Beatriz Morales, escritora y docente: "La nueva generación de escritores y escritoras canarias ha hecho de la literatura un manifiesto"
"Destacaría con creces a mis compañeras y amigas Lana Corujo y Aida González Rossi, dado que sus voces marcan precedentes", expresa la autora

Beatriz Morales Fernández. / Carlos Diaz-Recio
Lejos de encapsular la literatura canaria como si se tratara de una categoría o género, ¿qué rasgos comunes alojan las obras de la nueva generación de escritores y, sobre todo, escritoras canarias que han publicado, con gran éxito, sus primeros libros en el último lustro?
Algo que caracteriza a la nueva generación de escritores y escritoras canarias es, sin duda, hacer de la literatura un manifiesto en el que destacar su singularidad identitaria desde lo personal: recuerdos familiares que estructuraron un imaginario insular (Oscar Liam), las heridas embellecidas para hacer de la tragedia un hogar-isla al que volver (Lana Corujo), la adolescencia revuelta y los cuerpos no normativos como impulso hacia una adultez consciente (Aida González Rossi) o el descubrimiento de la fractura desde la inocencia marginal (Andrea Abreu); entre otros. Encontramos en estas constantes temáticas una hibridez lingüística entre la oralidad y la escritura que hacen, de cada una de estas voces, una presentación unitaria pero diferente, por lo que entre nosotros, de manera tierna, nos denominamos constelación: singulares, pero complementarios.
¿Dirías que la literatura escrita en Canarias, con toda su diversidad, vive un momento especialmente fértil y que recibe el reconocimiento que merece? ¿A qué se debe?
Te respondo como suelo hacerlo cuando me lo preguntan en la radio o cuando me siento delante del alumnado que necesita una respuesta honesta, no complaciente: sí, creo que la literatura escrita en Canarias vive un momento especialmente fértil. Y no lo digo desde el entusiasmo ingenuo, sino desde la observación constante: publicaciones, encuentros en ferias y librerías, presentaciones en espacios públicos y privados. Hay una pluralidad de voces que dialogan entre sí sin complejos, que han dejado atrás la necesidad de justificarse ante un supuesto “centro” peninsular y que escriben desde la conciencia insular sin convertirla en etiqueta. Además, esa fertilidad se percibe en la convivencia de generaciones. Conviven las voces consolidadas con una nueva hornada de autores y autoras que exploran la identidad, el paisaje, el cuerpo, la memoria migratoria, la precariedad contemporánea o la hibridación cultural desde estéticas muy distintas: donde además hallamos nuevas poéticas que no temen incorporar la oralidad, la ironía, el habla canaria o los registros híbridos.
Ahora bien, ¿recibe el reconocimiento que merece? Aquí la respuesta está más matizada. Existe mayor visibilidad que hace dos o tres décadas: festivales, premios, editoriales independientes, redes sociales que amplifican. Sin embargo, el sistema literario español sigue siendo marcadamente centralista. Muchas veces el reconocimiento externo depende de la proyección editorial fuera del Archipiélago o de un apoyo institucional muy fuerte. Y eso condiciona.
"La literatura canaria contemporánea ha entendido que escribir desde el acento no empobrece el idioma, sino que lo expande"
¿Ya era hora de que las letras canarias plasmasen sin complejos y a raudales la oralidad y el acento isleño, como también sucede en gran medida en el panorama literario latinoamericano?
Considero que nuestras islas siempre han sido territorio de mestizaje lingüístico: puerto, travesía, ida y vuelta. Y en esa geografía verbal conviven, con naturalidad, las variedades diatópicas (el español de Canarias con su léxico, su seseo, su musicalidad atlántica), las diafásicas (el cambio de registro entre lo culto, lo coloquial, lo poético, lo conversacional) y las diastráticas (las voces de distintos estratos sociales que construyen comunidad y conflicto).
Celebrar que hoy las letras canarias plasmen la oralidad isleña no es una cuestión folclórica: es una cuestión de identidad y de legitimidad estética. Como ocurre en gran parte del panorama latinoamericano, pienso en cómo Gabriel García Márquez o Juan Rulfo convirtieron la oralidad en arquitectura literaria, el habla no es adorno, sino estructura. No es color local: es mundo.
En Canarias, esa conciencia no es nueva. Ya en Alonso Quesada late una ironía urbana que recoge la respiración de la calle; en Agustín Millares Sall la palabra se vuelve denuncia y pueblo; y en narradoras contemporáneas como Aida González Rossi o Andrea Abreu, o escritores de estreno editorial, como Oscar Liam (que acaba de publicar su novela Las Galletas), la frontera entre lo oral y lo escrito se difumina hasta convertirse en una estética consciente.
La variedad diatópica desde sus rasgos fónicos aporta léxico, entonación y cosmovisión. No es solo cómo se dice, sino desde dónde se dice. La literatura canaria contemporánea ha entendido que escribir desde el acento no empobrece el idioma, sino que lo expande; que la norma no es un corsé, sino una base sobre la que dialogan las variantes; y que el español de Canarias, lejos de ser periférico, es central en el mapa atlántico de la lengua.
¿Consideras que las historias pequeñas que acontecen en las islas o pueblos pequeños alojan el poder de reverberar y conmover en cualquier otra parte del mundo?
Opino que toda historia puede ser inmensa según se aborde, incluso si esta nos presenta una realidad de una sola casa o una esquina de un terreno perdido, en medio del Atlántico. ¿El motivo? Su carta de presentación: la emoción narrativa, la profundidad del espacio como un personaje único pero dialogante, despertando confluencias con lectores de otros lugares del mundo. Por ejemplo, Fetasa (Isaac de Vega), Platanópolis (Alonso Quesada) o Lancelot (Agustín Espinosa) son constelaciones literarias que se entrelazan con lugares míticos, tal como Macondo (Gabriel García Márquez), dado que hacen de un lugar, un nuevo espacio resignificado con muchas posibilidades para que el lector halle su hogar, o la crítica hacia ella.
¿Identificas, en muchos casos, un deseo o necesidad de mostrar una mirada más real y plural sobre Canarias, que muestre el reverso de la postal turística narrado desde dentro?
Sí, lo identifico con claridad. Y no como una moda coyuntural, sino como una necesidad casi ética de nuestra literatura contemporánea. Durante décadas, Canarias ha sido narrada —sobre todo hacia fuera— desde la imagen fija de la postal: sol, playa, exotismo amable, paraíso detenido en el tiempo (hago alusión, entre otras posibilidades, a la literatura de viajes del siglo XVIII). Una representación útil para la industria turística, pero insuficiente para explicar la complejidad social, histórica y emocional del Archipiélago. Frente a esa simplificación, muchas voces actuales sienten la urgencia de escribir desde dentro, de desmontar el decorado sin renunciar a la belleza del paisaje. En mis investigaciones sobre Alonso Quesada he defendido precisamente eso: ya a comienzos del siglo XX existía una conciencia crítica del entorno insular, una mirada urbana, irónica y desencantada que cuestionaba los discursos complacientes. No es, por tanto, un fenómeno nuevo; es una línea de continuidad que hoy se intensifica.
La diferencia es que ahora esa mirada plural incorpora más capas: la precariedad laboral ligada al monocultivo turístico, la tensión entre tradición y modernidad, la emigración y el retorno, la identidad híbrida, el habla cotidiana como marca cultural legítima. Autores y autoras contemporáneos no temen mostrar el barrio junto al hotel, el supermercado junto al volcán, la vida ordinaria que late más allá del folleto promocional. Lo que percibo, en definitiva, es una voluntad de mostrar que Canarias no es solo destino, sino territorio habitado (Acerina Cruz, David Guijosa y Samir Derlgado lo han trabajado como una constante en sus obras).

Beatriz Morales Fernández. / Carlos Diaz-Recio
Desde enero de 2023 lideras la sección Letras Canarias, en Canarias Radio, donde reseñas y entrevistas a escritoras y escritores de todas las islas. Según tu experiencia como gestora, activista, docente y escritora, ¿en Canarias nos interesamos y valoramos lo suficiente nuestro propio acervo literario y cultural?
Efectivamente, lidero esta sección radiofónica desde 2023, tras el paso de Alicia Llarena por la misma. Recogí el testigo y tuve claro que la iba a abordar desde tres maneras para resaltar el interés y el valor de nuestras letras insulares: la difusión de voces que quedaron en el olvido, tras el paso de los siglos, resaltando las claves que lo pueden hacer un autor o autora contemporáneo, suscitando así interés en los oyentes para adquirir sus obras o buscar información; entrevistas in situ con otros creadores, para que tengan el protagonismo manifiesto de su propia creación y puedan presentarla como deseen; y el “abordaje” del conocimiento literario canario a partir de proyectos interdisciplinares y educativos para evidenciar cómo la literatura perdura o revive en estos tiempos líquidos desde otras formas o mensajes, haciéndola perenne.
De hecho, en la sección he comprobado algo hermoso: hay una producción literaria sólida, diversa, rigurosa desde nuestra tierra; poetas que trabajan el lenguaje con una conciencia formal admirable; narradores que exploran la memoria, la emigración, la identidad híbrida; ensayistas que piensan Canarias desde el Atlántico céntrico, no desde el margen; y, sobre todo, escritoras que están reescribiendo el canon desde dentro, con voz propia y sin pedir permiso.
En definitiva, mi experiencia como gestora cultural y entrevistadora me ha enseñado algo fundamental: cuando se genera espacio de escucha, el interés aparece. Cuando se da contexto, cuando se explica la tradición, cuando se conecta la obra con la identidad colectiva, el público responde.
¿En qué medida ha sido importante el trabajo de recuperación, revisión, reedición y divulgación de las autoras y autores de la tradición literaria isleña que nos precede?
Ha sido fundamental. Y no lo digo desde una postura institucional o académica, sino desde la convicción profunda de que una literatura que no revisa su tradición está condenada a repetirse o, peor aún, a olvidarse.
Durante mucho tiempo, la historia literaria canaria se contó de manera fragmentaria, con ausencias significativas —especialmente de mujeres— y con una tendencia a reducir nuestra tradición a unos pocos nombres canónicos. El trabajo de recuperación, revisión y reedición ha permitido algo esencial: reconstruir el mapa completo, con sus luces y sus zonas silenciadas.
Pero, sobre todo, ha sido decisivo el rescate de las autoras (véase la incorporación, durante estos últimos años, de escritoras canarias a la colección Biblioteca Básica Canaria). La revisión del canon ha permitido que nombres que apenas figuraban en manuales o programas académicos ocupen el lugar que les corresponde. Esa tarea no es solo literaria: es política, en el mejor sentido de la palabra. Implica reconocer que la identidad cultural de Canarias ha sido construida también desde voces femeninas que durante décadas quedaron relegadas a notas al pie.
Además, la divulgación —en medios, en clubes de lectura, en las aulas (tal como el proyecto educativo Constelación de escritoras canarias de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias)— ha sido clave. La tradición no vive únicamente en archivos o ediciones críticas; vive cuando se lee, cuando se comenta, cuando dialoga con el presente y ahí nuestras librerías tienen un papel fundamental: Sinopsis, Agapea, La Poeteca de Canarias o la Librería el Refugio, entre otras.
¿El panorama literario en Canarias es un mapa fragmentado, como lo es el propio Archipiélago, o se crean redes y sinergias entre autoras?
Sin duda, surgen sinergias, redes amigas. Hay fragmentación en la voz expositiva de las ideas, pero no en los vínculos que enriquecen las identidades propias. Apuesto por una literatura aplicada a crear espacios de diálogos seguros, aunque el mundo esté pasando por tiempos convulsos. Muchas de nosotras nos apoyamos, nos compartimos, nos alegramos de corazón por los éxitos de las otras, independientemente de que la vida nos agite o nos desconecte por momentos. El hecho creativo es comunitario, por eso debe ser proyección afable, no individualidad acérrima.
"La literatura necesita conversación pública y Canarias cuenta con una red cada vez más activa"
A tenor de la pregunta anterior, ¿crees que faltan espacios literarios en Canarias? ¿Destacas alguna iniciativa, tanto dentro como fuera de las islas, como modelo a seguir?
Bueno, mi parecer es que se están creando tejidos espaciales muy interesantes, ya que la difusión de la literatura canaria no depende únicamente de las editoriales: vive en una red de espacios culturales, institucionales y mediáticos que sostienen —y proyectan— nuestras voces. Y eso es algo que, como docente, investigadora y participante activa en encuentros literarios, he podido constatar de primera mano. En primer lugar, las casas-museo literarias desempeñan un papel esencial. La Casa-Museo Tomás Morales o la Casa-Museo Pérez Galdós no solo conservan memoria: organizan ciclos, presentaciones, jornadas y publicaciones que mantienen vivo el diálogo entre tradición y contemporaneidad. Estos espacios convierten el patrimonio en conversación actual. En el ámbito institucional, el Gobierno de Canarias ha sido clave en la visibilización y proyección exterior de autores y autoras del Archipiélago, facilitando su presencia en ferias nacionales e internacionales. También iniciativas del Cabildo de Gran Canaria y otros cabildos insulares han impulsado colecciones editoriales, premios y circuitos culturales estables.
La Red de Bibliotecas Públicas de Canarias funcionan como verdaderos nodos de dinamización lectora: clubes de lectura, encuentros con escritores, presentaciones de novedades. Ahí es donde la literatura se encuentra con su comunidad real.
Y no podemos olvidar los festivales y encuentros literarios, como el Festival Hispanoamericano de Escritores, que sitúa a Canarias en el mapa atlántico del diálogo cultural, conectando nuestras voces con América Latina y la Península.
Y, por supuesto, están los medios de comunicación locales —radio, prensa cultural, espacios digitales— que dan cabida a entrevistas, reseñas y debates. La literatura necesita conversación pública, y Canarias cuenta con una red cada vez más activa. Desde mi experiencia en aulas y encuentros, siempre insisto en algo: la difusión no es solo promoción, es construcción de tejido cultural.
En el contexto actual de sobreproducción, sobrepublicación y sobreexposición, que también afecta al ámbito de la literatura, ¿hoy es más difícil distinguirse como escritora? ¿Lo es más aún en el caso de Canarias, desde su supuesta ultraperiferia?
Esta es una cuestión compleja. ¡Interesante! Sí, es más difícil. Pero no necesariamente por falta de talento, sino por exceso de ruido. Vivimos en una época de sobreproducción y sobreexposición donde publicar ya no es, en sí mismo, un acontecimiento excepcional. Se publican más libros que nunca, circulan más voces que nunca, y las redes han convertido la figura de la escritora en una presencia constante. Eso tiene algo luminoso, porque democratiza el acceso, pero también genera una saturación que diluye la visibilidad real. Distinguirse hoy exige algo más que escribir bien: implica construir una voz reconocible, una coherencia ética y estética, y, queramos o no, una cierta estrategia de presencia pública, un buen respaldo. Y ahí aparece una tensión que me interesa mucho: ¿hasta qué punto la literatura debe adaptarse a la lógica de la inmediatez digital? La escritura necesita tiempo, silencio, relectura; el mercado, en cambio, demanda novedad continua. En el caso de Canarias, la cuestión se complejiza.
El sistema editorial español sigue teniendo un eje muy claro: publicar desde las islas implica, muchas veces, un doble esfuerzo, el de escribir y el de atravesar ese marco centralista. Sin embargo, creo que esa misma condición insular también ha generado algo valioso: una conciencia identitaria fuerte, una mirada propia, una tradición atlántica que dialoga con otros archipiélagos de manera natural, lo que tiene como maravillosa consecuencia una proyección internacional reconocida en la “Era Digital” en la que estamos inmersos. Autoras y autores contemporáneos canarios no escriben desde la queja, sino desde la afirmación de un centro propio.
Como "quesadiana" confesa, ¿qué nombres destacarías, tanto clásicos como contemporáneos, del panorama literario de las islas, según tu criterio y gusto personal?
Como quesadiana confesa —y no lo oculto nunca— mi mapa literario parte de una convicción: la literatura canaria no es un apéndice del canon español, sino un territorio con respiración propia. Y desde ahí, desde mi gusto personal y también desde años de investigación, docencia y entrevistas, hay nombres que siempre vuelven.
En el ámbito clásico, inevitablemente, sitúo en el centro a Alonso Quesada. No solo por afinidad intelectual, sino porque en él encuentro una modernidad crítica adelantada a su tiempo: ironía, conciencia urbana, mirada desencantada sobre la identidad insular. Quesada no escribe la postal; escribe el reverso. Y eso sigue siendo profundamente contemporáneo. Junto a él, la potencia ética y social de Agustín Millares Sall, cuya palabra comprometida demuestra que la poesía puede ser memoria y denuncia sin perder altura estética. También la musicalidad modernista de Tomás Morales, que entendió el Atlántico como espacio simbólico, y la dimensión universal de Benito Pérez Galdós, cuya obra desborda lo insular pero nunca se desvincula de su origen. Y entre las voces femeninas históricas, sin duda me decanto por la valentía narrativa feminista de Mercedes Pinto y la tragedia embellecida de Pino Ojeda: hacer de la poesía un llanto paisajístico en el que sucumbir para seguir respirando.
Por último, destacaría con creces a mis compañeras y amigas Lana Corujo y Aida González Rossi, dado que sus voces marcan precedentes: representan, cada una desde su estética, una ruptura necesaria y profundamente contemporánea dentro del panorama literario canario. Destacar a Lana Corujo es reconocer una escritura que no teme la incomodidad y a Aida González Rossi es reivindicar desde otro registro, la exploración del cuerpo y del deseo desplazando el foco tradicional.
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