OPINIÓN

Los refugios climáticos como herramienta para reverdecer(nos)

Los refugios climáticos como herramienta para reverdecer(nos)

Los refugios climáticos como herramienta para reverdecer(nos) / ED

Noelia Cruz Pérez

Espacios públicos sombreados, frescos, y con agua disponible para beber? Se trata de los refugios climáticos, una opción que se empieza a implementar en numerosos edificios públicos repartidos por el panorama nacional. En Canarias, donde cada vez más habitualmente nos vemos afectados y afectadas por episodios de calima y altas temperaturas (algo nuevo para nosotros, ya que los canarios somos animales de temperatura templada), parece necesario plantear escenarios públicos donde poder refugiarnos y refrescarnos. Ahora bien, ¿cómo vamos a ejecutar estos espacios?

La sostenibilidad ya lo abarca todo, y menos mal. Por lo tanto, no podemos pensar en nuevas construcciones o adaptaciones de edificios públicos ya existentes, donde se plantee una refrigeración cuya fuente de energía no sea renovable. Es decir, los espacios están y se pueden adaptar; es la forma de adaptarlos lo que creo que merece nuestra atención. En un momento donde la huella de carbono se ha convertido en un término que nos permite medir la sostenibilidad de un producto y/o un proceso, es importante recordar la necesidad de rehabilitar edificios pensando en la sustentabilidad de estos. En este aspecto, varios factores jugarían un papel fundamental, como es el autoabastecimiento energético (a través de paneles solares o geotermia, por ejemplo), el ahorro hídrico, las luminarias empleadas, los materiales de construcción utilizados, la vegetación y un largo etcétera que nos llevan a ver el edificio como un ente que se relaciona con el medio, que consume recursos y que debe integrarse lo mejor posible en la sociedad y en el paisaje.

Por lo tanto, y teniendo en cuenta el confort térmico que se espera dentro de los edificios destinados a convertirse en refugios climáticos, sería coherente emplear fuentes de energía renovables, ya que para promover la sostenibilidad se debería aplicar la sostenibilidad. Es decir, la creación de refugios climáticos puede convertirse en una oportunidad para acometer una reforma sostenible del espacio, haciendo del mismo un ejemplo de arquitectura verde local. Por otra parte, generar este confort térmico en espacios públicos puede ayudar a fomentar la visita a los mismos por parte de los diferentes sectores de la sociedad, empujando así las visitas a centros culturales y bibliotecas.

Sin embargo, y a pesar de que el concepto de refugio climático ha sido asociado recientemente a los inmuebles, no podemos olvidar que son los espacios verdes aquellos que proporcionan mayor confort y alivio en los días de calor. Es por ello por lo que es también responsabilidad de las Administraciones Públicas reverdecer cuanto antes nuestras ciudades.

Seguramente todos y todas tenemos un recuerdo agradable de los parques que hemos encontrado en las diferentes ciudades de nuestro país, especialmente cuando hemos viajado en verano. Desde el clásico Parque del Retiro en Madrid, el Parque de María Luisa en Sevilla o los Jardines del Turia en Valencia, son lugares a los que hemos acudido para resguardarnos del calor trepidante y nuestro cansancio turista. Además, en estos parques y jardines, en muchas ocasiones, hay fuentes potables públicas donde podemos conseguir agua y encontrar refugio hasta que recuperamos fuerzas para continuar nuestra ruta. Sin embargo, varios peros afectan a los refugios climáticos expuestos al aire libre. Uno de estos peros es que, en función de la temperatura, viento y evapotranspiración del lugar, los árboles pueden entrar en un modo de ahorro hídrico que hace que varíe la estructura interna de las ramas y la madera no tenga la misma resistencia, pudiendo producirse la caída de dichas ramas siendo estas un peligro para las personas que circulan por el parque. Por lo tanto, se hace necesario tomar decisiones conjuntas de edificios y espacios verdes, y la aspiración debería no solo tener refugios climáticos puntuales, sino que las ciudades se perfilasen como refugios climáticos en sí mismas. Y esto va en línea con el otro pero que se pretendía destacar de los parques. Teniendo en cuenta que la sostenibilidad tiene tres dimensiones, la medioambiental, la económica y la social, se desea enfatizar que reverdecer la ciudad no es solamente preocuparse por crear zonas verdes bonitas que se puedan visitar en las zonas de rentas más altas de la ciudad, es favorecer también los barrios con poblaciones de menores ingresos, que en ocasiones quedan olvidados a la hora de implementar medidas de inversión pública.

Además, esto también se aplica a los edificios adaptados como refugios climáticos, nuevamente de mayor interés en zonas de rentas más bajas, donde pueda haber precisamente mayor pobreza energética y, por ende, mayor dificultad a la hora de contar con un confort térmico dentro de la vivienda.

Precisamente, es en las ciudades y en los barrios más urbanizados y que cuentan con más pavimento y menos zonas verdes, donde se da el fenómeno de «isla de calor». Este fenómeno describe el efecto de la acumulación de la temperatura en las áreas con más hormigón y asfalto, que impide que refresque de noche, al liberarse todo el calor acumulado por las calles y edificios a lo largo del día.

De esta manera, la sostenibilidad aplicada a los refugios climáticos, y observada desde los tres pilares que la sostienen, mejora la vida de las personas en términos medioambientales, incluyendo aquí también la biodiversidad generada gracias a las zonas verdes; económicos, donde por ejemplo, el ahorro energético gracias al empleo de renovables se traduce en un ahorro de dinero; y sociales, entendiendo aquí sobre todo la mejora en términos de igualdad entre las diferentes zonificaciones de las ciudades y barrios.

Es decir, nos enfrentamos a un escenario futuro con unas elevadas temperaturas y recurrentes olas de calor donde, sin árboles y espacios verdes en nuestros pueblos y ciudades, será realmente complejo pasar tiempo en la calle mientras hacemos deporte, compras, papeleo y demás cotidianidades.

En consecuencia, la adaptación al cambio climático es un proceso holístico y que nos obliga a repensar nuestra forma de vida, para mejorarla y facilitarla para las generaciones futuras. En efecto, como dijo Margaret Atwood, activista política canadiense, «Creo que llamarlo cambio climático es bastante limitante. Prefiero llamarlo el cambio de todo».