Heredamos muchas creencias y mitos sobre educación y crianza, y una de las que más pasa de generación en generación es el peligro de bañar a los bebés y niños antes de que hayan hecho la digestión.

Se trata de una preocupación que tenemos como padres y madres por el temido “corte de digestión”. Este nos crea muchas complicaciones a la hora de organizar nuestro día a día y conciliar: no podemos bañarles tras la cena porque no ha pasado el tiempo de digestión del bebé o del niño y tenemos que hacerlo por la mañana a primera hora con prisas y estrés.

El mito de esperar dos horas antes de bañarse

Tenemos muy manido el concepto de corte de digestión como principal peligro cuando nos duchamos o bañamos tras comer. Pero el corte de digestión no es el término adecuado, sino que debemos hablar del concepto de hidrocución.

La hidrocución es el contraste brusco que experimenta nuestro cuerpo de pasar de un estado caliente a uno muy frío por la temperatura del agua. El contraste entre el exterior con mucho calor y el contacto con el agua muy fría hace que en nuestro cuerpo baje la frecuencia cardíaca y la presión sanguínea, de ahí que nos podamos llegar a marear, tener nauseas o calambres en el agua.

Si la hidrocución se provoca por la alteración y contraste de temperatura, ¿de dónde proviene su relación con la espera a hacer la digestión? La digestión puede ser un factor que incremente la probabilidad de peligro de hidrocución cuando se hacen comidas pesadas. Y es que con las digestiones lentas, nuestra presión arterial baja y hay mayor peligro de hidrocución que en otras ocasiones.

La digestión no es un factor a tener en cuenta para el baño del bebé

Entonces, ¿debo bañar al bebé o niño antes o después de la cena? Puedes bañarle cuando quieras, no hay peligro de duchar o bañar a los bebés o a los niños tras cenar o tras una comida, pues en el día a día bañamos a nuestros hijos con agua caliente. El factor que debemos tener en cuenta para bañarles es el cambio de temperatura brusca entre el exterior y el agua, no la hora del baño del bebé o del niño.

En verano aumenta el peligro de sufrir hidrocución al haber un gran contraste entre el calor y el agua fría de la piscina y la playa. Y aquí las comidas copiosas son un factor añadido. La Dra. María Jesús Esparza, portavoz de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap) no cree que sea un gran peligro que nuestros hijos no cumplan las dos horas de digestión cuando se van a bañar ya que, sobre todo en verano, “es raro que un niño haga comidas copiosas, por lo que la prohibición del baño en las dos o tres horas después de comer no tiene sentido. Sobre todo, si el agua no está especialmente fría. Podría ser peor, si en esa espera el niño está jugando al sol y luego se tira de golpe al agua”.

Es más importante tener en cuenta si el bebé o niño ha estado mucho rato expuesto al sol o si ha hecho ejercicio, pues su cuerpo no estará aclimatado a la temperatura del agua fría, y puede tener un contraste de temperatura que termine con algún mareo o calambre.