El Hierro
Alcalde desde el minuto cero
Es el alcalde del municipio más joven de España, el único que ha tenido el bastón de mando desde que hay Ayuntamiento. Eso sí, el socialista Juan Miguel Padrón Brito (El Pinar, 1951) antes estuvo cinco legislaturas como concejal de La Frontera, es decir, entre una cosa y la otra, casi tres décadas y media en política.

Juan Miguel Padrón, en el mirador de Tajanada, desde donde se observa parte del municipio de El Pinar. | E.D. / ED

Si la salud acompaña acabará esta legislatura como el único alcalde que ha tenido El Pinar en los cuatro procesos electorales que han dado forma a su gobierno municipal. En 2011 sumó la mayoría con 433 votos, pero en los siguientes sufragios, los de 2015, 2019 y 2023, consiguió una victoria absoluta con la suma de 509, 536 y 576 papeletas que llevaban su nombre, es decir, que pasará a la historia por ser el primer regidor durante 16 años con 2.954 avales. «Sí, los tengo contados», sonríe el socialista justo antes de puntualizar uno de esos secretos a voces que se barruntan en los lugares pequeños: «Aquí nos conocemos todos y sabemos que hay gente de otros partidos que vota a la plancha que yo presento», precisa el hijo de Imelda y Juan. Su madre se dedicaba a las tareas de la casa y el campo y su padre vendía pescado recién cogido en La Restinga en el Pinar y en otras localidades de El Hierro. «Al principio lo subían en mula, pero con el tiempo creó una modesta sociedad con otros dos vecinos y compraron un par de taxis y un furgón para llevar el pescado», describe el mayor de cuatro hermanos. Dos chicos y dos chicas. «Una murió un año después de nacer», puntualiza el padre de cuatro hijas y, a su vez, abuelo de dos nietas y un nieto. Ésa es la faceta más familiar de Juan Miguel Padrón Brito (El Pinar, 1951).
Juan Miguel estudió contabilidad y mecanografía, hizo la mili en Hoya Fría (Tenerife), La Palma y El Hierro y uno de sus primeros trabajos se lo proporcionó el Instituto Nacional de Industria (INI) en una mina de extracción de fosfatos en El Aaiún, la mayor ciudad de los territorios no autónomos de El Sáhara. «Era el encargado de pagar y todos los jueves volaba en avioneta hasta las minas de Bucraa a entregar los jornales», rescata de un periodo en el que tuvo lugar la Marcha Verde [movimientos de Marruecos para invadir los territorios españoles en el Sáhara] y Madrid tuvo que cambiar los planes de las empresas que tenía en la parte occidental de África. «El INI me ofreció venirme a una fábrica a Fuerteventura o una liquidación», recuerda el piñero de una etapa de su vida en la que cogió la indemnización y se vino a trabajar a Tenerife. «Entré en Caja Rural y enseguida me asignaron una misión en El Hierro». Y es que él fue el encargado de aperturar las sucursales bancarias de La Frontera (1976), El Pinar (1982) y Valverde (2004). «Me gustaba la política y ayudar a los vecinos, pero yo era banquero», avanza de unos años en los que le picó el gusanillo «del servicio público» y se metió de concejal en La Frontera. Una aventura que duró 20 años; cinco legislaturas.
El Pinar peleaba por segregarse de La Frontera desde 1912 [el único municipio de la Isla era Valverde y para tener un Cabildo se necesitaban al menos dos, por lo que muchos ediles de la capital se mudaron hasta Las Lapas y se fundó el término municipal de La Frontera], pero eso no ocurrió hasta que el 15 de septiembre de 2007 se dio forma a una gestora presidida por Virgilio Fernández Fernández. Ahí empezaron los contactos para que Juan Miguel encabezara la lista socialista en los comicios celebrados en 2011.
Él ha sido el primer y único alcalde de El Pinar, pero «eso no hubiera sido posible sin el empeño y la decisión de tres piñeros de tres partidos políticos distintos», desvela de los esfuerzos que realizaron Tomás Padrón (AHI), Eligio Hernández (PSOE) y Manuel Guerra (PP). «Todos remaron para el mismo lado y conseguimos dar forma a un sueño», remarca sobre uno de los acontecimientos sociales de la historia de Canarias en el siglo XXI.
«No hay policías locales»
Es uno de los pocos alcaldes del Archipiélago [si no él único] que no tiene nómina. Sólo cobra por asistir a los plenos de un municipio que maneja un presupuesto de «seis millones y pico de euros». Una parte importante de esa partida la destina a proyectos de asuntos sociales que gestiona una docena de técnicos entre los que hay cuatro funcionarios de la oficina técnica, dos trabajadores sociales y seis personas que se encargan de prestar ayuda a los vecinos en sus domicilios. «Por no tener, no tenemos ni policías locales», confiesa en un punto de la conversación en el que deja claro que «no nos podemos permitir los cinco agentes que nos exige la ley; tampoco pagar coches, motos, gasolina...», resuelve de un asunto que tiene arreglado con las patrullas que realiza la Guardia Civil y un convenio firmado con Presidencia para la cesión de efectivos de la Policía Autónoma Canaria. Sobre todo, en el instante en el que hay que organizar alguna fiesta. «El Pinar es un lugar y los vecinos se comportan», agradece antes de lanzar una punta. «Lo único que hacen mal, no todos los días, es aparcar delante de un garaje», un problema que sólo se puede arreglar a golpe de pita porque allí tampoco hay servicio de grúas.
La migración me parte el alma; ya he tenido que enterrar a 44 personas en el cementerio
Lo que sí ha crecido mucho en los últimos años es la presencia de retornados a un núcleo poblacional en el que sus abuelos tuvieron que hacer las maletas para irse a Colombia, Cuba, Perú, Venezuela... «Son muchos los que han vuelto», revela sin hacer demasiado ruido de un ilustre visitante que de vez en cuando se deja caer para visitar a su tía Miña. Monseñor Javier Domingo Fernández González, jefe de Protocolo del Vaticano, movió en su día algunas piezas para que el papa Francisco conociera la realidad migratoria que vive El Hierro: «No se lo diga a nadie, pero, a veces, lo vemos por el pueblo», corta sin dar más detalles Juan Miguel antes de hablar de un asunto que lo pone malo. «Ahora la cosa está un poco mejor, pero la crisis humanitaria que hemos sufrido en el municipio ha sido muy dramática [hace una pausa]. La migración me parte el alma, ya he tenido que enterrar a 44 personas en el cementerio. ¡Un horror!», concluye un piñero con alma de alcalde. n
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