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El chicle Tabay: el producto hecho con tabaiba canaria que nunca se vendió en Canarias

El ingeniero grancanario Augusto Hernández Rodríguez fue el artífice de los Chicles Tabay, que se fabricaban con látex de tabaiba dulce y que triunfaron en la Península gracias a su publicidad y al patrocinio de un equipo ciclista

Logotipo de la caja de chicles Tabay

Logotipo de la caja de chicles Tabay / E.D.

Santa Cruz de Tenerife

Hubo un tiempo en que Canarias tuvo su propio chicle, mucho antes de que el sintético inundara los quioscos. Se llamaba Chicles Tabay y estaba elaborado con látex de tabaiba dulce. Además, fue la primera fábrica de chicles con marca registrada en España. Sin embargo, pese a ser un producto de origen canario, nunca llegó a venderse en las Islas.

La historia de los chicles rescata un episodio poco conocido del patrimonio industrial del Archipiélago. Gran parte de los datos históricos que permiten reconstruir esta etapa proceden del estudio El chicle de látex de tabaiba dulce. Tabay, el chicle de las Islas Canarias, del investigador Fabián Hernández Romero, que documenta el origen, auge y desaparición de la marca.

De costumbre guanche a producto industrial

"Los antiguos guanches ya mascaban la salvia seca de la tabaiba dulce, como remedio bucodental y para limpiar los dientes", cuenta Hernández en su estudio. Este látex blanco, no tóxico, se utilizó durante siglos como pegamento y también en la medicina popular por sus propiedades salivatorias y fortalecedoras de las encías. Además, los aborígenes canarios le dieron otros usos, incluso en prácticas relacionadas con la pesca.

La planta crecía con abundancia en Gran Canaria, especialmente en el istmo de Guanarteme, La Isleta y el sureste de la isla. Décadas después, y ante el aumento de la demanda, también se extendería la extracción de la tabaiba dulce al sur de Tenerife.

El nacimiento de chicles Tabay

El gran artífice del salto industrial fue el ingeniero grancanario Augusto Hernández Rodríguez. El 17 de agosto de 1945 solicitó a la Oficina Española de Patentes la concesión de una patente para fabricar chicles utilizando como goma base el látex de tabaiba dulce. 

La idea pudo surgir tras ver películas estadounidenses en las que los protagonistas mascaban chicle, lo que despertó su curiosidad. De hecho, el propio Hernández viajó a Estados Unidos para comprobar la viabilidad del producto antes de lanzarse a producirlo en Canarias

Con la ayuda de trabajadores como Luis Fajardo Reyes y otros cocineros, comenzaron a transformar la savia en pequeñas pastillas mentoladas. La fábrica, situada entre las calles Castrillo y Ángel Guimerá, en Las Palmas de Gran Canaria, funcionaba de forma casi artesanal. Incluso adaptaron una máquina de coser para cortar la pasta. Después, cada porción se envolvía manualmente antes de pasar a la distribución. 

Los primeros Chicles Tabay salieron al mercado en mayo de 1946. Se vendían en paquetes de dos pastillas por una peseta, en plena posguerra, cuando las dificultades para importar productos estadounidenses abrían una oportunidad a iniciativas nacionales. 

La recolección del látex se realizaba mediante cortes en el tronco del arbusto, dejando que la savia emanara durante la noche para recogerla después ya coagulada. Esta actividad llegó a convertirse en una fuente de ingresos para muchas familias de Gran Canaria y, posteriormente, de Tenerife.

De Gran Canaria a Barcelona

La fábrica original cerró en 1948. Ese mismo año, la empresa catalana Chada S.A., con sede en Barcelona, adquirió los derechos de producción y trasladó la fabricación a la Península, llevándose incluso aparte de los trabajadores. Todo apunta a que en Canarias se realizaba la recolección y coagulación del látex, mientras que el corte, confitado y empaquetado se completaban en la Península. 

La marca vivió su auge bajo la gestión catalana. La publicidad fue intensa y llamativa. "En los momentos de emoción mastique un chicle Tabay", rezaba uno de los eslóganes. En páginas enteras de periódicos se describía el producto como un "delicioso sedante que le permitirá el placer de una tarde deportiva".

También se aseguraba que los chicles Tabay "producen una agradable sensación de bienestar, quitan la sed, refrescan y suavizan el paladar, perfuman el aliento y actúan como un sedante para los nervios; es además el enemigo mortal del tedio".

Un éxito fuera de las Islas: el equipo ciclista Chicles Tabay

Uno de los grandes impulsos llegó con el patrocinio del equipo ciclista Chicles Tabay (1946-1947). Ciclistas de renombre como Fermín Trueba, Delio Rodríguez y Julián Berrendero, que se habían quedado sin equipo tras la disolución de su escuadra, pasaron a vestir el maillot amarillo y verde inspirado en la cajita del producto.

En 1946 ganaron la Vuelta a Cataluña y la marca comenzó a aparecer en periódicos de todo el país. La demanda creció tanto que la empresa tuvo que pedir disculpas públicamente por no poder abastecer el mercado. A finales de ese mismo año, los chicles comenzaron a distribuirse en Madrid y Sevilla, con anuncios en el diario ABC. El chicle canario había conquistado la Península. 

El declive del chicle de tabaiba dulce

En 1949 la marca pasó a ser distribuida por Riera y Marsá, una empresa catalana del sector alimentario. A partir de ese momento, Tabay dejó de ser el producto estrella y comenzó su declive al perder presencia publicitaria y el patrocinio deportivo.

El golpe definitivo llegó en los años 50 con la aparición del chicle sintético, elaborado con acetato de polivinilo, un material plástico más barato y competitivo que terminó por desbancar al chicle tradicional de origen vegetal.

De forma paradógica, no se tiene constancia de que los famosos Chicles Tabay llegaran a venderse en Canarias. El producto nacido de una planta isleña, impulsado por un empresario grancanario y sostenido por la recolección local, triunfó en la península pero fue un desconocido en su propia tierra.

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