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Un territorio con la piel muy fina

El rechazo de El Hierro a la creación del Parque Nacional Mar de las Calmas contrasta con el apoyo en Gran Canaria para que se reconozca con esa designación la riqueza natural y única de Guguy

Ilustración con distintos espacios naturales de Canarias

Ilustración con distintos espacios naturales de Canarias / Fernando Montecruz

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Santa Cruz de Tenerife

«Se trata de vivir cara al futuro, contribuyendo a construir una alternativa limpia, inteligente, de calidad de vida. No debemos desfallecer, hay que seguir adelante, estar vigilantes y mantener viva la conciencia crítica pues el futuro nunca está conseguido, lo tenemos que hacer desde el presente»

César Manrique

Si el lanzaroteño César Manrique se levantara de su tumba es bastante probable que se arrancara a jalones los cuatro pelos que le quedaban al artista, pionero en defender conceptos como sostenibilidad y ecología en la década de 1970 cuando ambos términos sonaban a chino, al enterarse del amplio rechazo que ha generado en El Hierro la designación del Mar de las Calmas como Parque Nacional aunque también es seguro que un hombre como él, que recorrió Lanzarote de cabo a rabo para explicarle a los habitantes de la por entonces paupérrima Isla la importancia de malvender a empresas hoteleras sus áridas y ennegrecidas tierras porque sólo así se podría proteger el futuro de aquel territorio, comprendería que la actual postura de los herreños quizá se debe en parte a la falta de información o el insuficiente diálogo existente entre las autoridades y quienes allí residen.

Tampoco es difícil imaginar cuánto le alegraría saber que la propuesta de Gran Canaria para designar Guguy como Parque Nacional cuenta con un respaldo unánime tanto de las instituciones locales, insulares y regionales como de la sociedad canariona o, asimismo, conocer que Fuerteventura también apuesta para lograr la creación en la Isla del Parque Nacional de Zonas Áridas, una iniciativa impulsada por el Cabildo majorero cuyos límites de protección abarcarían por el norte, desde Taca, al sur de El Cotillo, y por el sur la montaña de Mazacote y el morro Encantado, incluyendo el campo de tiro de Pájara, una feliz noticia para él que, sin embargo, no le duraría demasiado cuando le hablaran del estado comatoso en el cual se haya la vieja –muy, muy vieja– idea de que el Archipiélago Chinijo sea también incluido en la Red Española de Parques Nacionales.

Canarias, no obstante, con cuatro parques nacionales –el Teide, en Tenerife; Timanfaya, en Lanzarote; la Caldera de Taburiente, en La Palma, y Garajonay, en La Gomera–, puede sacar pecho al ser en España la Comunidad Autónoma que alberga un mayor número de áreas distinguidas con esa importante calificación, 327,71 kilómetros cuadrados que tan sólo representan un 0,89% del territorio total de las Islas, cifra que alcanzaría el 1,82% del Archipiélago en el caso de que finalmente se sumaran a estos los 240 kilómetros cuadrados propuestos para el Mar de las Calmas y los 100 que con esa designación se prevén proteger Guguy.

Teide, Garajonay, Timanfaya y la Caldera de Taburiente, los parques nacionales de las Islas, recibieron más de 6,7 millones de visitantes en 2022

Nuestra sensible y singular región cuenta en la actualidad con 146 espacios protegidos en su conjunto, que suponen alrededor de 3.000 kilómetros cuadrados pero sólo los cuatro Parques Nacionales, una denominación que se otorga a un espacio de alto valor natural y cultural, poco alterado por la actividad humana que, en razón de sus excepcionales valores naturales, de su carácter representativo, la singularidad de su flora, su fauna o de sus formaciones geomorfológicas, merece su conservación una atención preferente de la Nación por ser representativo del patrimonio natural español, recibieron en 2022 un total de 6.765.307 visitantes.

Para que un territorio sea declarado Parque Nacional debe ser representativo de su sistema natural, tener una superficie amplia y suficiente para permitir la evolución natural y los procesos ecológicos, predominar ampliamente las condiciones de naturalidad, presentar escasa intervención sobre sus valores naturales, continuidad territorial, no tener genéricamente núcleos habitados en su interior, y estar rodeado por un territorio susceptible de ser declarado como zona periférica de protección.

Si al privilegiado y merecido reconocimiento que para Canarias supone contar a día de hoy con parques nacionales en Tenerife, La Gomera, Lanzarote y La Palma, el hecho de que a esa exclusiva lista que en España aglutina 16 parajes se sumara el Mar de las Calmas, en El Hierro; el de Guguy, en Gran Canaria; las Zonas Áridas, en Fuerteventura, y el del Archipiélago Chinijo, en Lanzarote, las Islas confirmarían de manera oficial su impresionante valor como referente nacional –y también mundial– de biodiversidad.

Esa marca diferenciadora, sin embargo, resulta en el caso de El Hierro un atractivo insuficiente. Mientras, a propuesta del Ministerio para la Transición Ecológica, el Consejo de Ministros aprobó hace apenas dos semanas la fase inicial para declarar el Mar de Las Calmas como el primer Parque Nacional Marino, dicho plan volvió a provocar en el Ayuntamiento de El Pinar y la mayoría de habitantes de la Isla un desencuentro ante la posible afección que pueda generar en el sector pesquero de la Isla dicha designación.

Frente a esas posturas críticas destaca el apoyo de distintas organizaciones ecologistas que sí se muestran partidarios del mismo por la protección medioambiental que puede suponer. El Gobierno regional y el Cabildo de El Hierro que, si bien en principio no lo ven con malos ojos, ponen también condiciones.

«Guguy es Reserva Natural Especial, uno de los núcleos de la Reserva de la Biosfera y es objeto de diferentes programas de actuación, entre los que destaca el Life Guguy», ha destacado Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria. «Sin embargo», prosigue, «la declaración de Parque Nacional no sólo permitirá que se pueda solicitar financiación para otros proyectos de mejora y regeneración ambiental, sino que su nombre será reconocido en el mundo y dará a La Aldea y a Gran Canaria un reconocimiento como territorio con ecosistemas únicos en el mundo que son objeto de nuestro cuidado y aprecio».

A los 327 km² que ocupan las cuatro áreas protegidas se sumarían, en caso de aprobarse la designación de Guguy y el Mar de las Calmas, 340 km² más

El viceconsejero de Lucha contra el Cambio Climático y Transición Ecológica del Gobierno de Canarias, Miguel Ángel Pérez, defiende por su parte el impacto que esta deseada declaración tendría tanto para La Aldea como para el resto de Gran Canaria, «una zona que necesita una especial protección». Resalta, asimismo, que el Cabildo de Gran Canaria es pionero en las Islas y, «hay que decirlo», añade, «en querer tener espacios únicos, singulares, y que está trabajando de una manera importante y es el ejemplo para el resto de islas en materia de sostenibilidad y de transición energética. Por lo tanto, esta nueva espita que pone el Cabildo y el Ayuntamiento de La Aldea, que recordemos que es uno de los ayuntamientos a día de hoy aislados, hace que sea merecedora de ser Parque Nacional».

En ese sentido y más allá de su alto valor natural, los parques nacionales de las Islas conforman un extraordinario patrimonio producto del carácter volcánico del Archipiélago sin embargo, mucho ha cambiado la situación e incluso las condiciones que con respecto a 1954, cuando se crearon los parques de el Teide, en Tenerife, y la Caldera de Taburiente, en La Palma –el lanzaroteño Timanfaya logra esa calificación en 1974 y Garajonay, en La Gomera, la recibe en 1981–, se exigían a aquellos territorios con posibilidades de ser susceptibles para conseguirlos. En España, pionera en Europa por apostar por la protección de la naturaleza –la Ley de Parques Nacionales fue aprobada en 1916 promovida por Pedro Pidal, I Marqués de Villaviciosa, y respaldada por Alfonso XIII, último rey antes de la 2ª República–, la afluencia de visitantes ha crecido, en especial, a partir de 2000, cuando superó los diez millones de entradas. Más de 250 millones de viajeros han visitado, desde 1996, alguno de los 16 espacios de la Red de Parques Nacionales españoles, cuyos dos primeros fueron Picos de Europa, creado en julio 1918, y Ordesa y Monte Perdido, declarado Parque Nacional el 16 de agosto del mismo año.

En 2021, el Consejo Social de la Universidad de La Laguna celebró un ciclo divulgativo donde se abordó los efectos del cambio climático en el medioambiente en el cual participaron, entre otros ponentes, los directores de los cuatro parques nacionales canarios para hablar sobre cómo gestionan estos espacios protegidos y cómo les afecta el calentamiento global. Además, manifestaron una gran preocupación por el deterioro que experimentan esas zonas especialmente sensibles a causa de factores como el descenso de las precipitaciones, el incremento de la temperatura que aumenta el riesgo de incendios, la presencia de especies invasoras y la acción de herbívoros sobre la fauna. Los comportamientos vandálicos o irresponsables se suman a esos peligros.

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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas

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