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Volcanes literarios en erupción: las escritoras canarias arrasan y revolucionan el paisaje de las letras

El talento magmático de la literatura en las islas ya ha sedimentado en una orografía literaria que incorpora cada vez más nombres a su glosario de escritoras

Varias de las escritoras que participaron en la primera edición de ‘Verbena’.

Varias de las escritoras que participaron en la primera edición de ‘Verbena’. / Adriana Sandec

Las Palmas de Gran Canaria

Los tremores ya agrietaban los paisajes y los imaginarios desde los bordes de las islas. Un magma creativo caliente y violento, como un latido salvaje, buscaba su curso para abrirse camino en una tierra que siempre fue fértil, pero que aún no había explotado desde las entrañas de este cuerpo vivo, lejos de los centros y los androcentrismos, conjugando sus seísmos con el acento de las casas de piedra y los techos a dos aguas.

Como un estremecimiento, o más bien, un despertar, el volcán entró en erupción, sangrando ríos de tinta bajo la mirada de un caudal de escritoras que transcriben este Archipiélago en palabras y versos, y cuya lava no quema ni destruye, sino que alumbra como un incendio a la vez que sepulta lugares comunes y clichés, dibujando nuevos horizontes en el océano de las letras.

Su talento magmático ya ha sedimentado en una orografía literaria que incorpora cada vez más nombres a su glosario de escritoras. Este movimiento se retrotrae en realidad al siglo XIX o incluso antes, cuando los temblores se parapetaban bajo seudónimos masculinos, pero el último estallido que transformó y revolucionó los mapas de la literatura en lengua hispana podría situarse en el último lustro.

Andrea Abreu y 'Panza de burro'

Panza de burro (Editorial Barrett, 2020), la primera y única novela de la escritora tinerfeña Andrea Abreu, detonó en el panorama literario con una onda expansiva de melancolía y belleza que desbordó fronteras y dio la vuelta al mundo con su aroma a molino de gofio y música de Pepe Benavente. En los años sucesivos, el enjambre ha ido ramificando nombres como Aida González Rossi, Meryem El Mehdati, Lana Corujo o Elena Correa, entre muchas otras, cada una en su corteza, con su propia colada sinuosa cincelando su propio paisaje, voz y estilo. Y como sucedió en 2021 cuando la tierra se abrió en la ladera palmera del Tajogaite, la literatura redirige su mirada en estos últimos años hacia la patria chica y grande de Canarias, donde las historias que florecen reverberan en la tierra de otras raíces por su impronta universal. Y este relato, esta pluralidad de historias que rectifica y cambia el rumbo de la Historia, lo escriben ellas.

Pese a su diversidad de estilos y miradas, sus obras, dispuestas en fila como en una estantería, alojan códigos e inquietudes comunes que germinan en las coordenadas de sus islas. El más manifiesto es el uso e incluso reivindicación de la oralidad y los localismos canarios, no solo como recurso lingüístico, sino también como posicionamiento político.

Sus historias y discursos nacen de una mirada desde dentro que rasga y hace trizas el velo colonizador que aún sesga la identidad de Canarias para descubrir su singularidad, diversidad y mezcla. Con sus libros, la geografía de la literatura a ambos lados del Atlántico se ensancha y se puebla de pisadas en el piche de las playas de Tenerife o en el rofe negro de Lanzarote.

El grito de resistencia anticapitalista, feminista y antirracista de 'Supersaurio'

Además, el reverso del turismo masivo y la gentrificación en unas islas colmatadas se instala en la literatura desmantelando las postales idílicas que obturan la realidad local. Supersaurio (Blackie Books, 2022), el debut narrativo de Meryem El Mehdati, es un grito de resistencia anticapitalista, feminista y antirracista consagrado como espejo generacional desde el sur de Gran Canaria.

Precisamente, el próximo marzo se estrena su adaptación teatral en clave musical de la mano de Ángulo Producciones, con Delia Santana como protagonista. También Panza de burro se adaptó a la escena bajo la dirección de Delirium Teatro, amén de su traducción a más de una docena de idiomas. La novela-poema de Andrea Abreu ya situaba la mirada al otro lado del decorado plástico de sol y playa, «mirando a través de la capita de fil» que separa al vecino del turista.

La escritora e ilustradora lanzaroteña Lana Corujo ha sido una de las últimas en ganar la partida en el tablero tradicionalmente desigual de la literatura con Han cantado bingo (Reservoir Books, 2025), su primera novela. Al igual que las novelas de sus coetáneas, su trama se sitúa en esa etapa nebulosa de la infancia o preadolescencia, como si esta generación de autoras encendiese un quinquel en ese espacio no contado y lo abordasen con todas sus violencias, miedos, soledades y preguntas.

En conjunto, también se podría decir que sus atmósferas se mimetizan con la fisonomía volcánica de las Islas para contar(se) desde la herida, el salvajismo y la incomodidad, con una libertad e intimidad que desenjaula miradas que hasta ahora permanecían veladas en la literatura. Cada escritora alumbra un estilo propio pero, con más o menos puntadas de poesía o de crudeza, sus narrativas parecen enhebradas con las vísceras.

Contar desde lo pequeño, atravesar el bordado con la aguja del género, la disidencia y la conciencia de clase, es otro de los rasgos del tejido. Al pasar las páginas, algunos pasajes pinchan las yemas de los dedos, pero a veces las lágrimas que derraman son de pura carcajada. «Ver el mundo es un camino abierto para que el corazón se nos rompa o se nos hinche», escribe Corujo en Han cantado bingo.

Ninguna de estas novelas puede confinarse en un género, estilo o movimiento, ya que su juego consiste en hibridar, polinizar, revolver y remover. Su escritura consiste en jugar.

Sabina Urraca: "una perra que ha estado encerrada ladra más alto"

La escritora y editora Sabina Urraca, responsable de las ediciones de Panza de burro y Leche condensada (Caballo de Troya, 2023), de Aida González Rossi, compartió la siguiente reflexión en una entrevista en estas páginas con motivo de su ponencia La profesionalización de la mentira en la Casa-Museo Pérez Galdós: «Creo que echando un vistazo a la historia que nos precede, a tantos años de machismo y segundo plano, puede comprenderse este estallido. En general, una perra que ha estado encerrada ladra más alto, corre más, disfruta más del territorio que se le abre ante los ojos».

En su columna Jugar hasta que ya no sea jugando, publicada el 21 de septiembre de 2024, la escritora tinerfeña Aida González Rossi escribió: « Cuando somos pequeñas, el juego es un derecho. Déjenlas jugar que es lo que les toca. Eso es normal porque es jugando [...] Supongo que por eso me gusta tanto escribir y saber que otras escriben. Hay muchas maneras, pero esa es la mía. Escribir, si es jugar, es machacar las normas, darles golpitos suaves para que les salgan nuevos líquidos, desterrar las que meh, agrandar las que wow, inventar aquellas que nos hagan falta y retorcerlo todo hasta que ahora sí estoy cómoda y mira lo que inventé. Escribir, si es jugar, es hacer el mundo más para nosotras, tomarnos más en serio tomándonos menos en serio, es resistir ante lo que busca negarnos el crecimiento. El crecimiento así por esta vía nuestra. Solo nuestra. Que inventamos. Creciendo».

Por su parte, cuando las escritoras se cuentan a sí mismas fuera de sus libros, como en un ejercicio de metaescritura a vista de pájaro, sus impresiones coinciden en destacar su diversidad, singularidad y libertad crítica, así como la importancia de crear redes y espacios de apoyo, complicidad y sororidad. Por supuesto, viven el volcán en erupción como una fiesta.

«Creo que estamos viviendo un momento especialmente fértil y consciente para la escritura en Canarias, y en particular para las mujeres que escriben», reflexiona Meryem El Mehdati. «Yo percibo una red más sólida, más diálogo entre autoras de distintas generaciones, más espacios de publicación y, sobre todo, una mayor confianza en que nuestras historias —desde lo íntimo hasta lo político— importan y merecen ocupar lugar. Me emociona ver cómo cada vez escribimos desde menos complejos y menos permisos, abordando la identidad, el territorio, la memoria y también los conflictos contemporáneos con una mirada propia, sin necesidad de ajustarnos a moldes externos. Hay diversidad de estilos, de géneros y de trayectorias, y eso habla de una literatura viva. Siento que no es solo un “buen momento” en términos de visibilidad, sino también de madurez y de comunidad. Y eso, para mí, es lo más valioso».

Aida González Rossi: «Es muy fuerte todo lo que está pasando»

También Aida González Rossi confiesa que «me alegra muchísimo ver a mis compañeras petarlo y me hace muy feliz poder leerlas cada vez más». «Es muy fuerte todo lo que está pasando», afirma. «Creo que ahora ya por fin se está asentando un poco más la idea de que cada una tiene su voz y no vamos a ser un calco de lo mismo para dar lo que la industria quiere. Y ese buen momento que vive la literatura canaria no está solo en los circuitos tradicionales: veo a tanta gente más joven que yo escribiendo tan bien, participando en muchísimos recitales, sacando adelante propuestas poéticas ultra propias y distintas… Creo que la literatura está interesando cada vez más entre les jóvenes de Canarias y qué pasada, ¿no? Porque escribir puede ser apropiarse del relato propio, y eso, en los tiempos que corren, es maravilloso, y yo creo que tenemos esa necesidad tan presente que sí que estamos moviendo la escritura por ahí, hacia la dignificación y exploración de nuestras memorias e identidades. Y eso me emociona muchísimo».

Por su parte, Lana Corujo propone revisar el pasado para leer el presente y proyectar hacia el futuro. Y mira, con una sonrisa, el presente. «Siempre digo y pienso que Canarias vive un momento muy lindo, pero no siento que corresponda exclusivamente al momento actual, en el que tenemos voces súper poderosas y que también han aportado un paisaje nuevo, sino que me gusta pensar que Canarias tiene una tradición literaria muy rica y muy extensa, y que quizás también hay una parte que tenemos que completar mediante mucha investigación. ¿Cuántas voces habremos perdido por el camino por no haber sido conservadas en su momento? Siento que hay que echar una vista atrás y recuperar todas esas voces que podrían completar parte del relato, porque me gusta pensar que Canarias siempre ha sido un lugar en el que se ha creado con mucha delicadeza y con un mundo riquísimo», expone.

Lana Corujo: "Me genera mucha alegría pensar en todo lo que quedará por escribir y descubrir"

«Pero yo vivo todo lo que está pasando ahora con las escritoras canarias con mucho entusiasmo y optimismo. Siento que mucha alegría no solo por las voces que estamos ahora mismo, sino por todas las que podrán venir. Me genera mucha alegría pensar en todo lo que quedará por escribir y descubrir, por esas voces que todavía no están escribiendo pero lo harán, o que están escribiendo y lo mostrarán. Me hace sentirme muy feliz y optimista».

Con todo, ya hemos escrito y reivindicado en numerosas ocasiones que, cuando les cerraron todas las puertas, las escritoras abrieron ventanas. La metáfora más bella sacudió el mundo de las letras casi un siglo atrás, en la pluma de Virginia Woolf, cuando escribió Una habitación propia. Y también hemos reclamado el derecho a asaltar la casa entera, a empezarla por el tejado, a ocupar nuestro espacio.

Pero también es momento de celebrar la literatura como un espacio colectivo, comunitario y horizontal. Pienso en escritoras y lectoras arrejuntadas en librerías, talleres y clubs de lectura; en recitales y poetry slams en salas de conciertos, bares o tiendas en pueblos remotos; en encuentros donde la literatura es una celebración como Verbena, que dirige Lana Corujo; en residencias creativas a la sombra de un bosque termófilo como La Reposera, donde el horizonte de la escritura no es publicar, sino detenerse y escuchar. La fiesta de la literatura es compartirla. Que en la ceniza volcánica reverdezcan siempre nuevas palabras y deseos de escribir. «Yo también me quedé asustada de mi propia voz», expresa la protagonista de Panza de burro, y más adelante dice: «Déjense envenenar, misniños».

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