Una oportunidad para quedarse en Mauritania
Un proyecto canario buscar generar alternativas económicas en el Parque Nacional Banco de Arguina través del reciclaje

Dos pescadores de la comunidad imraguen. / E.D.
El plástico campa a sus anchas por el Parque Nacional Banco de Arguin, en Mauritania, un área marina protegida, que enfrenta problemas críticos de gestión de residuos y contaminación. No solo el reciclaje y la reutilización de los desechos es una práctica casi inexistente en la zona, sino que por acción de los vientos y las mareas a esta bahía recalan muchos plásticos que agravan todavía más la situación. Ahora, estos residuos pueden convertirse en un recurso para la población local. A través de ellos pueden generarse actividades económicas que sirvan para que, al menos algunos, decidan quedarse y no arriesgar sus vidas en la ruta migratoria más peligrosa que existe tratando de llegar al continente, pasando primero por Canarias.
Esto es lo que pretende el proyecto del Centro Tecnológico de Ciencias Marinas –financiado por la convocatoria de Cooperación al Desarrollo Internacional del Gobierno de Canarias– que busca no solo dotar de herramientas a la población local para generar oportunidades socioeconómicas, sino también cuidar el medio ambiente de una zona que es Patrimonio Mundial de la Humanidad. «La idea es que, después de participar, la población y sobre todo los más jóvenes, consigan diversificar sus actividades y logren emprender», explica Patricia Solinis, coordinadora del área internacional del centro. Un proyecto que entiende que es solo «una gota de agua en el desierto» para tratar de frenar la crisis migratoria que sacude a Canarias desde hace más de un año, pero por el que «si solo una persona decide quedarse ya habrá valido la pena».
Solinis, que vivió durante seis años en este punto del mundo, señala que si se quiere reducir la migración lo primero que hay que hacer es apoyar a los países emisores «para que los jóvenes logren trabajo y se desarrollen allí, porque venir, no quiere venir ninguno, si lo hacen es porque no les queda otro remedio». Por eso, el proyecto busca darle la vuelta a la situación y convertir algo negativo, la presencia de plásticos marinos y contaminación, en una oportunidad para ellos.
La comunidad imraguen, que vive en la zona, es un pueblo de pescadores y son los únicos que en Mauritania se dedican a la pesca artesanal. En la actualidad son unos 3.000 y viven diseminados en un puñado de asentamientos. Su origen hay que buscarlo en tribus nómadas de pastores de camellos y comerciantes del desierto, que encontraron en la navegación en barcos de vela latina una forma de explotar la riqueza de los recursos pesqueros de este entorno Una actividad que aprendieron de pescadores canarios, que frecuentaban la zona e incluso se trasladaron allí a vivir cuando el Sáhara Occidental todavía estaba bajo dominio español.
En la actualidad, la navegación a motor está prohibida en el Banco de Arguin para tratar de preservar su valioso ecosistema, que se ve ahora amenazado por la contaminación. El proyecto de cooperación –que se lleva a cabo en colaboración con la Alianza Regional para la Conservación de la Zona Costera y Marina– pretende concienciar y capacitar a los habitantes locales en técnicas de reciclaje y valorización de los residuos.
En primer lugar, se realizará un diagnóstico para conocer el grado de contaminación plástica en el parque nacional, con campañas de recogida y caracterización de residuos para poder identificar su origen y aportar soluciones específicas. Después se trabajará en la gestión y valorización a través de talleres y formación para los jóvenes. Finalmente, se implementarán acciones de sensibilización para concienciar sobre los impactos de la contaminación y cómo incide, no solo en el medio, sino también en su modo de vida tradicional.
Para tratar que el proyecto pueda seguir caminando una vez finalice esta etapa inicial se contará con las autoridades locales, empresas, asociaciones y la propia comunidad con el fin de abordar el problema a largo plazo.
La presencia de residuos plásticos no solo degrada el ecosistema, sino que también afecta a la actividad económica principal de la comunidad. La contaminación reduce la producción de los caladeros mauritanos, unos de los mayores del mundo, donde no solo faenan barcos del propio país sino también embarcaciones de otras nacionalidades. Asimismo, la existencia de residuos en sus parajes naturales también es un efecto negativo para el desarrollo del turismo en la zona, otra de las posibilidades para diversificar el modelo económico mauritano. Con lo que una acción como esta pretende trabajar así en varios frentes.
Este no es el primer proyecto que el Centro Tecnológico de Ciencias Marinas desarrolla en esta entre las ciudades de Nuakchot y Nuadibú. Recientemente ha finalizado otro que ha estado centrado en reforzar las capacidades de las mujeres implicadas en el sector de la pesca artesanal, favoreciendo su desarrollo socioeconómico y promoviendo el crecimiento del empleo entre la población femenina. «Las mujeres juegan un papel importante en el sector, pero no tienen el apoyo suficiente», explica Solinis. Aunque representan alrededor del 30% del personal que se dedica a labores vinculadas a la actividad, su acceso a los recursos y sus condiciones laborales son limitadas. Algo que dificulta que puedan contribuir en la economía familiar.
Por eso, a través de esta iniciativa se trabajó directamente con las cooperativas locales y con las mujeres que se dedican a transformar los productos que se obtienen del mar, optimizando la comercialización y garantizando una distribución justa de los beneficios.
Con acento canario
Los barcos que utiliza la comunidad imraguen les unen de una manera muy fuerte con Canarias, ya que las tamunant como se conoce a estas embarcaciones, son el legado de la presencia de trabajadores isleños en la zona, en su mayoría procedentes de Lanzarote. Fueron los canarios quienes les enseñaron a faenar y por eso en su lenguaje marinero todavía persiste la huella de sus maestros. Los pescadores imraguen usan expresiones como «macho arriba», «macho abajo» o «faluga» que procede del término falúa. La comunidad usa palabras canarias y conocen nuestros productos. Por eso, el gofio o las chocolatinas Tirma aún persisten en su memoria. Un vínculo que comenzó a quebrarse tras la retirada de España del Sáhara Occidental y que pervive a través de sus barcas, ya que muchas son las que se usaban entonces. |
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Fuente: La Provincia - Diario de Las Palmas
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