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Mercado inmobiliario

La crisis de la vivienda empuja a los canarios a buscar casa en el campo

La oferta en zonas rurales es también escasa, lo que les quita esta opción a muchos de quienes están dispuestos a dejar las áreas metropolitanas

Viviendas y fincas en el municipio de Tejeda, en Gran Canaria.

Viviendas y fincas en el municipio de Tejeda, en Gran Canaria. / Juan Carlos Castro

Andrea Saavedra

Andrea Saavedra

Las Palmas de Gran Canaria

Buscar casa en Canarias se ha convertido en misión imposible. Muchos empiezan el proceso con la idea de limitar la búsqueda a las zonas urbanas y céntricas, pero la escasa oferta y los precios desorbitados empujan a muchos canarios a ampliar su área de rastreo. Estar cerca del núcleo urbano ya no es prioritario y cada vez son más los que –en busca de opciones más asumibles para sus bolsillos– se plantean comprar una casa en zonas rurales.

El campo cobra atractivo. Así lo reflejan los datos provisionales de la Estadística de Transmisiones de Derechos de la Propiedad (ETDP) del INE, que indican que las operaciones de compraventa en fincas rústicas canarias en lo que va de año han crecido un 5,7% respecto al mismo periodo de 2025. Una tendencia contraria a la que registran las operaciones de fincas urbanas en las Islas, que caen un 2,3% en comparación con el inicio del año pasado. La diferencia en números absolutos, eso sí, sigue siendo notable. Entre enero y febrero se cerraron 6.699 compras en zonas urbanas, frente a las 578 que se realizaron de fincas rústicas.

Las cifras serían mucho más significativas si la oferta de vivienda en zonas rurales fuera mayor. Porque la realidad del mercado, según coinciden los expertos, es que la demanda ya se ha desplazado, pero el producto no ha acompañado ese movimiento. «El interés por salir de los núcleos urbanos no es nuevo, lleva tiempo creciendo», explica el portavoz de la Asociación Canaria de Empresas de Gestión Inmobiliaria (Acegi), José Saavedra. Pero ese cambio de tendencia apenas se traduce en operaciones. «No hay stock. La demanda existe, pero no se materializa porque no hay viviendas disponibles», resume.

Presión demográfica

A diferencia de lo que ocurre en la Península, donde es posible encontrar pueblos con un elevado número de casas vacías, en Canarias la escasez también alcanza a las zonas rurales. Las distancias más cortas y la presión demográfica hacen que incluso los municipios alejados de las capitales carezcan de oferta suficiente. «No es solo un problema de la ciudad, es un problema que sufren todas las Islas», insiste Saavedra.

A esta falta de vivienda se suma un obstáculo adicional. Gran parte del parque inmobiliario en suelo rústico presenta dificultades jurídicas o urbanísticas que complican su compraventa, especialmente cuando hay financiación de por medio. Las entidades bancarias extreman las cautelas ante este tipo de operaciones, ya que muchas edificaciones no cuentan con una situación registral clara o están fuera de ordenación. Esto limita aún más las posibilidades reales de acceso. «Tres de cada cuatro compras requieren hipoteca y ahí es donde muchas operaciones se caen», apunta el portavoz de Acegi. El resultado es un mercado tensionado en el que la demanda se desplaza, pero no encuentra salida.

Antes, este tipo de operaciones estaba más vinculado a la segunda residencia, a una vivienda de fin de semana o de uso ocasional. Sin embargo, ese patrón también ha cambiado. La presión del mercado ha convertido estas búsquedas en una necesidad habitacional y no en una opción de ocio. «Hoy la demanda es de primera vivienda», subraya Saavedra. Además, no se trata de un fenómeno impulsado por el comprador extranjero, que sigue concentrándose en zonas turísticas y costeras, sino principalmente por residentes en las Islas que, ante la falta de alternativas en los núcleos urbanos, amplían su radio de búsqueda.

La idea de trasladarse al campo gana terreno entre quienes buscan alternativas más asequibles aunque, en la práctica, ese movimiento se queda muchas veces en una aproximación. El CEO de la inmobiliaria Ziegel, Aythami Rivero, matiza que la tendencia dominante no es tanto abandonar lo urbano como alejarse dentro de él. «La gente no se está yendo de forma masiva a suelo rústico, sino a zonas urbanas más periféricas, donde aún puede encontrar precios algo más bajos», señala.

El mercado, en definitiva, se reajusta sin resolver el problema de fondo. La falta de oferta, tanto en ciudad como en el campo, sigue marcando el ritmo. «Hay mucha gente buscando vivienda en Canarias y muy poco producto disponible. Mientras eso no cambie, la tensión va a continuar», advierte Rivero

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