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Sector automovilístico

La crisis de componentes y la falta de portacoches atasca la llegada de vehículos a los concesionarios

A la reducción de unidades fabricadas por la escasez de piezas se suma la reducción de transportistas y camiones que provoca retrasos de incluso varios meses para los puntos de venta

Portacoches con varios vehículos cargados, en una imagen de archivo. Ricardo Grobas

Llegar al concesionario para comprar un coche, pedir el tiempo estimado de entrega y que este sea de meses o, incluso peor, que no sepas ni siquiera cuando puede llegar. Esa es la realidad que cada vez con más frecuencia está pasando en los concesionarios nacionales y valencianos. Da igual, en muchos casos, la marca. La realidad es que los plazos se están alargando, un fenómeno que lleva sucediendo desde hace meses que ahora se ha agravado. Pero, ¿por qué?

El primer motivo enraíza en la propia crisis de componentes que viven los fabricantes. Las tensiones en las cadenas de suministros han provocado que haya menos de esos elementos indispensables -como los semiconductores- para producir vehículos. Y si hay menos a disposición, el ritmo de coches producidos se resiente. Los ERTE en plantas como la de Seat en Martorell o la de Ford en Almussafes, vividos este año y que seguirán en 2023, han sido la mejor prueba de que la escasez productiva sigue siendo una realidad. Y, si se tienen menos coches para poder distribuir, la llegada de los mismos a los puntos de venta se retrasa.

"Los concesionarios están teniendo problemas para que les lleguen los coches desde las campas de los fabricantes o desde los propios puertos", explica a este diario Raúl Morales, director de Comunicación de la patronal de los concesionarios, Faconauto, que insiste en que "como no hay tanta producción, la llegada está siendo más caótica". Sin embargo, en esa ya de por sí difícil situación, otro problema con aún más afectación se ha abierto paso: no hay suficientes transportistas "para gestionar esa llegada de los coches a los concesionarios".

En síntesis, un turbulento camino para los vehículos que primero sufren la dificultad de juntar todos los componentes necesarios y, cuando por fin la unidad ya está completa, la falta de portavehículos evita que llegue a su destino, los concesionarios, quedándose muchas veces amontonados. El colapso de la campa de Stellantis en Figueruelas (Zaragoza) la pasada semana, dada a conocer por El Periódico de Aragón (de Prensa Ibérica como Levante-EMV), es significativa de ello.

La campa de coches de Stellantis en Figueruelas, llena. ÁNGEL DE CASTRO

Menos conductores y camiones

La situación la corroboran desde este sector de la movilidad. Como explica José Manuel Peña Mascuñán, presidente Transportave (asociación ligada a las pequeñas empresas y autónomos de este subsector del transporte), faltan tanto conductores como camiones. "Han desaparecido en torno a un 25 % de los que estaban haciendo este servicio en 2019. Antes había unos 3.400 y ahora debemos estar en los 2.600", enfatiza. Las razones se deben al "deterioro que con los años ha sufrido, porque está muy mal pagado en comparación con otros tipos de transporte" y, también, a una gran falta de trabajo que comenzó con la pandemia y que ha provocado que muchos de estos transportistas "cambien de subsector y dejen de portar vehículos".

Con esta situación, si se suma que en este periodo final del año algunas fábricas han recibido más componentes que les han permitido acabar sus unidades, la traslación que se ha dado ha sido la de tener que almacenar en mayor proporción los vehículos allá donde pueden al no poder llevarlos a los concesionarios.

"Hay falta de transportes, eso es así", destaca a este diario el gerente de Volvo Auto Sweden, Saturnino Peña, quien afirma que esta circunstancia está alargando "entre quince días y un mes la entrega de vehículos" a los clientes. En otros casos este y otros problemas está generando que los plazos sean todavía más largos. "Tenemos retrasos de un mes y medio. Por ejemplo, hay coches que tenían que entregarse en octubre llevan un mes y medio de retraso", perfila Juan de Angulo, jefe de ventas de Mitsubishi Levante. Y estos alargues temporales también los reconocen desde JR Valle (concesionario oficial de Seat, Skoda y Cupra en Valencia).

Varios portacoches, en una imagen de archivo. Javier Belver

Soluciones para que no se agrave la situación

Por ello, tanto de Angulo como Peña reconocen que bien sea de forma puntual o desde la propia marca, se están buscando "soluciones" en forma de transporte alternativos para evitar que la situación se agrave todavía más. No en vano, el final no parece que vaya a llegar pronto. Como apunta Manuel Palma, presidente de Automóviles Palma (con varios concesionarios situados en la provincia de Valencia), ahora mismo "no te puedo decir cuánto tarda un coche porque a veces pueden ser hasta seis meses" y, de cara al futuro, "las previsiones de los fabricantes es que en el primer semestre de 2023 vamos a tener problemas aún en la llegada de vehículos".

Lo que sí esta claro, cree Peña, es que en ese horizonte "los plazos de entrega van a ser más largos y tendremos que acostumbrarnos a tener coches a seis u ocho meses vista. Y cuanto más sofisticados sean, pues se alargará más".

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