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Valverde, y lo que la bruma se llevó

Valverde, y lo que la bruma se llevó

No tiene suerte la Villa de Valverde ni sus pueblos, y no es una cuestión de ahora, sino de siempre. La capital herreña parece estar embrujada, bueno mejor embrumada, aunque últimamente se ha retirado hasta la neblina, de las pocas cosas que han cambiado. ‘La Villa’, la única capital de montaña de Canarias y con nombre precedido de Santa María e incluso con el tratamiento de Muy Ilustre, no sale de su letargo y abandono, situación pretérita que ya vemos con resignación y hasta con cierta normalidad. Espero que esta crítica no sea personalizada, porque en todo caso, y como en Fuenteovejuna, todos los gestores, equipos de gobierno y oposiciones son en mayor o menor medida responsables o consentidores del abandono y de la desidia.

Lo más cómodo es silenciar, callar, consentir o admitir, pero me siento en la obligación como ciudadano de visibilizar, como se dice ahora, problemas endémicos de ‘la Villa’ que parecen perpetuarse en el tiempo. No descubro nada nuevo si les digo que Valverde se ha convertido en un pueblo sin vida, y solo los servicios mañaneros de la administración pública o de la banca privada obligan a los ciudadanos a ir a resolver sus trámites médicos, gestiones administrativas o bancarias, y alguna que otra compra en sus comercios, porque a partir del mediodía podemos jugar al futbol en muchas de sus calles colocando como antaño dos piedras que hacen de porterías.

Valverde capital enmudece, y si nadie pone remedio muere lentamente y sin aparente remedio. El otro día me decían, con bastante razón y sin entrar en rivalidades con otros pueblos, por qué casi todos los eventos turístico-deportivos siempre se centralizaban en los otros dos municipios. La respuesta la deben tener los gestores públicos, los de ahora y los de antes, porque no han logrado o no les ha interesado consolidar las bases para crear un pueblo atractivo y apetecible para vivir y disfrutar. De hecho, y motivado no solo por la climatología, sino por la falta de suelo urbano y otros aspectos que sería muy largo relatar, se ha producido un éxodo progresivo de mucha población hacia otras zonas costeras del municipio, o incluso de La Frontera para autoconstruir, comprar o alquilar.

Esto es solo la punta del iceberg, porque el aspecto de la Villa llega a ser deplorable, antes y ahora. El poco patrimonio histórico, arquitectónico y cultural que nos queda se cae, y no existe ninguna política de rehabilitación; las zonas verdes o ajardinadas están abandonadas o brillan por su ausencia. El tráfico y su regulación no existe, me imagino que sabrán el porqué. Las calles con falta de un barrido. La noche solo para dormir. No hablemos de los centros educativos, culturales, deportivos y de ocio que llevan clamando y gritando una mayor atención. Por cierto, ¿qué fue de aquellas promesas de los unos y de los otros de nuevos centros educativos que a este paso no los conocerán ni nuestros biznietos? ¿Para cuándo la Villa dispondrá de algún espacio cubierto con un aforo mediano en el que resguardarse del frío o de la lluvia, y qué no se tenga que recurrir a utilizar un polideportivo, o sacar del armario aquella carpa del paleolítico que sirvió para una Bajada pero que su existencia se eternizó?. Ni siquiera los centros educativos disponen de espacios deportivos cubiertos. No digamos nada de sus vías de acceso y de circunvalación, llenas de baches, y que de vez en cuando y como acto de gracia, se le embadurnan con un poco de `piche´ para que los agujeros no se sigan haciendo más grandes. Adoquines y losetas sueltas, mojones fuera de su lugar que se perpetúan en calles, además de obras prehistóricas paradas desde tiempo inmemorial, la más flagrante, aquella piscina en Asabanos, o la ambiciosa zona de expansión de Valverde hacia El Mocanal que supuestamente iba a ser un polígono industrial y comercial. Siguen faltando aparcamientos y vías alternativas, alumbrado público, eliminación de barreras arquitectónicas, …., y sobre todas las cosas, visión de futuro y mucha, mucha, voluntad para afrontar un cambio.

Cualquier iniciativa empresarial y comercial en la capital herreña siempre tropezará de frente con la falta de suelo o de compromiso y gestión política para solucionarlo. Así nos encontramos con talleres mecánicos en plenas vías urbanas, vehículos abandonados, problemas de construcción o autoconstrucción por la falta de suelo urbano, o encarecimiento de este, a lo que se une la falta de vivienda social, un problema que parece no haber preocupado en las últimas décadas.

Posiblemente, además de no gustar lo que pueda decir, alguien lo pueda interpretar como un mensaje catastrofista por mi parte, o un ataque a los actuales gobernantes. Sería un error interpretarlo así, porque en dos años y medio no se puede solucionar un retraso de décadas, pero sí habrá algún día que sentar las bases. En El Hierro, y especialmente en Valverde, emprender ya esa difícil, mantenerse heroico y crecer imposible.

Hace unos días alguien reclamaba a un empresario de la restauración por qué los negocios de Valverde no abrían a mediodía para atender a los cruceristas, y el interlocutor, que pareció enterarse en ese mismo momento de que había llegado un crucero a La Estaca, le dijo: «Y para que abro si no pasan por aquí», y no dejan de tener razón, porque Valverde debe ser ese lugar de paso que solo figura en el mapa como capital de una isla que se llama El Hierro.

Si nadie le pone remedio pronto haremos un documental de esos que tanto gustan ahora que podremos titular: «Valverde, lo que la bruma se llevó».

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