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Entrevista a Edu Díaz, dramaturgo

Edu Díaz: «La beca Fulbright me ha cambiado el destino y los esquemas»

"Como artista, considero que es esencial salir y dejarse impregnar por expresiones distintas", afirma

Edu Díaz, en una de sus últimas fotos promocionales. | | E.D.

En 2019 el dramaturgo tinerfeño Eduardo Díaz decidió seguir los consejos de su madre y «volar» para ver hasta dónde podía llegar. La beca Fulbright le abrió las puertas a los teatros de Nueva York en los que, sin embargo, no le dio tiempo de estrenar su obra por culpa de la pandemia. Díaz ha vuelto este año a Estados Unidos, esta vez con un visado de artista, para completar su destino y estrenar en la gran ciudad. 

¿Qué paso en su vida para replantearse aplicar a una beca Fulbright?

Pues mira, lo primero fue la influencia de un amigo y exsocio, que se llama Diego Rebollo. Él también tuvo la beca Fulbright hace muchos años. Siempre tuve el gusanillo de hacerlo como él, porque encima había ido a Nueva York también. Total, que nunca encontraba el momento, hasta que en 2019, mi madre, que era mi núcleo familiar cercano, murió. Ella me animó, me dijo «arregla todo y luego vuela, eres libre». Cuando murió mi madre y volví a Madrid –donde trabajaba entonces– pensé que no podía continuar como si nada hubiera pasado, porque me ha pasado algo súper importante y tremendo en mi vida. Hubo un cambio de era. Fue entonces cuando vi la oportunidad y me presenté a Fulbright. Todo cuadró, entre comillas, perfectamente porque cuando decidí presentarme estaba el plazo abierto de mi categoría de ampliación de estudios artísticos. Al final del camino, todo parecía tener sentido irme a Nueva York con una beca Fulbright. Y así fue. Lo que yo no sabía que el destino tenía otra broma guardada que era la pandemia.

¡Qué caprichoso es el destino!

¡Imagínate! Pasé seis meses de desenfreno en Nueva York sin pandemia y en 2020 me tuve que encerrar, como todo el mundo, en un apartamento. En mi caso en Nueva York.

¿Cuánto pudiste disfrutar de la beca?

Mi beca era de un año, pero me pedí una prórroga de seis meses porque mi objetivo como Fulbrighter era estrenar mi obra de teatro –la que acabo de estrenar este octubre– y cómo estaba la pandemia no iba a poder. Pedí seis meses más y me los otorgaron. Fue una alegría porque me daba más tiempo y yo había estado trabajando en la obra via zoom durante todo el encierro. El problema fue que esos seis meses no fueron suficientes. El teatro de Nueva York tardó mucho más en retomar su actividad. Pedí de nuevo seis meses pero ya no me los concedieron. Me tuve que volver a casa.

Pero ahora vuelves a estar en a Estados Unidos, ¿cómo lo hizo? Por lo que tengo entendido las becas Fulbright están diseñadas para volver a España con los conocimientos adquiridos y es difícil retornar al mismo lugar.

Cierto, el espíritu de la beca Fulbright es la de intercambio. Por eso no tiene mucho sentido que uno termine quedándose en el país o la ciudad que le acoge. Pero yo soy muy cabezón y como no pude concluir mi objetivo como becario Fulbright, que era estrenar la obra, decidí solicitar mi visado de artista por tres años. No creo que me quiera quedar en Estados Unidos durante mucho tiempo, pero sí quiero terminar aquello por lo que me otorgaron la beca. Una parte importante era estrenar y ya lo hice el mes pasado. Eso fue un desahogo cósmico. Pero ahora también tengo más tiempo para seguir trabajando en la obra así como seguir almacenando experiencia y conocimiento. Puedo hacer muchas cosas que en ese momento no pude hacer, como ir al teatro mucho y establecer relaciones con otros productores, actores y artistas.

¿Le costó mucho aplicar a esta beca tan competitiva?

Sí, de hecho, en la rama a la que yo me presenté Ampliación de estudios artísticos, solo se beca a una persona por área de conocimiento. Es decir, solo un becado por música, artes escénicas, cine, danza y moda. ¿Es difícil? Te puedo decir que estuve de jurado el año pasado para otros becarios Fullbrigh, y sí, que era muy competitivo porque la gran mayoría de proyectos y currículos tenían interés. En todo caso, si tuviera que dar un consejo, sería que todo el mundo se presente y lo intente, porque nunca sabes si te va a tocar y si lo hace, es una experiencia irrepetible. La cuestión es salir y más cuando es a un país tan complejo y diferente como Estados Unidos. Siempre enriquece muchísimo. De repente todo adquiere nuevo significado y se dimensiona.

¿Recomendaría al 100% esta experiencia entonces?

Lo haría encarecidamente. Animo muchísimo a hacerlo. Hace un tiempo grababa píldoras de 3 minutos para La Sala, el programa de artes escénicas de Radio Nacional y era como hacer publicidad no pagada de la beca Fulbright. No puedo estar más a favor de la filosofía del programa y, sobretodo, como artista, considero que es esencial salir y dejarse impregnar por expresiones distintas. Es necesario que los artistas no solo aprendamos de lo local sino de las muchísimas individualidades que hay en todas las partes del mundo. A mi esta beca me ha cambiado el destino y los esquemas.

Acaba de estrenar su obra ‘Fantastic Mr. S’ que tanto costó sacar adelante, ¿ qué influencia de tu vida en Canarias tiene?

Muchísimo, soy el primer sorprendido. Últimamente me interesa muchísimo el tema del origen y de mis raíces. Aunque no quede nadie vivo de mi núcleo familiar, cuando vuelvo a Canarias siento un cordón umbilical invisible que me ata a mi tierra. Y sí, para mí es importantísimo y hablo literalmente de las Islas Canarias en la obra. La obra tiene mucho que ver con la maternidad, con la muerte y con un hombre. «Fantastic Mr. S» lidia con una depresión severa por un duelo no resuelto y ha huido de la isla para zafarse de su destino. Al mismo tiempo se siente poderosamente atraído por esa energía volcánica intensa que tenemos todos los canarios.

¿La obra es algo autobiográfica?

Sí, totalmente autobiográfica (risas). Yo además tengo ese impulso de rechazo, no quiero volver porque me trae muy malos recuerdos. Lo de Santa Cruz de Tenerife no te lo puedes ni imaginar, me trae malos recuerdos todo el rato, y al mismo tiempo me atrae muchísimo porque tengo primos y amigos allí.

Cuando finalice el periodo de tres años de visado, ¿volverá a Canarias o se asentará de nuevo en Madrid?

No lo sé. No tengo ni idea la verdad. Me queda aún margen de tiempo para pensar. No obstante, tengo la sospecha de que volveré a Canarias, porque me encantaría establecer mi base en las Islas. También creo que voy a seguir siendo nómada, especialmente ahora no tengo por qué quedarme en un sitio fijo. Ya estuve el año pasado en Canarias, trabajando en la obra en un garaje en las Mercedes, en La Laguna. Fue un año muy bonito.

Ese regreso a Canarias de un año, ¿te ayudo a darle los últimos detalles a la obra?

Muchísimo. De hecho la parte más importante de la obra se desarrolló en la isla. Me inspiré mucho en el arte canario y en la vertiente ecológica de las Islas. De hecho quiero que, en la siguiente fase de desarrollo de la obra, todavía se destaque más el aspecto ecológico de Canarias. Más aún ahora que hay macroproyectos turísticos que vuelven a poner en peligro nuestra biodiversidad y nuestro valor más importante que es el entorno. Y después arte canario también. Mi abuela era María Belén Morales, escultora y siempre la tengo como de súper referente para la estética de la obra. Pero también tengo a otros artistas como Óscar Domínguez o Carmen Cologan que me inspiran.

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