy importante, a la par de complicada. El viñetista asume la difícil labor de resumir lo que sucede cada día con los recursos del dibujo, que muchas veces son sucintos.
Te cuento una cosa. En periódicos tan clásicos como puede ser, por ejemplo, el ABC, Mingote era la referencia. Al igual que tantos otros como Chumy Chumez, por poner solo un par de ejemplos. Se convierten en una especie de seña de identidad del medio de comunicación, eso es así. Lo que tiene Padylla es que saca oro de una realidad que muchas veces es muy difícil. De hecho, el humor político es el más difícil de todos desde mi punto de vista. Es un mundo muchas veces antipático y él, como te digo, consigue extraer de ahí auténtico oro, un jugo importante. Yo, que leo el periódico todos los días a la hora del cortado, disfruto mucho viendo sus viñetas.
Son una especie de refugio frente a la cruda realidad...
Cierto, la realidad te está matando y él consigue sacarte una sonrisa. O simplemente no es que te haga sonreír, sino que da el toque, te resume la actualidad.
Y ha conseguido que algunos personajes de la política canaria lleguen a caernos mejor...
Sí, les da incluso un toque de ternura (risas).
¿Cuándo decidió usted que iba a dedicarse a dibujar?
Creo recordar que tomé la decisión como a los 15 años o así. Como todos, siempre he dibujado. Si lo piensas, no hay ser humano que no haya dibujado. De hecho, sabemos dibujar antes de empezar a escribir o hablar. Las letras, al final, no son otra cosa que pequeños dibujitos. Tú dale un bebé algo para que manche y se lo va a pasar pipa manchando las paredes de su casa. La cosa es que vamos dejando de dibujar con el tiempo. El dibujo es un juguete y al final terminas aburriéndote de él. Después hay gente que no, hay gente que sigue porque le sigue gustando mucho ese juguete. Y esos somos los que al final nos dedicamos a esto. Mi padre me dijo hace muchos años: mira, si vas a dedicarte a algo, al menos dedícate a algo con lo que vayas a disfrutar, solo vas a vivir una vez. Y a mí lo que me gusta es dibujar, dibujar y contar historias.
¿Y no es más complicado contar historias con dibujos que con las palabras?
Es otra sintaxis, otra narrativa. Tú cuentas historias con la palabra y hay quien las cuenta con la imágenes, como en el cine. Lo mismo pasa en el teatro, por ejemplo, con la palabra oral. En este caso simplemente se trata de crear una narrativa con dos elementos: palabra y dibujo.
Usted también tiene experiencia como viñetista en varios medios de comunicación...
Sí. Empecé en Canarias Ilustrada, una revista con la que comencé a colaborar en 1993. Fue mi primera experiencia. Me lo ofrecieron casi cuando acababa de salir de la Universidad. Yo no había hecho nada hasta entonces pero me gustaba el humor y me lancé. Después estuve en Canarias Gráfica, una cabecera muy antigua que se reavivó entonces pero que duró muy poquito. Luego fue la época con La Opinión de Tenerife, fueron diez años haciendo opinión.
Poco se habla de lo difícil que debe ser sostener el ritmo de crear una viñeta diaria durante años y años...
Mira, al principio solamente tenía una semanal y ya me parecía un mundo. Salía, además, en el suplemento de Cultura. Luego tuve una diaria, que era con guión de Patricio Ducha. Luego ya tuve que hacerlo solo, dos semanales y una diaria. Te das cuenta de al final se trata de establecer una mecánica, como todo. Me levantaba por la mañana, me tomaba mi café y ya empezaba a darle vueltas y a pensar. El ratito ese es el mas importante, ves lo que está pasando y eliges aquello a lo que le puedes sacar partido. Así vas creando la dinámica, una mecánica.
Una cosa que sucede con muchos viñetistas, entre ellos Padylla, es que crean una especie de realidad alternativa y consiguen que sus personajes sean reconocidos por todos.
Sí, y ahí podemos mencionar también a Morgan, que es un genio de lo que es el humor costumbrista. Ellos forman una especie de binomio. Sus personajes, como Carmelito, se han integrado en el día a día de Gran Canaria. Lleva haciendo viñetas desde 1982, creo, y la forma de hablar de esos personajes es ya una seña de identidad. Aquí a Tenerife no llegó tanto porque entonces, antes de internet, los medios no eran tan regionales. Con Padylla pasa lo mismo pero en el campo de un humor más político. Sus personajes se han integrado y ha conseguido que todos entremos en su juego.
Ha hecho famosos detalles como la mochila del presidente del Gobierno de Canarias, Fernando Clavijo, o el pelo de Román Rodríguez. Cosas sencillas pero que han ayudado a construir esa identidad de la que hablamos.
(Risas) Sí, cosas sencillas pero muy bien puestas y muy bien pensadas. Es muy difícil hacer eso. Por explicarlo de alguna manera: si tú llenas todo de rayitas, puedes construir el personaje a base de recargar y recargar pero, de tanto hacer eso, en realidad acaba desapareciendo. Pero si le quitas -si haces lo contrario- si lo que haces es simplificar, es más difícil pero mucho más eficaz. Esas «cuatro rayitas» tienen que estar muy bien puestas para que el personaje cobre vida. Y eso Padylla lo hace muy bien.
Además de viñetista, usted dedica buena parte de su labor a los cómics y a la ilustración de libros de otros autores, ¿no es cierto?
Sí, yo me dedico, sobre todo, al cómic. Llevo ya unos cuantos álbumes ilustrados tanto con guiones míos como de otros autores, algunos de humor también. Porque el humor gráfico, además de la viñeta, también puede ser cómic. También tengo otros libros que son adaptaciones literarias como la de Mararía, de Rafael Arozarena. Hace poco también hice La Lapa, de Ángel Guerra. También colaboro mucho con guionistas.
¿Y qué proyectos se trae ahora mismo entre manos?
Pues acabo de terminar un libro que saldrá, espero, dentro de poco. Se trata de un cómic que sale de un álbum sobre un artículo periodístico, precisamente. Es una historia de Juan Manuel Pardellas que se llama Héroes de ébano. Se basa en una historia real de unos migrantes que vinieron a Canarias, una historia terrible porque los dejaron abandonados en el mar. De esos artículos periodísticos que él recuperó para el libro, ahora saldrá un cómic. Ha sido un proyecto muy interesante pero tremendamente difícil de hacer. Lo acabo de terminar y ya está en imprenta -o al menos eso me han comentado- así que supongo que en breve saldrá publicado.
La ilustración, el mundo del cómic en general atraviesa un buen momento. Parece que ha habido un boom de este tipo de publicaciones en los últimos años, ¿o es solo una percepción?
Siempre han tenido muchos seguidores, sobre todo a raíz de las publicaciones de Bruguera. En España, como pasa también en el vecino país de Francia, siempre se ha leído mucho cómic. Pongamos como ejemplo los años sesenta del pasado siglo, cuando las tiradas de títulos como El capitán trueno eran enormes. Mi padre creció con ellas. Era una generación que leía muchísimo contenido de este tipo, lo mismo que también iban mucho al cine porque entonces era más barato y accesible. Entonces se llegaba a vender hasta medio millón de ejemplares a la semana, unas cifras tremendas al nivel de las que ahora hacen los japoneses. Todo eso se perdió. Llegó un momento, a finales de los años 70, en el que toda esa industria desaparece. A partir de ahí, llega una especie de boom de contenido adulto, entre comillas, con revistas y títulos como 1984. También acaban desapareciendo a principios de los 90 y ahí es cuando empiezo yo y me voy con mi carpetita a Barcelona.
Llegaba tarde...
Sí (risas). Pero sí, en los últimos años se ha revitalizado bastante. Creo que nunca va a volver a ser una industria tan potente como lo fue. Ahora es algo más pequeño, más de autor, por decirlo así. Y es cierto que hay muchos creadores. Hay autores con un trabajo muy personal que hoy tienen la capacidad de llegar al gran público, como Paco Roca. Han logrado romper esa pared del mundo del cómic para llegar a un espectro lector mucho mas amplio pero siempre teniendo en cuenta que este es un mundo pequeñito y muy endogámico.
Hablando de Paco Roca, el Premio Nacional se creó en 2007 precisamente para reconocer el cómic como forma de expresión artística...
Sí, y la verdad es que le ha dado visibilidad a este sector. Ahora también hay ciertas becas para ayudar a realizar obras en este sentido, porque es muy difícil dedicarte a esto. Te demanda muchísimo.
Podría pensarse que una viñeta es algo rápido de hacer...
Pues depende del tiempo que le quieras dedicar pero, en general, alguien que trabaje en la ilustración como yo afronta jornadas de diez o doce horas diarias. Por ejemplo, adaptar Mararía -una de las principales obras de la literatura canaria de la que mucha gente dice que le cambió la vida cuando la leyó- fue una responsabilidad muy grande. Tengamos en cuenta de que forma parte del currículo que se imparte en los institutos de Canarias.
¿Cree que este premio a Padylla cambiará de alguna manera la imagen que se tiene de la función comunicativa de los viñetistas?
Espero que sirva de respaldo a la profesión. Lo más importante es que personalmente me alegro muchísimo por él. Espero que la gente se de un poquito más de cuenta de que esto existe y repare más en nuestra labor. Además, Padylla forma parte de la Asociación de Caricaturistas y Humoristas Gráficos de Canarias Se nos fue el baifo. Todos estamos muy contentos. Una cosa que debemos tener en cuenta y de la que estamos también muy orgullosos es que el futuro está asegurado. Tenemos nuevos miembros muy buenos que están haciendo cosas interesantísimas. Es más, el futuro -incluso el presente- está ya en manos de las mujeres. El futuro del humor gráfico en las Islas tiene nombre femenino: Irene Morales, Carol Bonino, Eva Núñez, Laura Cubas, Maria Valenzuela... Y la cosa sigue creciendo.
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