Separar los residuos orgánicos es un gesto que va mucho más allá de utilizar un nuevo contenedor. Dar una segunda vida a cáscaras de fruta, restos de carne y pescado, o posos de café, supone contribuir a la economía circular y a la creación de una sociedad más verde y sostenible.

La empresa Valoriza S.A, adjudicataria del servicio de limpieza y recogida de residuos de Santa Cruz, a través de la marca Santa Cruz Limpia, viene trabajando en un ambicioso proyecto de la mano del Ayuntamiento capitalino, para convertir a la ciudad en un referente en la separación de biorresiduos.

La propuesta, ya aprobada por la Unión Europea a través de los fondos Next Generation, plantea adelantar la implantación del quinto contenedor a los cinco distritos del municipio contando, además de adquirir unos 2.000 contenedores inteligentes, que permitirán el acceso con tarjeta.

El alcalde de Santa Cruz de Tenerife, José Manuel Bermúdez, explica que la ciudad está realizando una apuesta por la agilización de procedimientos y por la eficiencia, contando con la tecnología como punto de partida para introducir nuevas dinámicas en el servicio. “En este caso, los usuarios dispondrán de una tarjeta con sus datos, propiciando que, cada vez que depositen fracción orgánica quedará un registro que podría, incluso, permitir que los residentes se beneficien de bonificaciones fiscales”, adelanta el alcalde.

Aunque ya se vienen instalando contenedores orgánicos desde el año 2021 en la zona Salud - La Salle y ahora, este 2023, en la zona Centro - Ifara, la aprobación de este proyecto permitirá que todos los barrios de Santa Cruz tengan acceso a la separación orgánica un año y medio antes de lo previsto.

El concejal de Servicios Públicos Municipales, Carlos Tarife, indica que, además de los nuevos contenedores marrones con cerradura electrónica, se plantea la adquisición de 35.000 cubos domésticos de biorresiduos, con capacidad para siete litros, así como 400 cubos para los grandes generadores de residuos como hoteles o establecimientos hosteleros.

Asimismo, el proyecto incluye la compra de dos camiones eléctricos de carga lateral y de dos trituradoras portátiles, que facilitarán la retirada de los residuos orgánicos.

“Continuaremos trabajando de forma coordinada, en este caso con Valoriza Medioambiente, para transformar las urbes en territorios sostenibles, respetuosos con el entorno y comprometidos con una gestión eficiente y responsable de los residuos”, refuerza Tarife.

En total, la inversión del proyecto para acelerar y mejorar la implantación de la orgánica en la ciudad de Santa Cruz de Tenerife asciende a un total de 4,3 millones de euros, de los que los fondos europeos cubrirán el 90%. El Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife aportará aproximadamente el 10%.

El alcalde agradece a los técnicos de diferentes áreas municipales que han coordinado su trabajo para la redacción de un proyecto, “que ha sido valorado hasta convertirse en merecedor de dichos fondos europeos, es ese buen trabajo, coordinado con el equipo creado a tal efecto, es el que nos está permitiendo ser beneficiarios de diferentes proyectos europeos por valor de casi 40 millones de euros”, destaca.

Resto orgánico susceptible de depositar en el contenedor marrón

Segunda vida a la orgánica

Separar el papel, cartón y los envases se ha convertido en un hábito para la ciudadanía. La separación de la fracción orgánica es la más joven, pero pretende convertirse también en un gesto más del día a día de la población.

Restos de fruta y verdura, cáscaras de huevo, posos de café e infusiones, restos de carne y pescado, cáscaras de frutos secos y pequeños restos de plantas, entre otros, deben depositarse en el nuevo contenedor marrón con el objetivo de darle una segunda vida a la orgánica.

Una vez se depositan los biorresiduos en el contenedor de la orgánica, comienza el inicio de esa segunda oportunidad estos restos, ya que el material orgánico permite obtener el popularmente conocido como compost o abono orgánico.

Un compuesto que permite mejorar la fertilidad del suelo y que conlleva el ahorro en otro tipo de abonos. Al mismo tiempo, supone la reducción de emisiones implicados en el efecto invernadero, como el dióxido de carbono o el metano.

La recogida selectiva de residuos implica, además, la reducción del volumen de la fracción resto, un objetivo que persigue la Unión Europea, que ha planteado metas para los residuos municipales, cuyo reciclado debe ser de al menos un 55 % en 2025 y lograr un 60 % en 2030 y un 65 % en 2035.