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Los canarios entran en ‘modo crisis’ y limitan el consumo de carne y pescado

La compra de productos de alimentación se contrajo un 7,2% el año pasado en todo el país | Las familias van con más frecuencia al ‘súper’ pero gastan menos en cada visita

Una clienta frente al mostrador de una carnicería. MARIA PISACA

Las familias canarias han entrado en 'modo crisis' y cada vez tienen mayor cuidado con lo que acaba en el cesta de la compra. La subida de los precios hace que sea más difícil llegar a fin de mes y los hogares están modificando sus hábitos de consumo para tratar de cuadrar su presupuesto mensual. Para ello, restringen el gasto en el supermercado, sobre todo en aquellos productos más caros como la carne, el pescado o el aceite. Así lo indica el último Informe del Consumo Alimentario –elaborado por el Ministerio que dirige Luis Planas– que evidencia que ya desde el año pasado –cuando la inflación comenzó a traer de cabeza a los españoles por la escalada del precio de la electricidad– las familias trataron de ajustarse el cinturón y contrajeron un 7,2% el consumo de alimentos y bebidas. 

La situación es análoga en el Archipiélago, donde si se analizan los datos de 2021 frente a los de 2020 puede verse como el consumo per cápita ha descendido de forma casi generalizada en la mayoría de los productos que se adquieren en los establecimientos de alimentación. No solo la carne ha bajado un 6% sino que la caída se nota también en el consumo de pescado fresco, que se reduce un 8,2% en las Islas. Significativa es también la caída en el aceite, de casi un 15% respecto al año anterior, siendo este uno de los productos que más incrementó su precio el año pasado, hasta un 24%. En Canarias se recorta además el consumo de cerveza, un 15,8% y los canarios restringieron también las bebidas espiritosas (-30%), las frutas frescas, casi un 3% y también la leche, los huevos o el pan. 

Por el contrario, el arroz o la bollería industrial son dos de los escasos productos que vieron incrementadas sus ventas el año pasado, según este estudio del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.

Sin embargo, el informe también aclara que a pesar de que el volumen de alimentos y bebidas consumidos por las familias españolas fue menor en 2021 que en 2022, la facturación no se redujo en igual medida, precisamente por el alza del precio de los productos de alimentación. Frente al 7,2% de reducción del consumo, la recaudación solo descendió el 1,2%. 

El cambio en los hábitos de consumo de los hogares comenzó en 2021 pero sin duda se verá acentuado este año ya que el problema de la inflación, lejos de apaciguarse, no ha hecho otra cosa que aumentar sobre todo tras el estallido de la guerra en Ucrania. Desde el inicio del pasado ejercicio, el coste de la luz y los carburantes comenzó a traer de cabeza a las familias y empresas españolas. Un encarecimiento de la energía que provocó un aumento de los costes no solo entre los agricultores y ganaderos que producen la carne, los huevos o las frutas y hortalizas, sino también entre las empresas que los transportan y transforman, así como en los puntos de venta. Unos sobrecostes que poco a poco fueron repercutiendo en el precio final. 

En agosto del año pasado, la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) comenzó a alertar de que el alza de la electricidad y los combustibles empezaba a notarse no solo en el importe de las facturas sino también en el coste de muchos productos habituales en la cesta de la compra. La subida de precios comenzaba a llegar a los súper. 

El Índice de Precios de Consumo (IPC) cerró el año en Canarias con una subida del 5,5%. En el 4,1% si solo se tiene en cuenta el alza de los productos incluidos en la categoría de alimentación y bebidas. Un incremento que fue suficiente para que los consumidores del Archipiélago restringieran su consumo. 

El último dato del IPC para este año, del pasado mes de junio, evidencia que de forma generalizada los precios se encarecieron un 8,5% en el Archipiélago. Pero si se tiene en cuenta la inflación de los alimentos y bebidas los precios han subido un 13,3% en solo un año. Unos porcentajes que hacen prever que el consumo de los canarios continuará modificándose también a lo largo de este año por la escalada inflacionista. 

Ya son muchas las familias que reconocen tener dificultades para poder adquirir carne o pescado fresco todas las semanas, pero también frutas y verduras, mientras apuran el consumo de arroz y pasta y recorren los supermercados a la caza de las ofertas. Se extienden así las triquiñuelas de los consumidores para capear los efectos de la inflación, mientras en los supermercados son habituales las quejas por el alza de los precios. 

Cambio de hábitos

Estos establecimientos reconocen que empiezan a notar ya cambios en los hábitos de compra de sus clientes. Así lo asegura la Asociación Española de Distribuidores, Autoservicios y Supermercados (Asedas) que en uno de sus últimos informes ha podido constatar como los consumidores van con más frecuencia a hacer la compra, pero en cada visita al establecimiento gastan un poco menos que antes. Mientras de media en 2021 los clientes pisaban el establecimiento cada 6,7 días, este año la frecuencia baja a los 6,6 y gastan en cada visita unos tres euros menos. Un tipo de comportamiento que es habitual para tratar de contener y controlar el gasto y que las cadenas de distribución notan en momentos de inflación como el que se está produciendo actualmente. 

Según una encuesta realizada por la OCU hasta un 62% de los consumidores reconoce haber cambiado de hábitos para tratar de adaptar su renta a la inflación. Cuatro de cada diez ha comenzado a comprar productos de marcas más baratas, un 33% ha dejado de adquirir productos no esenciales, un 21% reconoce comprar menos carne y pescado y uno de cada diez dice haber incrementado el consumo de productos no perecederos como los enlatados. 

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