Las ‘supermujeres’ canarias hallan el amor en el equilibrio
Las mujeres exitosas del Archipiélago coinciden en que la clave del éxito en las relaciones de pareja es la corresponsabilidad

Las ‘supermujeres’ canarias hallan el amor en el equilibrio / E. D.
Daniel Valle / María Alfonso Hernández
Las empresarias del Archipiélago no lo han tenido fácil para encontrar el amor, pero tienen claro cuál es la fórmula para mantenerlo durante muchos años: cuando se trata de encontrar una persona con la que compartir proyecto de vida, el equilibrio se convierte el ingrediente fundamental. Aunque muchas ya estén casadas y asentadas, no les es ajeno el dilema de encontrar un compañero afín a las necesidades y aspiraciones de una carrera meteóricamente exitosa.
Todas ellas comparten algo en común, y es que han tenido que romper el techo de cristal a base de esfuerzo, muchos golpes y sacrificios. Por esta razón, saben lo complicado que puede llegar a ser encontrar una persona que sea capaz de entender las dificultades que han encontrado en el camino. Pero ellas mismas son un rayo de esperanza frente a un heteropesimismo cada vez más generalizado: «hay formas de gestionar el éxito profesional y la vida sentimental», sentencia la directora de la Fundación Starlight, Antonia Varela. Es común que, en estos casos, el amor llegue junto a hombres que entienden una forma de vida que también comparten.
Es el caso de la chef y copropietaria de restaurante El Moral, Icíar Pérez o de la presidenta del Grupo Fedola, Victoria López, que trabajan codo con codo con sus respectivas parejas. Otras, simplemente, admiten haber tenido la fortuna de encontrar a una persona que las apoya pese a no compartir su mismo camino y que hacen todo lo que sea necesario para que se encuentren cómodas en la vida en común; así como para empujarlas a construir la vida que tanto esfuerzo les ha costado.

Icíar Pérez / Eduardo Gorostiza
«La cocina es terreno de hombres, pero nunca me he sentido en desventaja»
Con tan solo 32 años, la herreña Icíar Pérez, copropitaria y chef del Restaurante Moral (Santa Cruz de Tenerife) ha conquistado la gastronomía canaria. En poco más de una década ha logrado que Forbes la incluya entre las 30 mujeres más influyentes del Archipiélago en 2026. Antes de emprender, pasó por las cocinas de los hoteles más prestigiosos de la Isla, pero ahora se ha empeñado en llevar a lo más alto su proyecto personal, con el que ganó un Sol Repsol. En este camino al éxito va de la mano de su pareja, el también cocinero Juan Carlos Pérez-Alcalde, por lo que su carrera profesional y su vida sentimental están estrechamente ligadas -y, en este caso, para bien-.
«Siempre he tenido claro que quería ser una buena profesional, con bastante formación, y para mí ha sido un trayecto sencillo, si partimos de la base de que es una profesión muy sacrificada; tienes que renunciar a muchos momentos especiales con tu entorno porque precisamente esos son los días con más ajetreo en el local, pero ellos me conocen y saben que valgo para esto, nunca me han puesto impedimento», relata. En su terreno, los hombres son mayoría, sin embargo, subraya que eso en ningún momento le ha supuesto jugar con desventaja.

Ida Stier / E. D.
«Hay matrimonios que se deshacen por conciliar la vida familiar y trabajo»
Ida Stier (Egipto, 1950) se autoproclama como «una mujer hecha a sí misma». Es la responsable de liderar Grupo Stier, una empresa referente en servicios marítimos, que durante tres décadas ha dado viento e internacionalizado la proyección del Puerto de La Luz. Fundó su empresa en 1994, abrió un centro de formación en 1998 y estrenó en 2015 un instituto privado que combina la náutica, la eólica y el offshore, pasos que la colocaron en posiciones de referencia internacional y en el puesto 29 del ranking de las 100 mujeres más influyentes del sector marítimo. A los 17 se casó con la promesa de emigrar de Egipto para poder formarse en España; a los 19 nació su primer hijo y a los 21 llegó el segundo. «Ahí empezó la aventura, cuando conocí al que iba a ser mi marido y me fui bajo la falsa promesa de estudiar marítimo en Madrid, en 1967». Con 24 años acordó una separación provisional en plena dictadura, una salida precaria que la dejó «sin una peseta» y con la obligación de rehacer su vida a turnos: trabajar por la mañana en casas, dar clases como profesora de idiomas por la tarde y estudiar por la noche. «Fue un drama y mi exmarido me castigó en el bolsillo», recuerda. La fórmula -que servía para salir del hogar cuando el divorcio civil no existía- ofrecía escasa protección legal a la mujer y abría la puerta al estigma social. Más tarde, con la ley de divorcio de la Transición, su caso pasó a engrosar las primeras sentencias que recondujeron medidas y custodias. Fue la necesidad la que la empujó a seguir y la que la hizo decir que por sus hijos era capaz de «mover el mundo».
El síndrome de la supermujer tensiona la vida de las mujeres que alcanzan puestos de alta responsabilidad: exigen rendimiento profesional máximo, soportan la presión social de «no fallar» en lo privado y acumulan tareas hasta quedarse sin huecos para sí mismas. «No he rehecho mi vida amorosa porque dediqué mi vida a mis hijos y a mi empresa», y asegura que «la mujer tiene que demostrar más que un hombre cuando quiere ser directora general». «En mi entorno hay matrimonios que se han desecho en los últimos diez años por conciliar la vida personal y familiar. A veces la vida te lleva casi a elegir». Ella quiso ser capitán. No pudo. Y si hay algo de lo que no le falta es voluntad, porque aquella prohibición, lejos de cerrarle una puerta, acabó por definir su filosofía profesional: no capitanearía un barco, pero mandaría al lado de quienes los dirigen. «En un puerto no se pregunta tanto de dónde vienes, sino lo que sabes hacer», porque «da igual si la mano que aprieta una tuerca es la de una mujer o un hombre».

Victoria López / E. D.
«He logrado que me respeten por mi valor, no por ser la hija de nadie»
Victoria López es la presidenta del Grupo Fedola -una corporación familiar canaria- y se ha se ha convertido en toda una referente por mérito propio. Desde joven, ocupó puestos de menor responsabilidad con un objetivo claro: ganarse el respeto del resto. «Mi principal preocupación era que me vieran solo como la hija de Fernando López -fundador del Grupo- y que no me respetasen por mi propio valor», revela. Con esta idea, pasó por diferentes puestos, desde limpiadora hasta secretaría, y se convirió en 2019 en presidenta. «Al principio la gente pensaba que el sucesor de mi padre iba a ser mi hermano», explica. Pero para sorpresa del resto, López asumió la dirección con la mayor de las ambiciones.
«Incluso lo llamaron loco por poner una mujer al frente», indica. Al principio vivió el rechazo directo de otros empresarios. Aunque ahora, esos mismos la llaman para pedir opinión. En solo ocho años ha logrado hacerse con el respeto del sector, «con esfuerzo, humildad y sin imposiciones». Y algo que le ha hecho el camino más ameno es el apoyo de su familia. En especial, el de su marido, con el que lleva 38 años y trabaja codo con codo: «El éxito de nuestra relación, al contrario de lo que se piensa, reside en que trabajamos juntos».

Ainara Irigoyen / E. D.
«Antes, se asumía que para crecer había que sacrificar todo lo demás»
Ainara Irigoyen ha logrado ser una referente en un sector masculinizado. Titulada en Ingeniería Industrial, su esfuerzo la llevó a consolidarse en el puesto de Delegada Regional en Canarias de la compañía eléctrica Redeia, «un reto que fue una de las decisiones más importantes» de su carrera. Irigoyen valora la suerte de estar en una compañía que valora las oportunidades de todos sus trabajadores por igual, pero es consciente de que las mujeres siguen «estando menos presentes en puestos directivos», por lo que «es importante contar con referentes que ayuden a trabajar la igualdad desde edades tempranas».
La conciliación de la vida personal y laboral suele estar en el punto de mira de los altos cargos, sobre todo en el caso femenino: «Durante mucho tiempo, se asumió que, para crecer profesionalmente, había que sacrificar todo lo demás, especialmente en el caso de las mujeres», comenta. «Aunque en mi caso la conciliación es plenamente compartida, aún queda camino por recorrer en materia de igualdad», añade. También explica lo fundamental del apoyo de su pareja: «Es una cuestión de corresponsabilidad y reciprocidad que se construye desde la educación, algo que queremos transmitir a nuestras hijas», concluye.

Antonia Varela / Arturo Jiménez
«Hay formas de gestionar el éxito profesional y la vida amorosa»
Antonia Varela es una mujer todoterreno. Su carrera se define entre el mundo científico y el empresarial, dos carreras de obstáculos para la mujer que, sin embargo, ha sabido salvar con gracia. En su dilatada carrera ha asumido -casi al mismo tiempo- la dirección de la Fundación Starlight para el cuidado de la cúpula celeste, ha fomentado acciones de visilibización de las empresarias isleñas a través de BPW Canarias y la dirección del Museo de la Ciencia en Tenerife. Pese a un ingente volumen de trabajo y un sinfín de viajes y conferencias, Varela ha conseguido disfrutar de una vida en pareja para construir un proyecto juntos.
Admite, no obstante, que con sus muchas responsabilidades el camino no ha sido sencillo. «Yo he tenido una familia que me ha apoyado y me ha entendido, lo que me ha permitido combinar mis dificultades con tener una vida amorosa», recalca. Aunque corrobora que existe una cierta tendencia de las mujeres con más responsabilidades a encontrar más dificultades para encontrar un compañero afín, desde su experiencia personal considera que «hay maneras de gestionarlo para tener éxito profesional y una vida amorosa medianamente estable».

Dácil Barreto / E. D.
«No puedo llegar a todo y no me fustigo por ello, hay que hallar el equilibrio»
Ingeniera de Telecomunicaciones y CEO de la empresa centenaria Dos Santos, Dácil Barreto representa una forma de liderazgo construida desde la experiencia, el relevo generacional y el trabajo en equipo. Hoy dirige una organización que ha triplicado su tamaño en apenas dos años, apoyándose en la escucha y la profesionalización de los equipos. Más allá de la gestión empresarial, Barreto defiende la necesidad de equilibrio vital. Casada desde joven, reconoce que su vida personal ha crecido en paralelo a la profesional: «Nos hemos ido acompañando y creciendo juntos». La conciliación, explica, no sería posible sin corresponsabilidad: «En casa nos distribuimos las tareas y nos apoyamos cuando uno tiene más carga».
Sobre el liderazgo femenino, huye de las etiquetas. «No se trata de ser hombre o mujer, sino de elegir a las personas más capacitadas», afirma, aunque admite que todavía existen sesgos. Frente al ideal de la «supermujer», apuesta por la autocompasión con una misma: «No puedo llegar a todo y no me fustigo por ello, hay que buscar el equilibrio». Para Barreto, avanzar pasa por igualdad de oportunidades, colaboración y la certeza de que «afrontarlo todo sola es un gran error».
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