10 de mayo de 2019
10.05.2019

Seis candidatos al sillón de Clavijo

La campaña electoral para conformar un nuevo arco parlamentario arranca con tres caras nuevas aspirantes a presidir Canarias y desbancar a Fernando Clavijo (CC)

10.05.2019 | 07:35

Fernando Clavijo, Coalición Canaria
Candidato a revalidar

Cuando Fernando Clavijo (La Laguna, 1971) logró la investidura de su actual Presidencia en el 2015 se estaba confirmando como la gran referencia de futuro de Coalición Canaria y del nacionalismo canario moderado. Era entonces un líder relativamente joven con campo por delante para mantener a su formación en el Gobierno regional durante algunos años más a poco que los demás partidos mantuvieran sus vetos cruzados para sacarla del poder y acabar con su hegemonía desde 1993. Contrastaba en todo con su predecesor, Paulino Rivero, a quien ganó en la cruel batalla interna para la designación en ese momento y del que trataba de distanciarse en formas y fondo a la hora de hacer política. Era pues un líder ascendente con mochila y sin corbata que pregonaba a los cuatro vientos su complicidad con los nuevos tiempos del nacionalismo por más que su fuerza se sustentara sobre los apoyos de toda la vida.
La imagen y la experiencia vital y política de Clavijo ha experimentado sin embargo un claro cambio desde entonces, afrontando en este momento una candidatura a la defensiva muy lastrada por algunos acontecimientos y distintas circunstancias que le dificultan, más que nunca a ningún aspirante de CC, lograr el objetivo de mantener la Presidencia. El ex alcalde de La Laguna, licenciado en Económicas y Empresariales por esa Universidad, tiene precisamente en su paso por el gobierno local de la villa tinerfeña entre los años 2008 y 2014 su principal hándicap, una acusación que parte de denuncias conceja les en la oposición de Podemos y Nueva Canarias por presuntos delitos de prevaricación y malversación en el llamado caso Grúas, actualmente en instrucción en un juzgado de esa localidad, que le condicionan la estrategia y cuyo efecto sobre el electorado es una incógnita. Clavijo sostiene su inocencia en un asunto que enmarca en una "denuncia política que sólo busca generar daño político" y que considera un "menoscabo" a su condición de candidato de CC, pese a lo cual esta formación nunca ha barajado sustituirle.
Entre tanto, ha sobrellevado una legislatura que le ha obligado a mover fichas en distintos tableros para garantizarse la gobernabilidad. Si inicialmente se vio obligado a un pacto con el PSOE en una alianza de riesgo con la que fuera candidata socialista en 2015, Patricia Hernández, pronto supo que ese entente estaba abocado al fracaso. Apurado ese cáliz y roto el acuerdo, encontró la salida en el valor del único escaño de CC en Madrid, donde el apoyo de su compañera y madrina política Ana Oramas al Gobierno de Rajoy le proporcionó a él el del PP canario en el Parlamento regional.
Todo marchaba muy bien hasta que la moción de censura en el Congreso de los Diputados del socialista Pedro Sánchez cambió las tornas en la capital del Estado y el nuevo Gobierno central no se sintió afectado por los compromisos del anterior para con Canarias. Paradójicamente, Clavijo ha terminado la legislatura regional (casi de forma paralela a la estatal) con un enfrentamiento con Madrid al menos tan virulento como el que él criticó a Rivero en los años finales de la anterior y que tanto se empeñó en cambiar.
Clavijo, en política desde 1992 y que en algún momento de su vida política abogó por un soberanismo canario a lo portorriqueño, pasa por ser ahora un nacionalista constitucionalista y moderado y además muy beligerante con el secesionismo catalán. Quizá haya sido esta baza (junto a la formidable campaña de Oramas) la que ha hecho cosechar un gran resultado a CC en las generales del 26 A, logrando dos escaños por Santa Cruz de Tenerife y muchos más apoyos de los esperados en Las Palmas, y a eso se agarra en esta campaña para remontar las negras expectativas que se cernían sobre la formación y su candidato hace unos meses.
Mantener el Gobierno va a ser difícil de todas formas, pero la capacidad de supervivencia de CC y su habilidad para imantar todo lo que huela a poder en Canarias, es legendaria.

Ángel Victor Torres, Partido Socialista
Corredor con meta a la vista

La carrera de los socialistas canarios hacia la Presidencia de Canarias está siendo maratoniana, una exhausta lucha contra el pedregal político con el que se han encontrado en muchas ocasiones en tantas citas electorales en las que, con distintos resultados en número de votos y escaños, siempre se han dado de frente con alguna circunstancia que les ha apartado del objetivo. En algunas ocasiones viviendo auténticos páramos electorales que les hacía reflexionar sobre la vigencia de su ideario político, y en otras apartados de la gloria no por las urnas, sino por las alianzas que se urdían en su contra. La meta de esa carrera casi infinita la intuye ahora su candidato en esta cita del 26 M, el grancanario Ángel Víctor Torres (Arucas, 1966), el sexto aspirante consecutivo desde que en 1995 el histórico Jerónimo Saavedra tratara de recuperar la Presidencia lograda cuatro años atrás, pero de la que le apartó en 1993 la moción de censura de las AIC reconvertidas en CC, formación gobernante desde entones.
Los socialistas podrían lograr la gesta con un corredor de fondo de la política canaria, no un carismático dirigente con años de liderazgo, ni tampoco esa estrella de fulgor efímero que aparece de repente, sino un dirigente local de las medianías grancanarias que ha hecho vida de partido y escalado varios puestos internos e institucionales hasta que las circunstancias personales y las del propio PSOE le han brindado la oportunidad. Para esta histórica ocasión, el PSOE canario ha elegido precisamente a un apasionado del runing, cuyas máximas y reglas parece estar aplicando en política de momento con evidentes resultados. La gran victoria socialista en Canarias en las elecciones generales ha disparado el optimismo y las expectativas para la cita del día 26 y podría dar a Torres la oportunidad histórica de ganar para su partido un puesto que se le escurrió entre los dedos a Juan Fernando López Aguilar en 2007, pese a sus 26 diputados, y que tampoco logró con Patricia Hernández hace cuatro años pese a ganar en votos a CC, con la que pactó una efímera vicepresidencia.
Fueron precisamente estos dos compañeros socialistas a los que Torres ganó las primarias a la secretaría general del Partido Socialista canario en julio de 2017 dos meses después de que Pedro Sánchez reconquistara el liderazgo federal tras la fratricida batalla interna que estuvo a punto de dinamitar el partido y en la que el dirigente grancanario siempre apoyó al ahora presidente del Gobierno central y candidato virtual a renovar la investidura. En los últimos meses, el líder canario ha gestionado con dificultad el enfrentamiento entre Canarias y el Estado por el cumplimiento de la agenda canaria, pero ha dado réplica a algunas de las versiones interesadas que ha difundido el Ejecutivo regional.
Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna y profesor de Enseñanza Secundaria de Lengua y Literatura hasta que entró profesionalmente en política en el Ayuntamiento de su Arucas natal, donde fue concejal desde 1999 y Alcalde en dos etapas diferentes (2003-2007 y 2011-2015), es actualmente y desde 2015 vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria y consejero de Obras Públicas, Infraestructuras y Transportes. También pasó por el Congreso sustituyendo en el escaño a López Aguilar en 2009 cuando éste fue elegido eurodiputado.
Junto a la práctica del deporte, Torres tiene otras pasiones menos atléticas como el cine, la literatura y la música, y ha publicado un conjunto de relatos y logrado el accésit del Premio Ciudad de Santa Cruz y otros galardones literarios. Pero no será ni la literatura ni seguramente el deporte los que ocuparán su mente si alcanza la Presidencia tras las próximas elecciones, sino el recuerdo de su abuelo republicano que sufrió cárcel durante la Guerra Civil y que ha sido a lo largo de su vida la referencia política más intensa y emotiva.

Asier Antona, Partido Popular
Su única oportunidad

No es el mejor de los escenarios para el candidato del PP el de estas elecciones autonómicas. Es, de hecho, un contexto muy malo, cercano al de sus peores pesadillas políticas. Algo de mala suerte y un liderazgo grisáceo y anodino, al decir de muchos sectores del partido, se dan la mano para conformar unas expectativas nada halagüeñas para Asier Antona. Es todo lo contrario a un personaje carismático, pero tiene otras virtudes políticas que podrían impulsarle si no fuera porque todo se le ha vuelto en contra: unos catastróficos resultados electorales en las generales de hace dos semanas, un partido sin tono vital y sin dirigentes con capacidad de reacción, y una dura competición en el campo de la derecha que no tuvieron quienes le precedieron en la candidatura a la Presidencia de Canarias. Es la primera vez que este palmero de adopción aspira al cargo, y es probablemente la única de la que dispondrá si no logra combatir los elementos. Será su primera y quizá su última oportunidad, y por eso sólo una carambola electoral y política que le permita entrar en un Gobierno de coalición, con quien sea y como sea, salvará su liderazgo al frente del PP canario.
Asier Antona (Bilbao, 1976) cogió los mandos del partido aún bajo la sombra de un personaje omnipresente como José Manuel Soria y le ha costado hacerse valer como el líder indiscutible del mismo. Fue Soria quién le aupó a la secretaría general del PP canario en 2012 y a quien sustituyó en la presidencia en 2016, primero de manera provisional cuando el entonces ministro de Industria se vio obligado a dejar la vida política por su implicación en los llamados papeles de Panamá, y definitivamente en el Congreso regional de marzo de 2017 amparado por el presidente nacional y Mariano Rajoy. Desde entonces, Antona ha dirigido no sin problemas una formación que ha tenido dudas sobre su papel político a lo largo de la legislatura, sobre todo tras la ruptura del pacto entre CC y el PSOE. Durante un tiempo Antona flirteó con la idea de promover un pacto con los socialistas y otros grupos para acabar con los gobiernos nacionalistas, pero finalmente se vio obligado desde Madrid a sostener desde fuera al Ejecutivo de Clavijo como moneda de cambio al apoyo de CC al Gobierno de Rajoy. Ha sido para él y para el PP una posición de equilibrio imposible en términos políticos entre aprobar los ejes centrales de la política de CC y tratar de presentarse como alternativa. Y quizá ahora le pueda pasar factura.
No es la única vez que Antona ha nadado entre dos aguas en política. Lo repitió de nuevo durante el proceso de primarias en el PP nacional, en el que trató de pasar como neutral hasta que en el último minuto se decantó por Soraya Sáenz de Santamaría frente a Pablo Casado, una apuesta que resultó perdedora y que aparentemente no tuvo repercusiones ante la nueva dirección de la calle Génova. Considerado de centro moderado, ha vivido con mucha incomodidad el giro a la derecha que ha dado el Partido Popular en la pasada campaña de las generales, y es notorio el esfuerzo que hace para desmarcarse de algunos discursos de sus compañeros en Madrid. Reivindica el trato a Canarias dispensado por los gobiernos estatales del PP y tiene como eje central de su discurso en las Islas una masiva rebaja de impuestos que puede sembrar dudas sobre su promesa paralela de mejorar los servicios públicos.
El candidato popular a la Presidencia del Gobierno, siempre ligado profesionalmente a la política, vivió un episodio controvertido hace unos meses cuando se descubrió que durante años presumía de una Diplomatura de Estudios Avanzados sobre Historia del Pensamiento Político que en realidad no poseía, lo que él achacó a un error de redacción de su currículum, en el que, por otra parte y quizá en su afán de canarizar su perfil, aseguraba ser natural de La Palma, su isla de residencia, escondiendo así su procedencia vasca. Ahora tiene ante sí quizá una jugada casi imposible para tratar ser el presidente de Canarias.


En la izquierda alternativa, Noemí Santana
Sí Podemos Canarias

Noemí Santana (Las Palmas de Gran Canaria, 1984) fue la persona que le puso cara a Podemos en Canarias y al conjunto del movimiento de izquierda alternativa surgido del 15 M. Ha sido desde entonces una batalladora en todos los ámbitos en los que se ha movido, tanto en el Parlamento de Canarias como portavoz de su grupo, como en el seno de la formación morada en el marco de la múltiples peleas y divisiones internas. La de última de esas crisis, una 'voladura' controloda de candidaturas, casi la deja sin plancha electoral y fuera en la batalla por el acceso al Parlamento justo en los últimos minutos en el debían acreditarse las listas. En ambos casos su carácter enérgico, bullicioso e incisivo le ha proporcionado protagonismo y una merecida fama de incómoda enemiga, aunque a veces cuesta pensar que esa serenidad que transmite en las distancias cortas pueda mutar en la belicosidad con la que se expresa en las tribunas públicas.
Su segunda candidatura a la Presidencia de Canarias, lograda en una primarias en noviembre pasado, es la prueba de que su trabajo en los últimos cuatro años es valorada por los suyos, aunque quizá ella consideró en su fuero interno que el 53 % de apoyos logrados, frente al 40 % de su digna contrincante, Mari Carmen Martín, no respondía al papel que ha jugado en la primera vez que la izquierda alternativa entraba en el Parlamento de Canarias. También había logrado, en junio, el aval de los inscritos en la formación para suceder a Meri Pita en la secretaria general del partido, con un 37 % de los votos frente al 30 y 28,8, respectivamente, de sus contrincantes, Concepción Monzón y Juan Márquez.
Sin duda, buena parte de su valor ante los militantes y simpatizantes de Podemos se sustenta sobre sus encendidas y teatralizadas intervenciones como portavoz parlamentaria, sobre todo cuando se enfrenta a los representantes de Coalición Canaria y en especial al presidente regional, Fernando Clavijo, al que ha llegado literalmente en ocasiones a sacar de sus casillas y provocarle tal grado de malhumor e irritación que ha llegado éste a perder lo papeles y, en ocasiones, sus habituales buenas formas. Pero Santana no está para juegos florales, ni batallas florentinas, y busca el cuerpo a cuerpo dialéctico más a gusto de los suyos y en consonancia con la negativa valoración que hace de la acción de gobierno, y de la situación catastrófica en que a su juicio se encuentra el Archipiélago y su ciudadanía en base a datos muchas veces traídos de los pelos.
De larga trayectoria de militancia en la izquierda, se inició en el colectivo Asamblea de Estudiantes durante su estancia en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, en la que se licenció en Administración y Dirección de Empresas. Su inicial vena nacionalista la llevó a enrolarse en Nueva Canarias en 2007, donde ejerció de secretaria de Juventudes y llegó a formar parte de su Ejecutiva Nacional, siendo incluida como número seis en la lista al Ayuntamiento de la capital grancanaria en las municipales del 2011.
Ese mismo año, truncado su acceso al gobierno municipal, empieza a trabajar como auxiliar administrativa en la empresa pública Ferrocarriles de Gran Canaria, que entonces dirigía Román Rodríguez desde la vicepresidencia del Cabildo.
Desde NC saltó a militar en organizaciones de la izquierda alternativa hasta que se unió a Podemos tras asistir a la primera asamblea del partido en su ciudad natal. Formó parte desde el primer momento de la representación canaria en las reuniones en Madrid para organizar la formación morada en el ámbito estatal y enseguida logró la candidatura de la Presidencia de Canarias en 2015.
Santana ha sobrellevado y sobrevivido a las duras batallas internas del movimiento y ahora su segunda oportunidad en las elecciones autonómicas le puede suponer su participación en la conformación de una alianza de izquierdas en el Archipiélago, y quizá para sentarse en el próximo Consejo de Gobierno.


Román Rodríguez, Nueva Canarias
Un fajador por la Presidencia

Si hay una característica que define más que cualquier otra a Román Rodríguez (La Aldea de San Nicolás, 1956) es su adicción a la política, no sólo a la práctica política y a la lucha por el poder o el gobierno de las instituciones desde un determinado partido, sino sobre todo como ciencia social que estudia la organización de la sociedad y como actividad que rige a lo largo de la historia los destinos de los pueblos. También como puro entretenimiento, como mero ejercicio especulativo sobre las circunstancias, el sentido o la oportunidad que rodean tal o cual movimiento de los actores políticos, los de su alrededor o los del otro lado del planeta. Es una pasión que transmite en su vehemente forma de explicar sus ideas y sus propuestas, y que marca también sus estrategias políticas en las que combina análisis e intuición, con resultados discretos en la mayor parte de los casos.
El candidato de Nueva Canarias a la Presidencia del Gobierno asume el reto en esta ocasión muy contrariado por los pésimos resultados de la formación en las pasadas generales, en las que Pedro Quevedo no logró mantener su escaño en el Congreso, pero convencido de que en ahora su discurso no se va a ver afectado por el voto útil contra la posible alianza de las llamadas tres derechas, incluida por primera vez una extrema derecha, (PP, Cs y Vox) que cree primó entre los electores el 28 A. El llamado nacionalismo de izquierdas que él abandera desde la formación que fundó en 2004 y que preside desde entonces -aunque no siempre sus principios ideológicos fueron los que sostiene ahora- tiene en esta cita de las autonómicas un reto importante para demostrar que su discurso sigue vigente en un amplio sector del progresismo isleño, y para que el propio Rodríguez pueda estar en condiciones de, en función de los resultados, negociar una posible entrada en el Gobierno dieciséis años después de abandonar la Presidencia que ejerció en una sola legislatura, entre 1999 y 2003.
La historia no oficial de aquella designación señala que fue una "coña" de Lorenzo Olarte la que le valió su candidatura a la Presidencia para evitar otra jugada política en el seno de CC, pero el ingenio del histórico centrista canario ya no pudo evitar que los protagonistas de esa misma jugada frustrada, Adán Martín y José Carlos Mauricio, le descabalgaran a él de la candidatura cuatro años después.
Aunque Rodríguez logró el refugio de un escaño en el Congreso en 2004, de ahí surgió el cisma en el nacionalismo grancanario y la creación en 2005 de NC con la que Rodríguez fue luego vicepresidente del Cabildo de Gran Canaria (2007-2011) y diputado en el Parlamento de Canarias en las dos últimas legislaturas, desde el 2011.
Licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de La Laguna, ha ejercicio la profesión durante unos pocos años antes de iniciar una carrera como gestor público en la sanidad pública canaria (fue director gerente de Asistencia Sanitaria entre 1993 y 1995 y director del Servicio Canaria de Salud entre 1995 y 1999) ya militando en ICAN y Coalición Canaria y abrazando el nacionalismo moderado y posibilista tras una primera etapa de juventud, en los años ochenta) en los colectivos de izquierda más alternativos, como la Unión Nacionalista de Izquierdas (UNI) que fundó.
Aficionado a la práctica del boxeo, sabe muy bien que el fajador debe saber encajar los golpes del contrario y desde esa resistencia tener opciones de victoria. Es la misma actitud con la que ha enfrentado los embates del caso Amurga que lo implican de la compra con dinero público de unos terrenos de su familia política: recibe los golpes pero externamente parece que apenas lo desequilibran.


Vidina Espino, Ciudadanos
El enigma telegénico

Un buen día apareció por allí, sin avisar a nadie, y pocos meses después aspira a presidir Canarias. Es sin duda la carrera a la Presidencia más meteórica que se puede describir. Pero nada extraño tratándose de un partido como Cs, que en algunos territorios como Canarias está aún por construir orgánicamente. Vidina Espino, saltó de la pantalla de la tele a las noticias de la política regional en un abrir y cerrar de ojos y es sin duda el gran enigma de las próximas elecciones autonómicas en las Islas, mutó casi sin que se diera cuenta de presentadora de los telediarios de Antena 3 en Canarias a ser protagonista de esas informaciones que tan profesionalmente antes ella misma difundía. Es un paso al que sólo se atreven personas decididas, atrevidas, justo dos de los adjetivos con los que la describen algunos de sus compañeros de partido. Sin ideología explícita a la que responder o dar cuentas, el día que decidió dar el salto era evidente que Cs era el que mejor le venía, y también al que su perfil joven de profesión liberal con imagen pública le ofrecía campo abierto para prosperar.
Espino, nacida en Ingenio en diciembre de 1979, resume en parte el perfil de muchas otras personas que han dado el salto a la política a través de la formación que lidera Albert Rivera, y el ejemplo más cercano es quizá la propia Melisa Rodríguez, su antecesora en esta candidatura, en las elecciones de 2015, y luego diputada en el Congreso, escaño que acaba de renovar en las elecciones del 28 A, y ya dirigente destacada del partido en Madrid. La diferencia es que cuando Rodríguez aspiró al cargo, Cs acaba de prácticamente de nacer en el ámbito nacional y casi ni existía en Canarias, mientras que Espino lo hace cuando las siglas tiene ya una pequeña historia tras de sí. Pero su perfil y circunstancias contienen elementos por los que los naranjas tienen cierta inclinación, ese gusto por la novedad y la incógnita, señas de identidad de la marca desde su nacimiento. No se trata en todo caso de uno de esos "fichajes" a los que también le ha cogido gusto el equipo de Rivera, sino que fue la propia periodista canaria la que tomó la iniciativa, primero afiliándose, y luego empezando a aparecer por las reuniones y actos de militantes en la sede de la capital grancanaria. Obviamente no pasó inadvertida y enseguida le ofrecieron un puesto en la dirección, el que más obviado dada su profesión, el de secretaria de Comunicación. Luego enseguida vio que había agua en la piscina y se lanzó a las primarias para la candidatura a la Presidencia de Canarias, que ganó por goleada (84 % de los apoyos) a sus tres contrincantes en el proceso. Bien es cierto que el líquido elemento al que se lanzó en términos políticos estaba previamente climatizado y aderezado con aromáticas sales desde la propia dirección regional forzando una salida de cuadro de quien hasta ese momento era el portavoz del partido en las Islas y candidato natural, Mariano Cejas. La apuesta de Melisa Rodríguez y del entorno de Rivera en Madrid era claramente por esta periodista de notoriedad muy fácil de reconocer en la calle, que además muestra carácter.
Es en todo caso una incógnita en unas elecciones tan competidas como las que se avecinan y en las que asume el riesgo de cubrir todas las expectativas de crecimiento que tiene un partido que entrará por primera vez en el Parlamento de Canarias. "Hay que entrar en las instituciones para levantar las alfombras y abrir ventanas", señala quien asegura que ha llagado a la política, temporalmente y sin pretender hacerse profesional, porque consideró que ya no le valía contarla desde la pantalla. Si su prioridad en este nuevo reto es acabar con 30 años de gobiernos nacionalistas, coloca a PP y PSOE como "cómplices" necesarios de un "juego de sillas" con el que quiere acabar, aunque sólo pone como línea roja para pactar a los partidos que tienen personas imputadas en sus filas. La incógnita naranja está por despejar.

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